jueves, 22 de abril de 2010

BIOGRAFIA DE GALILEO GALILEI

Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Lo poco que, a través de algunas cartas, se conoce de su madre, Giulia Ammannati di Pescia, no compone de ella una figura demasiado halagüeña. Su padre, Vincenzo Galilei, era florentino y procedía de una familia que tiempo atrás había sido ilustre; músico de vocación, las dificultades económicas lo habían obligado a dedicarse al comercio, profesión que lo llevó a instalarse en Pisa. Hombre de amplia cultura humanista, fue un intérprete consumado y un compositor y teórico de la música, cuyas obras sobre el tema gozaron de una cierta fama en la época. De él hubo de heredar Galileo no sólo el gusto por la música (tocaba el laúd), sino también el carácter independiente y el espíritu combativo, y hasta puede que el desprecio por la confianza ciega en la autoridad y el gusto por Galileo, conocedor de que no poseía la prueba que Bellarmino reclamaba, por más que sus descubrimientos astronómicos no le dejaran lugar a dudas sobre la verdad del copernicanismo, se refugió durante unos años en Florencia en el cálculo de unas tablas de los movimientos de los satélites de Júpiter, con el objeto de establecer un nuevo método para el cálculo de las longitudes en alta mar, método que trató en vano de vender al gobierno español y al holandés.
En 1618 se vio envuelto en una nueva polémica con otro jesuita, Orazio Grassi, a propósito de la naturaleza de los cometas, que dio como resultado un texto, Il Saggiatore (1623), rico en reflexiones acerca de la naturaleza de la ciencia y el método científico, que contiene su famosa idea de que «el Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático». La obra, editada por la Accademia dei Lincei, venía dedicada por ésta al nuevo papa Urbano VIII, es decir, el cardenal Maffeo Barberini, cuya elección como pontífice llenó de júbilo al mundo culto en general y, en particular, a Galileo, a quien el cardenal había ya mostrado su afecto.
La nueva situación animó a Galileo a redactar la gran obra de exposición de la cosmología copernicana que ya había anunciado en 1610: el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano; en ella, los puntos de vista aristotélicos defendidos por Simplicio se confrontaban con los de la nueva astronomía abogados por Salviati, en forma de diálogo moderado por la bona mens de Sagredo. Aunque la obra fracasó en su intento de estar a la altura de las exigencias expresadas por Bellarmino, ya que aportaba, como prueba del movimiento de la Tierra, una explicación falsa de las mareas, la inferioridad de Simplicio ante Salviati era tan manifiesta que el Santo Oficio no dudó en abrirle un proceso a Galileo, pese a que éste había conseguido un imprimatur para publicar el libro en 1632. Iniciado el 12 de abril de 1633, el proceso terminó con la condena a prisión perpetua, pese a la renuncia de Galileo a defenderse y a su retractación formal. La pena fue suavizada al permitírsele que la cumpliera en su quinta de Arcetri, cercana al convento donde en 1616 y con el nombre de sor Maria Celeste había ingresado su hija más querida, Virginia, que falleció en 1634.
En su retiro, donde a la aflicción moral se sumaron las del artritismo y la ceguera, Galileo consiguió completar la última y más importante de sus obras: los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nueve scienze, publicado en Leiden por Luis Elzevir en 1638. En ella, partiendo de la discusión sobre la estructura y la resistencia de los materiales, Galileo sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento, que le permitió demostrar las leyes de caída de los graves en el vacío y elaborar una teoría completa del disparo de proyectiles. La obra estaba destinada a convertirse en la piedra angular de la ciencia de la mecánica construida por los científicos de la siguiente generación, con Newton a la cabeza.
En la madrugada del 8 al 9 de enero de 1642, Galileo falleció en Arcetri confortado por dos de sus discípulos, Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli, a los cuales se les había permitido convivir con él los últimos años.combinar la teoría con la práctica. Galileo fue el primogénito de siete hermanos de los que tres (Virginia, Michelangelo y Livia) hubieron de contribuir, con el tiempo, a incrementar sus problemas económicos. En 1574 la familia se trasladó a Florencia y Galileo fue enviado un tiempo al monasterio de Santa Maria di Vallombrosa, como alumno o quizá como novicio.
Juventud académica
En 1581 Galileo ingresó en la Universidad de Pisa, donde se matriculó como estudiante de medicina por voluntad de su padre. Cuatro años más tarde, sin embargo, abandonó la universidad sin haber obtenido ningún título, aunque con un buen conocimiento de Aristóteles. Entretanto, se había producido un hecho determinante en su vida: su iniciación en las matemáticas, al margen de sus estudios universitarios, y la consiguiente pérdida de interés por su carrera como médico. De vuelta en Florencia en 1585, Galileo pasó unos años dedicado al estudio de las matemáticas, aunque interesado también por la filosofía y la literatura (en la que mostraba sus preferencias por Ariosto frente a Tasso); de esa época data su primer trabajo sobre el baricentro de los cuerpos -que luego recuperaría, en 1638, como apéndice de la que habría de ser su obra científica principal- y la invención de una balanza hidrostática para la determinación de pesos específicos, dos contribuciones situad
as en la línea de Arquímedes, a quien Galileo no dudaría en calificar de «sobrehumano»
Galileo Galilei (Retrato de Domenico Crespi)
Tras dar algunas clases particulares de matemáticas en Florencia y en Siena, trató de obtener un empleo regular en las universidades de Bolonia, Padua y en la propia Florencia. En 1589 consiguió por fin una plaza en el Estudio de Pisa, donde su descontento por el paupérrimo sueldo percibido no pudo menos que ponerse de manifiesto en un poema satírico contra la vestimenta académica. En Pisa compuso Galileo un texto sobre el movimiento, que mantuvo inédito, en el cual, dentro aún del marco de la mecánica medieval, criticó las explicaciones aristotélicas de la caída de los cuerpos y del movimiento de los proyectiles; en continuidad con esa crítica, una cierta tradición historiográfica ha forjado la anécdota (hoy generalmente considerada como inverosímil) de Galileo refutando materialmente a Aristóteles mediante el procedimiento de lanzar distintos pesos desde lo alto del Campanile, ante las miradas contrariadas de los peripatéticos...
En 1591 la muerte de su padre significó para Galileo la obligación de responsabilizarse de su familia y atender a la dote de su hermana Virginia. Comenzaron así una serie de dificultades económicas que no harían más que agravarse en los años siguientes; en 1601 hubo de proveer a la dote de su hermana Livia sin la colaboración de su hermano Michelangelo, quien había marchado a Polonia con dinero que Galileo le había prestado y que nunca le devolvió (por el contrario, se estableció más tarde en Alemania, gracias de nuevo a la ayuda de su hermano, y envió luego a vivir con él a toda su familia).
La necesidad de dinero en esa época se vio aumentada por el nacimiento de los tres hijos del propio Galileo: Virginia (1600), Livia (1601) y Vincenzo (1606), habidos de su unión con Marina Gamba, que duró de 1599 a 1610 y con quien no llegó a casarse. Todo ello hizo insuficiente la pequeña mejora conseguida por Galileo en su remuneración al ser elegido, en 1592, para la cátedra de matemáticas de la Universidad de Padua por las autoridades venecianas que la regentaban. Hubo de recurrir a las clases particulares, a los anticipos e, incluso, a los préstamos. Pese a todo, la estancia de Galileo en Padua, que se prolongó hasta 1610, constituyó el período más creativo, intenso y hasta feliz de su vida.
En Padua tuvo ocasión Galileo de ocuparse de cuestiones técnicas como la arquitectura militar, la castrametación, la topografía y otros temas afines de los que trató en sus clases particulares. De entonces datan también diversas invenciones, como la de una máquina para elevar agua, un termoscopio y un procedimiento mecánico de cálculo que expuso en su primera obra impresa: Le operazioni del compasso geometrico e militare, 1606. Diseñado en un principio para resolver un problema práctico de artillería, el instrumento no tardó en ser perfeccionado por Galileo, que amplió su uso en la solución de muchos otros problemas. La utilidad del dispositivo, en un momento en que no se habían introducido todavía los logaritmos, le permitió obtener algunos ingresos mediante su fabricación y comercialización.
En 1602 Galileo reemprendió sus estudios sobre el movimiento, ocupándose del isocronismo del péndulo y del desplazamiento a lo largo de un plano inclinado, con el objeto de establecer cuál era la ley de caída de los graves. Fue entonces, y hasta 1609, cuando desarrolló las ideas que treinta años más tarde, constituirían el núcleo de sus Discorsi.
El mensaje de los astros
En julio de 1609, de visita en Venecia (para solicitar un aumento de sueldo), Galileo tuvo noticia de un nuevo instrumento óptico que un holandés había presentado al príncipe Mauricio de Nassau; se trataba del anteojo, cuya importancia práctica captó Galileo inmediatamente, dedicando sus esfuerzos a mejorarlo hasta hacer de él un verdadero telescopio. Aunque declaró haber conseguido perfeccionar el aparato merced a consideraciones teóricas sobre los principios ópticos que eran su fundamento, lo más probable es que lo hiciera mediante sucesivas tentativas prácticas que, a lo sumo, se apoyaron en algunos razonamientos muy sumarios.

Galileo ante el Santo Oficio (Óleo de Robert-Fleury)
Sea como fuere, su mérito innegable residió en que fue el primero que acertó en extraer del aparato un provecho científico decisivo. En efecto, entre diciembre de 1609 y enero de 1610 Galileo realizó con su telescopio las primeras observaciones de la Luna, interpretando lo que veía como prueba de la existencia en nuestro satélite de montañas y cráteres que demostraban su comunidad de naturaleza con la Tierra; las tesis aristotélicas tradicionales acerca de la perfección del mundo celeste, que exigían la completa esfericidad de los astros, quedaban puestas en entredicho. El descubrimiento de cuatro satélites de Júpiter contradecía, por su parte, el principio de que la Tierra tuviera que ser el centro de todos los movimientos que se produjeran en el cielo. En cuanto al hecho de que Venus presentara fases semejantes a las lunares, que Galileo observó a finales de 1610, le pareció que aportaba una confirmación empírica al sistema heliocéntrico de Copérnico, ya que éste, y no el de Tolomeo, estaba en condiciones de proporcionar una explicación para el fenómeno.
Ansioso de dar a conocer sus descubrimientos, Galileo redactó a toda prisa un breve texto que se publicó en marzo de 1610 y que no tardó en hacerle famoso en toda Europa: el Sidereus Nuncius, el 'mensajero sideral' o 'mensajero de los astros', aunque el título permite también la traducción de 'mensaje', que es el sentido que Galileo, años más tarde, dijo haber tenido en mente cuando se le criticó la arrogancia de atribuirse la condición de embajador celestial.
El libro estaba dedicado al gran duque de Toscana Cósimo II de Médicis y, en su honor los satélites de Júpiter recibían allí el nombre de «planetas Medíceos». Con ello se aseguró Galileo su nombramiento como matemático y filósofo de la corte toscana y la posibilidad de regresar a Florencia, por la que venía luchando desde hacía ya varios años. El empleo incluía una cátedra honoraria en Pisa, sin obligaciones docentes, con lo que se cumplía una esperanza largamente abrigada y que le hizo preferir un monarca absoluto a una república como la veneciana, ya que, como él mismo escribió, «es imposible obtener ningún pago de una república, por espléndida y generosa que pueda ser, que no comporte alguna obligación; ya que, para conseguir algo de lo público, hay que satisfacer al público».
La batalla del copernicanismo
El 1611 un jesuita alemán, Christof Scheiner, había observado las manchas solares publicando bajo seudónimo un libro acerca de las mismas. Por las mismas fechas Galileo, que ya las había observado con anterioridad, las hizo ver a diversos personajes durante su estancia en Roma, con ocasión de un viaje que se calificó de triunfal y que sirvió, entre otras cosas, para que Federico Cesi le hiciera miembro de la Accademia dei Lincei que él mismo había fundado en 1603 y que fue la primera sociedad científica de una importancia perdurable.
Bajo sus auspicios se publicó en 1613 la Istoria e dimostrazione interno alle macchie solari, donde Galileo salía al paso de la interpretación de Scheiner, quien pretendía que las manchas eran un fenómeno extrasolar («estrellas» próximas al Sol, que se interponían entre éste y la Tierra). El texto desencadenó una polémica acerca de la prioridad en el descubrimiento, que se prolongó durante años e hizo del jesuita uno de los más encarnizados enemigos de Galileo, lo cual no dejó de tener consecuencias en el proceso que había de seguirle la Inquisición. Por lo demás, fue allí donde, por primera y única vez, Galileo dio a la imprenta una prueba inequívoca de su adhesión a la astronomía copernicana, que ya había comunicado en una carta a Kepler en 1597.
Ante los ataques de sus adversarios académicos y las primeras muestras de que sus opiniones podían tener consecuencias conflictivas con la autoridad eclesiástica, la postura adoptada por Galileo fue la de defender (en una carta dirigida a mediados de 1615 a Cristina de Lorena) que, aun admitiendo que no podía existir contradicción ninguna entre las Sagradas Escrituras y la ciencia, era preciso establecer la absoluta independencia entre la fe católica y los hechos científicos. Ahora bien, como hizo notar el cardenal Bellarmino, no podía decirse que se dispusiera de una prueba científica concluyente en favor del movimiento de la Tierra, el cual, por otra parte, estaba en contradicción con las enseñanzas bíblicas; en consecuencia, no cabía sino entender el sistema copernicano como hipotético. En este sentido, el Santo Oficio condenó el 23 de febrero de 1616 al sistema copernicano como «falso y opuesto a las Sagradas Escrituras», y Galileo recibió la admonición de no enseñar públicamente las teorías de Copérnico.
Galileo, conocedor de que no poseía la prueba que Bellarmino reclamaba, por más que sus descubrimientos astronómicos no le dejaran lugar a dudas sobre la verdad del copernicanismo, se refugió durante unos años en Florencia en el cálculo de unas tablas de los movimientos de los satélites de Júpiter, con el objeto de establecer un nuevo método para el cálculo de las longitudes en alta mar, método que trató en vano de vender al gobierno español y al holandés.
En 1618 se vio envuelto en una nueva polémica con otro jesuita, Orazio Grassi, a propósito de la naturaleza de los cometas, que dio como resultado un texto, Il Saggiatore (1623), rico en reflexiones acerca de la naturaleza de la ciencia y el método científico, que contiene su famosa idea de que «el Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático». La obra, editada por la Accademia dei Lincei, venía dedicada por ésta al nuevo papa Urbano VIII, es decir, el cardenal Maffeo Barberini, cuya elección como pontífice llenó de júbilo al mundo culto en general y, en particular, a Galileo, a quien el cardenal había ya mostrado su afecto.
La nueva situación animó a Galileo a redactar la gran obra de exposición de la cosmología copernicana que ya había anunciado en 1610: el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano; en ella, los puntos de vista aristotélicos defendidos por Simplicio se confrontaban con los de la nueva astronomía abogados por Salviati, en forma de diálogo moderado por la bona mens de Sagredo. Aunque la obra fracasó en su intento de estar a la altura de las de la Tierra, una explicación falsa de las mareas, la inferioridad de Simplicio ante Salviati era tan manifiesta que el Santo Oficio no dudó en abrirle un proceso a Galileo, pese a que éste había conseguido un imprimatur para publicar el libro en 1632. Iniciado el 12 de abril de 1633, el prisión perpetua, pese a laexigencias expresadas por Bellarmino, ya que aportaba, como prueba del movimiento renuncia de Galileo a defenderse y a su retractación formal. La pena fue proceso terminó con la condena a suavizada al permitírsele que la cumpliera en su quinta de Arcetri, cercana al convento donde en 1616 y con el nombre de sor Maria Celeste había ingresado su hija más querida, Virginia, que falleció en 1634.
En su retiro, donde a la aflicción moral se sumaron las del artritismo y la ceguera, Galileo consiguió completar la última y más importante de sus obras: los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nueve scienze, publicado en Leiden por Luis Elzevir en 1638. En ella, partiendo de la discusión sobre la estructura y la resistencia de los materiales, Galileo sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento, que le permitió demostrar las leyes de caída de los graves en el vacío y elaborar una teoría completa del disparo de proyectiles. La obra estaba destinada a convertirse en la piedra angular de la ciencia de la mecánica construida por los científicos de la siguiente generación, con Newton a la cabeza.
En la madrugada del 8 al 9 de enero de 1642, Galileo falleció en Arcetri confortado por dos de sus discípulos, Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli, a los cuales se les había permitido convivir con él los últimos años.
SU OBRA
El astrónomo y físico italiano Galileo Galilei desempeñó un papel fundamental en el movimiento intelectual que transformó la imagen medieval del universo y sentó las bases de la concepción de la naturaleza propia de la ciencia moderna. Sus teorías -cuyo carácter polémico para la época provocó la condena de la Iglesia católica- rebatieron las nociones heredadas del aristotelismo y de la escolástica cristiana.
Física
Galileo realizó notables aportaciones científicas en el campo de la física, que pusieron en entredicho teorías consideradas verdaderas durante siglos. Así, por ejemplo, demostró la falsedad del postulado aristotélico que afirmaba que la aceleración de la caída de los cuerpos -en caída libre- era proporcional a su peso, y conjeturó que, en el vacío, todos los cuerpos caerían con igual velocidad. Para ello hizo deslizar esferas cuesta abajo por la superficie lisa de planos inclinados con distinto ángulo de inclinación (y no fue con el lanzamiento de cuerpos de distinto peso, desde la torre inclinada de Pisa, como se había creído durante mucho tiempo).
Entre otros hallazgos notables figuran las leyes del movimiento pendular (sobre el cual comenzó a pensar, según la conocida anécdota, mientras observaba una lámpara que oscilaba en la catedral de Pisa), y las leyes del movimiento acelerado.
La obra que le hizo merecedor del título de Padre de la Física Matemática fue el Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno a due nuove scienze attinenti la meccanica (Discursos y demostraciones en torno a dos nuevas ciencias relacionadas con la mecánica), escrita con la ayuda de su discípulo Torricelli, donde describe los resultados de sus investigaciones sobre mecánica. Esta obra sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento, y se convirtió en la base de la ciencia de la mecánica, edificada por científicos posteriores, como Isaac Newton. Galileo creó dos nuevas ciencias conocidas en la actualidad como Dinámica y Resistencia de materiales.
Astronomía
Sus aportaciones en el terreno de la astronomía y el estudio del universo no fueron menos importantes. A principios del siglo XVII, perfeccionó el catalejo, un instrumento óptico de reciente invención, para obtener un telescopio de sesenta aumentos.
cielo y llegó a conclusiones que revolucionaron
Con la ayuda de dicho aparato, Galileo exploró el profundamente la manera de entender el orden del universo. En contra de la creencia general, demostró que la superficie de la Luna no era cristalina, sino que estaba cubierta de cráteres y montañas, con lo que refutó la idea aristotélica de la absoluta perfección de los astros. De la misma manera, descubrió las manchas solares, con lo que pudo determinar el período de rotación del Sol y la dirección de su eje. Galileo descubrió, asimismo, los cuatro satélites mayores de Júpiter y demostró que no todos los astros giraban alrededor de la Tierra. Esta constatación de las teorías copernicanas, contraria a la cosmología de Tolomeo vigente hasta entonces, le valió la condena de las autoridades eclesiásticas, pero desempeñó un papel fundamental para edificar la moderna visión del universo.
Metodología científica
Puede considerarse a Galileo como el fundador de la astronomía moderna, y más en general, como el introductor del método experimental en la investigación científica. Además de sus extraordinarios resultados como físico y astrónomo, la importancia de Galileo está precisamente en haber creado una mentalidad científica nueva, cuyas bases son aún las nuestras. Por estos motivos, puede considerarse a Galileo como el fundador de la ciencia moderna, basada en la observación de los hechos, la realización de experimentos y la formulación de teorías explicatorias. En la historia de la cultura, Galileo se ha convertido en el símbolo de la lucha contra la autoridad y de la libertad en la investigación

domingo, 4 de abril de 2010

EL SERMON DE LA MONTAÑA

Cuando son impuestas las virtudes no tienen la fuerza para resistir a la presión de los instintos inferiores. Solo la conciencia espiritual emancipada por su propio auto evangelización está en condiciones de vencer en la tremenda batalla moral entre el hombre-espíritu y el hombre animal En cualquier circunstancia de la vida la “prohibición” estimula el deseo y tienta al espíritu a cometer su infracción, pues el hombre prefiere lo que le da placer o ventajas inmediatas y se desinteresa por cualquier beneficio o promesas futuras que le parecen utópicas.
discípulos de Jesús y los que lo seguían se refugiaban en murallas de los conventos o de las iglesias, iban al encuentro del mundo, enfrentando a pecho abierto, grandes luchas, riesgos e impedimentos de toda especie.
Difundidas las primeras claridades de la Buena Nueva, todos los enfermos y derrotados de la suerte, habitantes de Corazin Magdala, y de otras ciudades, llenaban las calles de Cafarnaun en turbas ansiosas.
Los discípulos eran contemplados por la multitud, debido al contacto permanente en que vivían con su Maestro. De vez en cuando, Felipe era abordado, en su camino, por algún enfermo; Pedro tenía la casa rodeada de criaturas desalentadas y tristes. Todos querían el auxilio de Jesús, el beneficio inmediato de su poderosa virtud.
Jesús era requerido por los que sufrían, El les había dicho que su amor venia a buscar a todos los que se encontrasen con tristezas y angustias en el corazón. Jesús restauraba sus energías. Ellos jubilosos aguardaban sus promesas relativas al Padre Bueno y Justo que amaba a sus hijos más infelices, renovando en sus corazones las esperanzas más puras. Se encontraban exhaustos; pero la lección de Jesús les traía nuevo consuelo a sus almas desamparadas de cualquier confort material. Querían ser de Dios, vibrar con la exaltación de las promesas de Cristo, pero, la palabra de Levi nuevamente los arrojaba a condición desdichada.

El Evangelio es la Buena Nueva, es el divino mensaje para los tristes y desheredados.
Centenares de criaturas se aglomeraban para poder escuchar la palabra del Señor, dentro de un paisaje que se adornaba de los singulares brillos de todo el horizonte, pincelado de luz. Eran ancianos temblorosos labradores simples y generosos, mujeres del pueblo junto a sus pequeños.
Entre los más fuertes y sanos, se observaban ciegos y niños enfermos, hombres andrajosos, exhibiendo seres vermiformes que les corroían las manos y pies.

Todos se apretaban sofocados. Ante sus felices miradas, la figura del Maestro surgió en la cima decorada de verdor, por donde pasaban suavemente los vientos amigos de la tarde.

El dejo notar que se dirigía a los vencidos y sufridores del mundo entero como que esclareciendo al espíritu de Levi, que representaba la aristocracia, intelectual entre sus discípulos, Jesús, por primera vez, pregonó LAS BIENAVENTURANZAS.
celestiales. Su voz caía como bálsamo eterno, sobre los corazones desdichados.
La multitud era su pasión, su vida. Amarla y atenderla, su afán.
Es muy escabroso descender hasta los hombres para guiarlos hacia Dios.
El poema que allí fue presentado, jamás fue oído, nunca más será escuchado, en cualquier época equivalente…

Sintiendo a la multitud sumisa, magnetizada, olvidad de si misma, en una sublime comunión en la que derramaba toda su vida, El abriendo su boca les enseñaba diciendo:

BIENAVENTURADOS LOS POBRES DE ESPIRITU.

Para Jesús los pobres de espíritu no son los hombres desprovistos de inteligencia, y si los humildes los que no son orgullosos. Los hombres cultos y de talento, tienen por lo general una opinión muy alta de si mismos y de su superioridad, y consideran a las cosas divinas como indignas de su tención. Su mirada no se eleva hacia Dios. Niegan todo aquello, que por estar por encima de ellos, puede rebajarles, a negar incluso a la Divinidad.

Solo tienen sonrisas desdeñosas hacia todo lo que no pertenezca al mundo visible y tangible. Sin embargo, Dios que es justo, no puede acoger igual con el mismo titulo a aquel que desconoce su poder y al que por el contrario se ha sometido con humildad a sus leyes, ni otorgarle partes iguales.

Jesús al expresar que el reino de los Cielos es para los simples quiso decir que nadie seria admitido allí sin simplicidad de corazón y la humildad del espíritu; que el ignorante que posea cualidades será preferido al sabio que cree más en si que en Dios.

En todas las circunstancias Cristo coloca a la humildad en la categoría de las virtudes que acercan a Dios, y al orgullo entre los vicios que de El lo alejan. Esto es porque la humildad constituye un acto de sumisión a Dios, al paso que el orgullo es una sublevación contra El.
El que se enaltezca será humillado
Los discípulos de Jesús fueron a preguntarle en aquel tiempo: ¿Quién es el mayor en el reino de los Cielos? Y Jesús acercándose a un niño, lo llamó, lo puso en medio de ellos, y les dijo: que si no se volvían y hacían como niños no entrarían en el reino de los Cielos. Y que cualquiera que reciba en su nombre a un niño a El lo recibe.
Jesús no cesa de poner como condición esencial de la felicidad prometida a los elegidos del Señor, el ser pobres de espíritu.

El Espiritismo sanciona la teoría mediante el ejemplo, mostrándonos que son grandes en el mundo de los Espíritus aquellos que en la Tierra eran pequeños, y muchas veces los poderosos de la Tierra son pequeños en el Mundo Espiritual.

Los primeros portaban las virtudes cuando partieron al más allá que son los que constituyen la verdadera grandeza en el cielo y que nos pierde. Los otros, han debido dejar aquello que constituía su riqueza en la Tierra, y que no se pueden llevar: fortuna, títulos, gloria,
linaje. Como no poseen nada más, llegan al otro mundo desprovisto de todo, son como náufragos que todo lo han perdido, hasta sus ropas. Solo conservan el orgullo, que torna más humillante su nueva situación, al ver por encima de ellos, y resplandecientes de gloria, a aquellos que atropellaron en la Tierra.
No debe el hombre sentirse orgulloso de lo que sabe, porque la sabiduría tiene fronteras muy limitadas en el mundo que habitamos. Dios, en sus designios, ha permitido que nazcamos en un medio para desarrollar el intelecto, para que lo empleemos en el bien de todos; por lo que es una misión que nos da podremos desarrollar , a nuestra vez, las inteligencias atrasadas y conducirlas hasta Dios. Muchos las convierten en un instrumento de orgullo y perdición para si mismos. El hombre abusa de su inteligencia, y sin embargo no le faltan lecciones que le advierten que una mano poderosa puede quitarle lo que ella misma le dio.

BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE
ELLOS VERÁN A DIOS.........
Continuamente presentaban niños a Jesús para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que lo asían. Jesús viéndolo, les reprendió, indignado y les dijo: ¡Dejad venir a mi a los niños y no se lo impidáis; porque de ellos es el reino de Dios. En verdad os digo: El que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en el. Y tomándolos en sus brazos los bendecía (San Marcos)

La pureza de corazón es inseparable de la simplicidad y de la humildad. Excluye toda idea de egoísmo y de orgullo. Es de ahí que Jesús toma la infancia como emblema de esa pureza, el niño aunque sea un espíritu con muchas existencias, y sea muy antiguo, en la niñez no ha podido todavía manifestar ninguna tendencia perversa, ofrece la imagen de la inocencia y el candor. Jesús no dijo de una forma absoluta que el reino de Dios sea para ellos, sino para los que se le asemejan.

Durante los primeros años de la nueva vida, el Espíritu es de verdad un niño porque las ideas que integran el fondo de su carácter están todavía aletargadas. Por eso el Espíritu por algún tiempo se reviste con el manto de la inocencia.

La verdadera inocencia no reside tan solo en las acciones sino que está también en el pensamiento. Todo mal pensamiento constituye un resultado de la imperfección del alma. Cuando su deseo es depurarse, y rechaza el mal pensamiento este se convierte para ella en una ocasión de adelanto, porque lo rechaza con emergía. Es el inicio de los que intentan borrar una mancha, rechazando la oportunidad de persistir en el mal y se esfuerzo le haces entirse más fuerte y jubiloso con su triunfo.

El alma que persevera en el mal y cede a los malos pensamientos, busca la ocasión para cometer una mala acción, y si la ocasión no se lo permite, es tan culpable como si la cometiera.

La persona que no concibe el pensamiento del mal el progreso ya se ha operado. En aquella que le viene al pensamiento y lo rechaza, el progreso se aya en vías de realizarse. Por ultimo, en quien está presente el pensamiento del mal y en el se complace, el mal se encuentra en su totalidad de fuerza. En la primera el trabajo está realizado, en las otras dos se haya aun por hacer. Dios, que es justo, toma en cuenta todos esos matices al evaluar la responsabilidad de los actos y pensamientos del hombre.

La meta de la religión consiste en conducir al hombre hacia Dios. Ahora bien, solo cuando el hombre se ha hecho perfecto es cuando llega a Dios. Por consiguiente toda religión que no hace mejor al hombre no alcanza la meta. La que crea poder para cometer el mal, o es falsa, o ha sido falseada en su principio, son religiones en las que la forma prevalece sobre el fondo. La creencia en la eficacia de los signos exteriores del culto es nula si no impide cometer crímenes, adulterios, expoliaciones, levantar calumnias y ser injustos para con el prójimo, sea en lo que fuere.
Estas religiones producen supersticiosos, hipócritas y fanáticos y no hombres de bien…

No basta, pues, tener la apariencia de la pureza: es menester, ante todo, poseer la pureza de corazón

Jesús quería que los hombres llegasen a El con la confianza de simples niños. El fue la antorcha que ilumina las tinieblas, el clarín matinal que da el toque de diana e invita a despertar. Ha sido el iniciador del espiritismo, el cual llevará a El no a los niños, sino a los hombres de buena voluntad. Si el hombre posee amor, será dueño de todo lo deseable que hay en la Tierra, tendrá la perla por excelencia, que ni los acontecimientos, ni las ruindades de los que los aborrecen y persiguen podrán arrebatarles. Si poseen el amor, colocaran sus tesoros allí donde los gusanos y la herrumbre no puedan alcanzarlos, y poco a poco borraran de su alma todo aquello que pueda mancillar su pureza; sentirán día a día el peso de la materia se aligera y, semejantes a las aves que se ciernen en los aires y no se acuerda ya de la tierra, subirán sin tregua, ascendiendo siempre, hasta que sus almas embriagadas, puedan nutrirse de su elemento vital en el seno del Señor.

BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN LOS OJOS CERRADOS

Recordemos que Cristo dijo que si nuestro ojo era malo, que más valdría arrojarlo al fuego que ser la causa de nuestra condenación.

Cuando una aflicción no es consecuencia de los actos de la vida presente hay que buscar su causa en una existencia anterior. “Siempre somos castigados por donde hemos pecado.” Si, pues, alguien está afligido por haber perdido la vista, es porque la vista fue para él una causa de caída. Ante cualquier tipo de pruebas debemos tener valor y esperanza.
BIENAVENTURADOS LOS MANSOS Y LOS PACIFICOS

Los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Con esta máxima Jesús convierte en Ley la dulzura, la moderación, la mansedumbre, la afabilidad y la paciencia. Por tanto condena la violencia, la cólera, e incluso cualquier expresión descortés con el prójimo.

Cuando la ley de amor y caridad sea ley de la humanidad ya no habrá egoísmo; el débil y el pacifico no serán más explotados por el fuerte y el violento.

La benevolencia hacia nuestros semejantes, frutos del amor al prójimo, produce afabilidad y dulzura, que son su manifestación. No siempre se puede fiar de las apariencias: la educación y la experiencia mundana pueden otorgar el barniz de esas cualidades. El mundo está lleno de personas que tienen sonrisas en los labios y el veneno en el corazón: que son amables mientras nada les molesta, pero muerden a la menor contrariedad.

Hombres que se muestran benignos en la calle, fuera de su casa, y dentro de ellas son tiranos domésticos.

No basta que los labios destilen miel y leche; si el corazón no interviene para nada en ello, es hipocresía. El que en realidad es afable y dulce no se desmiente jamás; es el mismo en el mundo y en la intimidad. Sabe que puede engañar a los hombres con las apariencias, pero no puede engañar a Dios.

El dolor es una bendición que Dios envía a sus elegidos. No debemos afligirnos cuando padezcamos, debemos bendecir a Dios todopoderoso que nos a señalado, por medio del dolor en la tierra, para la gloria en el cielo.

La paciencia es también una forma de hacer la caridad que Cristo el enviado de Dios enseño. La limosna que se da en la calle es la más fácil de las caridades.

Hay una caridad más meritoria y más penosa, la de perdonar a quienes Dios a puesto en nuestro camino para ser los instrumentos de nuestros sufrimientos y poner a prueba nuestra paciencia.

Es por la obediencia y la resignación dos virtudes hermanas de la dulzura y muy activas que adquirimos fuerzas actuantes son las que dan el consentimiento al corazón. El débil no puede ser resignado, así como el orgulloso y el egoísta obedientes. Jesús ha sido la encarnación de esas virtudes, menospreciadas materializada antigüedad.

Cada época es señalada con el sello de la virtud que debe salvarla o del vicio que ha de perderla. La virtud de nuestro tiempo es la actividad intelectual; su vicio es la indiferencia moral. El someternos a los impulsos que nos dan los espíritus, obedeciendo a la gran ley del progreso nos hacemos mansos, porque prestaremos oídos fáciles a las enseñanzas.

El orgullo nos lleva a creernos más que nadie, más de lo que somos, a no admitir una comparación que podría rebajarnos, el menor paralelo nos irrita y damos paso a la cólera. Esta no excluye ciertas cualidades del corazón, pero impide hacer mucho bien y nos puede hacer cometer mucho mal. Esto es más que suficiente para inducir al colérico a dominar su ira. Los espiritas saben que la cólera es contraria a la caridad y a la humildad cristiana.

Hay temperamentos que se prestan más que otros a los actos violentos, pero no reside en eso la primera causa de la cólera, un espíritu pacifico, aunque esté encarnado en un cuerpo de temperamento bilioso, seguirá siendo pacifico, al igual que un espíritu violento en un cuerpo linfático no será por ello más manso. Solo que la violencia adoptara otro carácter: no teniendo a su disposición un organismo apropiado la ira se concentrara, mientras que si lo posee estallara.

El cuerpo no produce la cólera a quien no la tenga, así como tampoco engendra los otros vicios. Todas las virtudes y vicios son inherentes al Espíritu.

BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS PORQUE ELLOS ALCANZARAN LA MISERICORDIA.
La misericordia es el complemento de la dulzura, porque quien no es misericordioso no podrá ser tampoco manso y pacifico. La misericordia consiste en el olvido y perdón de las ofensas. El odio y el rencor denuncian a un alma sin elevación ni grandeza. El olvido de las ofensas es propio de un alma elevada que está por encima de los ataques que se le dirijan.

La persona rencorosa está siempre ansiosa, es de una susceptibilidad recelosa y llena de hiel. El alma elevada es calmada, llena de mansedumbre y de caridad.
Son muchos los espíritus, que llevan sus odios, más allá de la tumba, es falso el proverbio que afirma “muerto el perro, se acabo la rabia” cuando se aplica al hombre. Jesús nos recomendó que debíamos reconciliarnos con el adversario, no solo para apaciguar las discordias en la vida presente, sino para evitar que nos sigan perpetuando en vidas futuras.

El reconciliarnos con nuestro hermano, cuando el tiene algo contra nosotros, es el sacrificio más grato a Dios.
La extravagancia mayor de los hombres es ver el mal en los demás antes de advertir el que hay en uno mismo.

No debemos juzgar, para no ser juzgados. El que esté sin pecado que tire la primera piedra.

No hay persona alguna que no necesite de la indulgencia. Debemos ser indulgentes. La reprobación de la conducta ajena puede tener dos móviles: el reprimir el mal, o el desacreditar a la persona cuyos actos critican. Este último motivo no tiene excusa, porque es maledicencia y ruindad.

Jesús no podía prohibir que se censure lo que ejemplo de ello, y lo hizo en términos está mal, puesto que el mismo nos ha ofrecido enérgicos. Pero ha querido decir que la autoridad moral de quien lo pronuncie. Hacerse culpable de aquello mismo que en los demás se condena equivale a abdicar de dicha autoridad. Además es arrogarse el derecho de represión. A los ojos de Dios, solo es legítima aquella autoridad que se apoye en el ejemplo que ella misma da del bien.

El total y absoluto olvido de las ofensas es propio de las grandes almas. El rencor, en cambio, constituye siempre un signo de bajeza y de inferioridad. El verdadero perdón se reconoce en los actos mucho más que en las palabras.

Todo hombre debe ser indulgente con sus hermanos, no ver los defectos de los demás, y si los vemos no hablar de ellos, ni difundirlos es como debemos actuar todo buen espirita. Debemos ser severos con nuestros errores e indulgentes con los de nuestro prójimo, es una forma también de hacer caridad que muy pocas personas observan. Todos tenemos que vencer malas inclinaciones, corregir defectos, modificar hábitos. Todos hemos de depositar un fardo más o menos pesado para ascender a la cima de la montaña del progreso.

El verdadero carácter de la caridad es la modestia y la humildad, que consiste en ver solo de pasada los defectos ajenos y dedicarse a realzar lo que aya en los demás de bueno y virtuoso.
BIENAVENTUREDOS LOS QUE LLORAN POR QUE ELLOS SERAN CONSOLADOS.......

Es muy largo el camino del sufrimiento, hay muchas Espíritus afligidos y desolados, faltándoles el sosiego, despedazados, enfermedades y expiaciones…

Mientras Jesús los atendía experimentaban la paz que se restablece después del llanto.

Muchos creían que era vergonzoso llorar, otros pensaban que refleja flaqueza e indignidad.

La lluvia descarga las nubes y enriquece la tierra; lava el lodo y vitaliza la arboleda.

La lágrima es presencia divina.

Cuando alguien llora, la Ley está ajusticiando, abriendo senderos de paz en las regiones del espíritu, para el futuro.

Llorar es buscar a Dios en las adustas regiones de la soledad.
El llanto habla lo que la boca no se atreve a susurrar. Cuando alguien está llorando está solicitando aguardando.

La multitud se agita de esperanza. El Maestro, penetraba en todas las mentes aclarándoles, que la tierra siempre perteneció a los poderosos que unen a la impiedad la astucia y pueden oprimir, dominando a tímidos y blandos.

Pero la blandura es la aureola de la paz, la hermana del equilibrio.

Los blandos son los poseedores de la Tierra que nadie arrebata, del hogar que ninguno corrompe, del país donde abundan los bienes y las mieses son fecundas.
“Heredaran la Tierra!

Jesús envolviendo a todos en una expresiva mirada de compasión, elucidó:

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia”

La misericordia que se da es la luz que se enciende en el propio camino; amor que se dilata por la senda por donde todos siguen.

La tierra es un volcán de odios y el crimen parece un gas letal que envenena y enloquece.

La guerra es una hiedra cruenta que está siempre presente.

La piedad redime al criminal así como la reducción lo capacita para la vida. La misericordia es el antídoto del odio, voz de la inteligencia dialogando y venciendo el instinto.
Con elocuente alegría Jesús exclama:

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios “
Los que aman la hierba, al hombre, al cielo, al animal, al insecto, a la vida en todas las manifestaciones, integrándose a la esencia de la sustancia divina, con el corazón abierto al amor, con pureza en todo.
Complementando la majestuosa
¡Verá a Dios!
enseñanza, Jesús de nuevo afirma:
“Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios!
Esparcir la paz, mientras que el pensamiento general es impedir la tranquilidad.
Heredaran la tierra los hijos de Dios, por estar, mansos y sensatos, son blandos de corazón.
Blandura es coraje de enfrentar al fuerte, sin temerle, someterse sin ceder al imperio de la fuerza, dominar la ira y vencerse a si mismo para pacificar.
El Maestro muchas veces hizo uso de esa energía ante la hipocresía y la maldad, conservando una autoridad sin violencia, y firmeza de acción sin mezcla de odio; con vigor, sin dureza, con fuerza moral, sin desequilibrio emocional!
Afectuoso de Nuevo Jesús elucido:
BIENAVENTURADOS LOS QUE SUFREN PERSECUCIONES POR CAUSA DE LA JUSTICIA POR QUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.....
Jesús acariciando a la multitud con su mirada dulce y penetrante, en el gesto que imprimió con los brazos abiertos y las manos como alas de luz prontas a iniciar el vuelo, clamo:
“Sois bienaventurados cuando os injurien y persigan y mintiendo digan el mal contra vosotros por mi causa. Regocijaos y alegraos, porque grande es vuestro galardón, en el cielo; porque así persiguieron a los profetas que vinieron antes!
Los vanguardistas de la verdad se encuentran tan empeñados en la difusión del autentico ideal, que no tienen tiempo para la desidia ni para los sofismas. No se detienen a defender el honor.
No se detienen a justificar los actos que las conveniencias humanas, mordaces, desaprueban.
Están al servicio de la Causa de Cristo, entendiendo las dimensiones inconmensurables del amor. Su abnegación y conducta hablan más expresivamente que sus palabras.
Se regocijan en el camino de la rectitud, haciendo lo que deben y no lo que conviene
hacer.
La gloria de los luchadores es el honor del trabajo y su aureola, es el sudor y el deber.
Toda la epopeya de la Humanidad canta en el sermón de la montaña. El amor, en su más elevada expresión, tiene allí su fuente inagotable y eterna.
El prosiguió, nuevas expresiones verbales mostrando los prefacios candentes de la verdad, como mil voces armónicas formadas hermano…
“No cometáis adulterio ni escandalicéis… en una sola voz, nunca jamás oída.
“Sois la luz de la tierra…
“Sois la luz del mundo…
“No penséis que vine a destruir la Ley…
“ID y reconciliaos con vuestro enemigos
“No jureis…
“No resistais al mal…
“Amad a vuestros prójimo, a vuestros enemigos...
“Sed perfectos…
“Orad así: Padre nuestro que estas en lo cielos…
“No juntéis tesoros en la tierra…
El Cielo resplandecía en el oro poniente. Miríadas de sonidos se elevaron sinfonía en la del atardecer.
Aproximados unos a los otros, se juntan entre si, como si se amparasen de las flaquezas, unidos e identificados.
El poema; continua vibrante.
No había tiempo que perder.
“Nadie puede servir a dos amos….
“Mirad los lirios del campo y las aves del cielo…
“Buscad primero el Reino de los Cielos y su Justicia.
“No juzguéis…
“Pedid y se os dará…
“Buscad y encontrareis…
“Golpead y se os abrirá…
“Entrad por la puerta estrecha…
“Guardaos contra los falsos profetas…
La multitud estremecida comenzó a disiparse.
Los Corazones que le habían escuchado estaban de fiesta y también doloridos…
Las mentes ardían con una fiebre extraña…
El futuro les aguardaba
Jesús por mucho tiempo les habló del reino de Dios, donde el amor edificaría maravillas perennes y sublimes.
Sus promesas parecían dirigidas al inconmensurable futuro humano.
Cuando Jesús termino su alocución, las estrellas brillaban en el firmamento, como radiantes bendiciones divinas. Muchas madres le traían a sus hijitos para que los bendijera. Los ancianos de frentes nevadas por los inviernos de la vida le besaban las manos. Ciegos y leprosos lo rodeaban con lo semblantes sonrientes y decían: ¡Bendito sea el hijo de Dios! Jesús los acogía satisfecho, enviando a todos la sonrisa de su afecto.
Jesús se alegra y acoge a todos los corazones que le buscan, que sienten las bienaventuranzas y le siguen procurando dar cumplimento a su mensaje de amor y paz.
Tengamos pues confianza en El, amando y agradeciendo la porción de dolor que nos llega para nuestro propio perfeccionamiento espiritual y prosigamos serenos, ayudando a los que se crucen en nuestro camino, que quizás necesitan más aun que nosotros las sublimes lecciones del Maestro.
Los espíritus que están libres velan por los que están cautivos; los adelantados procuran hacer progresar a los más rezagados.
Procuremos nosotros dentro del Espiritismo el Cristianismo redivivo por Jesús, hacer en el lugar que estemos también nuestra parte, amando y procurando hacer siempre aquello que El enseño.
documento recojido de barios amigos y en especial Mercedes Cruz............