jueves, 17 de noviembre de 2011

LEY DEL PROGRESO

Hay dos especies de progreso, que se prestan mutuo apoyo pero que, sin embargo, no marchan juntas: el progreso intelectual y el progreso moral. El progreso moral no siempre acompaña al progreso intelectual.» Es consecuencia de éste, pero no siempre lo sigue inmediatamente».
El Espíritu progresa ascendiendo en forma insensible, pero el progreso no se efectúa simultáneamente en todos los sentidos. Durante un período de su existencia adelanta en lo científico; durante otro en lo moral.
«Los mayores obstáculos al progreso son el orgullo y el egoísmo. Me refiero al progreso moral, porque el intelectual se efectúa siempre.
El progreso puede ser comparado con el amanecer. Aunque aparentemente se demore, culmina en el éxito.
La ignorancia, disfrazada con la fuerza y engañada por la falsa cultura, no pocas veces se ha levantado para crear obstáculos al desenvolvimiento de los hombres y los pueblos Pero él llega inevitablemente, altera el aspecto y la estructura que encuentra e implementa recursos, fomentando la belleza, la tranquilidad, el confort, la dicha.
Esta es la marcha del progreso: inexorablemente levantará al hombre del suelo de las imperfecciones, donde todavía se encuentra, en dirección a su glorioso destino: la perfección.
Hay dos tipos de progresos: el intelectual y el moral. El hombre se desenvuelve
por sí mismo, naturalmente. Pero no todos progresan simultáneamente y del mismo modo. Entonces sucede que los más adelantados favorecen el progreso de los otros, por medio del contacto social.
El progreso moral no siempre acompaña al progreso intelectual. Generalmente los individuos y los pueblos adquieren mayor progreso científico y, más lentamente, se moralizan. Con el aumento del discernimiento entre el bien y el mal, por el desarrollo del libre albedrío, crece en el ser humano la noción de responsabilidad al pensar, hablar y obrar. El desenvolvimiento del libre albedrío acompaña al de la inteligencia y aumenta la responsabilidad de los actos.
El desarrollo intelectual no implica la necesidad del bien. Un Espíritu, superior en inteligencia, puede ser malo. Eso sucede con aquel que mucho ha vivido sin mejorarse:
solamente sabe. Por eso encontramos en naciones técnicamente adelantadas, tantas injusticias sociales: falta la moralización de sus componentes humanos.
«Solamente el progreso moral puede asegurar a los hombres la felicidad en la Tierra,
refrenando las malas pasiones; solamente ese progreso puede hacer que reinen entre los
hombres la concordia, la paz, la fraternidad .
En el siglo que vivimos ha habido grandes avances en los diversos campos del conocimiento humano, pero el progreso moral se encuentra muy por debajo del Asunto fabuloso progreso intelectual a que llegó, por eso es que prevalece, en nuestros días, una ciencia sin conciencia y no pocos se valen de sus adquisiciones culturales tan sólo para practicar el mal.
Tarde o temprano los resultados del mal uso del libre albedrío y la inteligencia recaerán sobre los hombres, a través de la ley de causa y efecto y, atormentados por el dolor, ganarán experiencia y entendimiento para equilibrarse y continuar sus jornadas evolutivas.
«El amor y el conocimiento son las alas armoniosas para el progreso del hombre y de los pueblos, progresos que, no obstante las pasiones nefastas todavía predominantes en la naturaleza animal del hombre, es imposible que no sea alcanzado. Los mayores obstáculos a la marcha del progreso moral son, sin sombra de dudas, el orgullo y el egoísmo. A primera vista parece que el progreso intelectual multiplica la actividad de aquellos vicios, desarrollando la ambición y el gusto por las riquezas, que a su turno, incitan al hombre a emprender pesquisas que esclarecen su Espíritu. Así es que todo se eslabona, tanto en el mundo moral como en el mundo físico, y hasta del mal
puede nacer el bien. Corta es, sin embargo, la duración de este estado de cosas, que cambiará a medida que el hombre comprenda mejor que, además de la que el gozo de los bienes terrenos proporciona, existe una felicidad mayor e infinitamente más duradera.
No es una facultad portadora de requisitos morales. La moralización del médium es la que lo libera de la influencia de los Espíritus inferiores y perversos que se sienten, entonces, imposibilitados de mayor predominio por faltarles los vínculos para la necesaria sintonía. Rechazar las comunicaciones de ultratumba es repudiar el medio más poderoso de instruirse, ya sea por la iniciación en los conocimientos de la vida futura o por los ejemplos que tales comunicaciones nos proporcionan. Además de eso, la experiencia nos enseña el bien que podemos hacer al desviar del mal a los Espíritus imperfectos, ayudando a los que sufren a desprenderse de la materia y a perfeccionarse. Proscribir las comunicaciones es, por lo tanto, privar a las almas sufrientes de la asistencia que podemos y debemos dispensarles.
Una civilización es completa o evolucionada por el desenvolvimiento moral.
Creéis que estáis muy adelantados porque habéis hecho grandes descubrimientos y obtenido maravillosas invenciones; porque os alojáis y vestís mejor que los salvajes. Sin embargo, no tendréis verdadero derecho a llamaros civilizados mientras no hayáis desterrado de vuestras sociedades a los vicios que la deshonran y no viváis como hermanos, practicando la caridad cristiana. Hasta entonces seréis solamente pueblos esclarecidos, que han recorrido la primera fase de la civilización.
La civilización creó necesidades nuevas para el hombre, necesidades relativas a la posición social que éste ocupa. Entonces se tiene que regular, por medio de leyes humanas, los derechos y deberes de esa posición.
MARCHA DEL PROGRESO, CIVILIZACIÓN
«El progreso, para ser legitimo no puede prescindir de la elevación moral de los hombres, que se inspira en el Evangelio, siempre vigente.
Las conquistas de la inteligencia, a pesar de ser valiosas, cuando carecen de la santificación de los sentimientos conducen al desvarió y a la destrucción.
Para ser autenticas, las adquisiciones humanas deben cimentarse en los valores éticos, sin los cuales el conocimiento se convierte en un vapor tóxico que culmina por aniquilar a quien lo retiene.
La Humanidad progresa por medio de los individuos que poco a poco se mejoran se instruyen. Cuando éstos prevalecen por el número, toman la delantera y arrastran a los otros. De tiempo en tiempo surgen en el seno de la humanidad hombres de genio que le dan impulso; vienen después, como instrumentos de Dios los que tienen autoridad y, en algunos años, la hacen adelantarse como si se tratase de muchos siglos.
La marcha del progreso es ascendente, sea intelectual o moralmente hablando. No obstante, el hecho de que una nación progrese científicamente más que otra, no significa que sea moralmente más adelantada. Civilizar quiere decir progresar, pero es un progreso incompleto.
Para llegar a un estado de civilización completa, estado de humanidad moralmente evolucionada, deberán ser realizadas muchas conquistas, tanto en el campo moral como en el intelectual.
Existen diferencias entre la civilización completa o evolucionada y los pueblos esclarecidos. Cuando un pueblo sale del estado salvaje o de barbarie y, por fuerza del progreso, adquiere nuevos conocimientos, se inicia el proceso de civilización; pero, esta civilización es, todavía, incompleta porque su progreso es incompleto. Como todas las cosas, la civilización presenta gradaciones diferentes. Una civilización incompleta es un estado transitorio, que genera males especiales, desconocidos para el hombre en el estado primitivo. No obstante, no por eso constituye menos un progreso natural, necesario, que trae consigo el remedio para el mal que causa. A medida que la civilización se perfecciona hace cesar algunos de los males que generaron, males que desaparecerán, en su totalidad, con el progreso moral.
De dos naciones que hayan llegado a la cúspide de la escala social, solamente puede considerarse como la más civilizada, en la legitima acepción del termino, a aquella donde exista menos egoísmo, menos codicia y menos orgullo; donde los hábitos sean más intelectuales y morales que materiales; donde la inteligencia se pueda desenvolver con mayor libertad; donde haya más bondad, buena fe, benevolencia y generosidad reciprocas; donde menos enraizados se muestren los prejuicios de casta y de cuna, por eso que tales perjuicios son incompatibles con el verdadero amor al prójimo; donde todo hombre de buena voluntad esté seguro de que no le faltará lo necesario.
En la pregunta 793 de «El Libro de los Espíritus» los Espíritus Superiores Esclarecen perfectamente respecto a la diferencia señalada: una civilización completa, la reconoceréis por el desarrollo moral. Creéis estar muy adelantados porque habéis hecho grandes descubrimientos y obtenido maravillosas invenciones; porque os alojáis y vestís mejor que los salvajes. Sin embargo, no tendréis verdadero derecho a llamaros civilizados sino cuando hayáis desterrado de vuestras sociedades a los vicios que la deshonran y cuando viváis como hermanos, practicando la caridad cristiana. Hasta entonces seréis solamente pueblos esclarecidos, que han recorrido la primera fase de la civilización.
en lo que corresponde a la evolución de los códigos de justicia humana, a
Hamurabi se debe el más antiguo conjunto de leyes conocidas por la Humanidad, en las cuales se tiene una visión de equidad avanzada para la época en que predominaba el poder sobre el derecho, la supremacía del vencedor sobre el vencido.
Posteriormente, las civilizaciones, debido a la necesidad de establecer códigos destinados a regir a sus miembros, ora subordinados a los lineamientos religiosos hora a las imposiciones éticas sobre las imposiciones éticas sobre las que colocaban sus bases, crearon sus estatutos de justicia y orden, que no siempre resultaron felices.
De los primeros moralistas, de la escuela ingenua, a los grandes legisladores, se destacan las figuras de Moisés, el médium del Decálogo, y Jesús, el excelso paradigma del amor, que se consubstanciaron con las necesidades humanas, proporcionando al mismo tiempo los medios liberadores para el ser que marcha en dirección a la inmortalidad.
Desde el derecho romano a los tratados modernos las formulas jurídicas progresan, presentando disposiciones y artículos cada vez más acordes con el espíritu de justicia de que con las ambiciones del comportamiento individual y grupal.
La civilización creó necesidades nuevas para el hombre, necesidades relativas a la posición social que este ocupa. Entonces se tienen que regular, por medio de las leyes humanas, los derechos y deberes de esa posición.
Cuanto menos evolucionada fuera la sociedad más rígida son sus leyes. «Una sociedad depravada seguramente precisa leyes severas. Lamentablemente, esas leyes están destinadas más a castigar el mal después de hecho, que a eliminar su fuente de origen. Solo la educación podrá reformar a los hombres, que entonces ya no precisaran leyes tan rigurosas.
INFLUENCIA DEL ESPIRITISMO EN EL PROGRESO
La primera revelación, personificada en Moisés, la segunda, en Jesús, fueron producto de una enseñanza individual, resultando forzosamente localizadas, «es decir, que aparecieron en un solo punto, a partir del cual la idea se propago poco a poco; pero, fueron necesarios muchos siglos para que alcanzasen los extremos del mundo, sin invadirlo totalmente. La tercera tiene lo siguiente de particular: por no estar personificada en un solo individuo, surgió simultáneamente en millares de puntos diferentes, que se transformaron en centros o focos de irradiación. Al multiplicarse esos centros, sus rayos se reúnen poco a poco, como los círculos formados por una multitud de piedras lanzadas al agua, de tal suerte que, en determinado tiempo, acabaran por cubrir toda la superficie del globo. «Esta circunstancia le da una fuerza excepcional y un irresistible poder de acción. más aun, si la combatieran en un individuo, no podrán combatirla en los espíritus, que son la fuente de donde proviene. Ahora bien, como los Espíritus están en todas partes y existirán siempre, si por un acaso imposible consiguieran sofocarla en todo el globo, reaparecería poco tiempo después, porque reposa sobre un hecho de la naturaleza y no se pueden suprimir las leyes de la Naturaleza. He aquí de qué deben persuadirse aquellos que sueñan con el aniquilamiento del espiritismo.
«En cuanto al futuro del espiritismo, los espíritus, como se sabe, son unánimes en afirmar su triunfo próximo, a despecho de los obstáculos que se le opongan. Fácil les resulta hacer esta previsión, en primer lugar porque su propagación es obra personal de ellos: concurriendo al movimiento o dirigiéndolo, saben naturalmente lo que debe hacerse; en segundo lugar, les es suficiente entrever un periodo de corta duración: ven en ese
periodo, a lo largo del camino, a los poderosos auxiliares que Dios les envía y que no tardaran en manifestarse.
La doctrina de Moisés, incompleta, quedo circunscrita al pueblo judío; la de Jesús, más completa, se esparció por toda la Tierra, mediante el cristianismo, pero no convirtió a todos; el Espiritismo, más completo todavía, con raíces en todas las creencias,
convertirá a la humanidad.
«El progreso de la humanidad, sin duda, es lento, muy lento, pero constante e
interrumpido. Aun cuando parezca estar retrocediendo, cosa que ocurre en ciertos periodos transitorios, ese retroceso no es sino el preanuncio de una nueva etapa de expansión.
Lo que hace avanzar siempre son las nuevas ideas que, generalmente, son traídas a la Tierra por misioneros encargados de activar su marcha.
Sin embargo, sucede que la «naturaleza no da saltos» y todo principio más avanzado, que se aparte de los moldes culturales establecidos, solo al cabo de varias generaciones logra ser aceptado y asimilado por los que van en la retaguardia.
Esa resistencia a las concepciones modernas, sean ellas políticas, sociales o religiosas,
parece un mal, pero en verdad es un bien, porque funciona como un proceso de selección natural, haciendo que las que carezcan de real valor desaparezcan y caigan en el olvido, para que solo prosperen aquellas que deban contribuir, efectivamente, al
perfeccionamiento de las instituciones.
El Espiritismo es uno de esos movimientos y está destinado no solamente a abrir un campo diferente de investigaciones para la Ciencia, sino, principalmente, a marcar una nueva era en la Historia, de la Humanidad, por la profunda revolución que provoca
en sus pensamientos y en sus ideales, impulsándola a la sublimación espiritual, por la vivencia del Evangelio.
Tal vez nos pregunten: si es así, si el Espiritismo está predestinado a ejercer gran influencia en el adelantamiento de los pueblos, ¿por qué los espíritus no desencadenan una onda de manifestaciones ostensivas, patentes, de modo que todos, incluso los
materialistas y los ateos, sean forzados a creer en ellos y en las informaciones acerca de lo que nos espera del otro lado de la vida?
Desearíais milagros; pero, Dios los esparce a manos llenas delante de vuestros pasos y, sin embargo, todavía hay hombres que lo niegan. ¿Por ventura, consiguió Cristo convencer a sus contemporáneos, con los prodigios que produjo? ¿No conocéis en el presente a quienes niegan los hechos más patentes ocurridos ante su propia vista? ¿No
hay quienes dicen que no creerían, aunque vieran? No, no es por medio de prodigios que Dios quiere encaminar a los hombres. Por su bondad, Él les deja el mérito de que se convenzan por la razón.»
NECESIDAD DE LA VIDA SOCIAL
La sociabilidad es una ley de la naturaleza a la que el hombre no puede eludir sin perjudicarse, pues es por medio de la relación con sus semejantes que desarrolla sus potencialidades. Dios le dio el habla y otras facultades para que, a través de la vida en sociedad, pudiera evolucionar. El aislamiento priva al hombre de las relaciones sociales que garantizan su progreso. la sociabilidad es instintiva y obedece a un mandato categórico de la ley del progreso que rige a la humanidad.
Sucede que Dios, en sus sabios designios, no nos hizo perfectos, sino perfectibles; así, para alcanzar la perfección a la que estamos destinados, todos precisamos unos de otros, pues no hay cómo desarrollar y perfeccionar nuestras facultades intelectuales y morales sino con la convivencia social, sin la cual el destino de nuestro espíritu seria el embrutecimiento y la atrofia.
Como el fin supremo de la sociedad es promover el bienestar y la felicidad de todos los que la componen, para que el mismo sea alcanzado existe la necesidad de que cada uno de nosotros observe ciertas reglas de procedimiento, dictadas por la justicia y la moral, absteniéndose de todo lo que la pueda destruir.
Ningún hombre posee facultades completas. Mediante la unión social es que las unas completan a las otras para asegurar el bienestar y el progreso. Por eso es que, por precisar unos de otros, los hombres fueron hechos para vivir en sociedad y no aislados. El hombre es, indiscutiblemente, un ser gregario, organizado por la emoción para vivir en sociedad.
Su aislamiento, con el pretexto de servir a Dios, constituye una violencia a la ley natural, que se caracteriza por la huida injustificable de las responsabilidades cotidianas.
«La forma de vida cristiana se distingue por la convivencia social dentro de un clima de fraternidad, en el cual todos se ayudan y socorren, para resolver dificultades y solucionar problemas.
Vivir según cristo es también convivir con el prójimo, aceptándolo con sus imperfecciones, sin erigirse en un fiscal ni pretendiendo corregirlo, sino acompañándolo con bondad, induciéndolo al despertad y al cambio de conducta de motus propio.
Aislarse, por lo tanto, con el pretexto de servir al bien, no deja de ser una experiencias en la cual predomina el egoísmo, apartada de la lucha que forja los héroes y construye a los santos que se caracterizan por la abnegación y la caridad.

sábado, 5 de noviembre de 2011

LAS LEYES MORALES

MANOS HERRUMBROSAS: Esta historia es para leerla con mucha atención y pensar como nos comportamos en la vida que hemos elegido simplemente por tener dinero; se cree uno que lo tiene todo atado y bien atado y por tener dinero se pude comprar todo. Pero un buen día nos viene la muerte, entonces nos encontramos que todo ha sido un sueño que al despertar ya no podemos volvernos atrás para recuperar el tiempo perdido: El equilibrio que debemos tener en nuestra vida, y vernos como hemos sido y sentir lo que hemos hecho; que por haber tenido mucho dinero podíamos comprar todo para nuestra alma ( oraciones etc.) que equivocación la nuestra cuando llegamos a la esfera que debemos ir por nuestro comportamiento; y progreso vemos que no somos ricos y que todo el dinero que teníamos lo hemos dejado en la tierra. y solo nos llevamos el conocimiento adquirido.
Cuando Joaquín Sucupira abandonó el cuerpo, después de los sesenta años, dejó en quienes le conocían la impresión de que subiría al Cielo directamente. Había vivido alejado del mundo, en el precioso confort heredado de sus padres. Hablaba poco, andaba menos, no hacía nada.
Se lo veía con trajes impecables. La corbata ostentaba siempre una perla de alto precio, una pequeña orquídea destacaba la solapa y el pañuelo, admirablemente doblado; caía, impecable, del bolsillo pequeño. El rostro denunciaba su depurado culto a las maneras distinguidas. Cada mañana buscaba, en el cuidadoso barbero una renovada expresión juvenil. El cabello ordenado, aunque escaso, le cubría el cráneo con el mayor esmero.
Decía ser cristiano y, realmente, si bien vivía aislado, no hacia mal siquiera a una hormiga. A pesar de eso afirmaba que los religiosos, de cualquier matiz, le causaban pavor. Detestaba a los sacerdotes católicos, criticaba a las organizaciones protestantes y colocaba a los espíritas en la categoría de locos. Aceptaba a Jesús a su modo, pero no según el propio Jesús.
Las facilidades económicas transitorias le retrasaban las lecciones bienhechoras del concurso fraterno, en el campo de la vida.
Estudiaba, estudiaba, estudiaba…
Y cada vez más se convencía de que las mejores directivas eran las suyas.
Aislamiento individual para evitar complicaciones y disgustos. Admitía, sin reservas, que así efectuaría la preparación adecuada para la existencia después del sepulcro. En vista de eso, el desprendimiento del envoltorio carnal de un hombre tan cauteloso en preservarse, habría de transcurrir como un viaje sin escalas con destino a la Corte Celeste.
Daba a los familiares el dinero suficiente para satisfacer aventuras y extravagancias, para que no lo incomodaran; distribuía abultadas limosnas; para que los problemas de la caridad no visitasen su hogar; se apartaba del Mundo para no pecar. ¿No sería Joaquín? — se preguntaban sus amigos íntimos
— ¿el tipo de religioso perfecto? Distante de todas las complicaciones de la experiencia humana, debido a la fortuna que había heredado de sus parientes, sería imposible que no conquistase el paraíso.
Sin embargo, la realidad que ahora le hacía frente no correspondía a la expectativa general.
Sucupira, en el mundo espiritual, había ingresado en una esfera de acción dentro de la cual parecía no ser percibido por los grandes servidores celestiales. Los veía en destacada actividad, en los campos y en las ciudades. Decían las órdenes divinas, en secreto, a los oídos de todas las personas que colaboraban en servicios dignos. Incluso había llegado a ver un ángel que abrazaba en forma singular a la vieja cocinera analfabeta.
Pero si él se aproximaba a los Mensajeros del Cielo, no lo atendían.
Podía andar, ver, oír, pensar. Sin embargo — ¡Desventurado Joaquín! – las manos y los brazos permanecían inertes. Parecían antenas de mármol, irremediablemente ligadas al cuerpo espiritual. Si intentaba matar la sed o el hambre se veía obligado a caer de bruces, porque no disponía de manos amistosas que lo ayudaran.
Durante mucho tiempo soportó semejante infortunio, multiplicando ruegos y lágrimas, hasta que fue conducido por una entidad caritativa al pequeño tribunal de socorro que funcionaba temporariamente en las regiones inferiores donde vivía compungido.
Una vez reunida la asamblea de espíritus penitentes, el bienhechor que desempeñaba ahí las funciones de juez, declaró que no contaba con mucho tiempo, debido a las obligaciones que lo ligaban a los círculos más elevados y que había ido hasta ese lugar solamente para liquidar los casos más dolorosos y urgentes.
Algunos compañeros, entre los dedicados al bien con devoción, seleccionaron a media docena de sufridores que podrían ser oídos, entre los cuales, en último lugar, figuró Sucupira, exhibiendo los brazos petrificados.
Lloró, rogó, se lamentó. Cuando parecía estar dispuesto a hacer un relato general y pormenorizado de la existencia finalizada, el juez objetó con prudencia:
_ No, mi amigo, no cuente su biografía. El tiempo es corto. Vamos a lo que interesa
Lo examinó detenidamente y, pasados algunos instantes, dijo:
- Su maravillosa agudeza mental demuestra que estudió muchísimo.
Hizo un pequeño intervalo y empezó a interrogar:
- Joaquín ¿estaba casado?
- Sí
- ¿Cuidaba la casa?
- Mi mujer cuidaba de todo.
- ¿Fue padre?
- Sí.
- ¿Cuidaba a los hijos cuando eran pequeños?
- Teníamos suficientes número de criadas y amas.
- ¿Y cuando llegaron a jóvenes?
- Estaban naturalmente confiados a los profesores.
- ¿Ejerció alguna profesión útil?
- No tenía necesidad de trabajar para ganar el pan.
- ¿Nunca sufrió dolores de cabeza por los amigos?
- Siempre huí, receloso, de las amistades. No quería perjudicar ni ser perjudicado.
- El juez se detuvo, reflexionó largamente y prosiguió:
- ¿Adoptó alguna religión?
- Sí, era cristiano – aclaró Sucupira.
- ¿Ayudaba a los católicos?
- No. Detestaba a los sacerdotes.
- ¿Cooperaba con las iglesias reformadas?
- De ningún modo. Son excesivamente intolerantes.
- ¿Acompañaba a los espiritistas?
- No. Temía su presencia.
- ¿Amparó a los enfermos, en nombre de Cristo?
- La tierra tiene numerosos enfermeros.
- ¿Auxilió a las criaturas abandonadas?
- Hay hogares infantiles por todas partes.
- ¿Escribió alguna página consoladora?
- ¿Para qué? El mundo está lleno de libros y escritores.
- ¿Utilizaba el martillo o el pincel?
- No, absolutamente.
- ¿Socorrió a los animales desprotegidos?
- No
- ¿Le agradaba cultivar la tierra?
- Nunca.
- ¿Planto árboles bienhechores?
- No, tampoco.
- ¿Se dedicó al servicio de canalizar las aguas, para proteger paisajes empobrecidos?
Sucuspira hizo un gesto de desdén e informó:
- Jamás pensé en esto.
El instructor le hizo indagaciones sobre todas las actividades dignas conocidas en el Planeta. Al final del interrogatorio, opinó sin dilaciones.
- Hay una explicación para su caso: Ud. Tiene las manos cubiertas de herrumbre.
Ante la cara del amargado interlocutor, aclaró:
- Es el talento no usado, mi amigo. Su remedio está en regresar a la lección. Repita el curso terrestre.
Joaquín, confundido, deseaba más amplias explicaciones.
No obstante, el juez, sin tiempo para oírlo, lo entregó al cuidado de otro compañero.
Rogelio, un carioca ingresado en el mundo espiritual en 1945, lo recibió con el semblante amable y feliz y, luego de escuchar sus extensas lamentaciones, pacientemente, lo invitó:
- Vamos, Sucupira. Ud. Entrará en la fila en pocos días.
- ¿Fila? – interrogó el infeliz, boquiabierto.
- Sí – agregó el alegre ayudante – en la fila de la reencarnación.
Y, empujando al paralítico por los hombros, concluía sonriendo:
- Lo que Ud. Precisa, Joaquín, es movimiento...

martes, 25 de octubre de 2011

CREACIÓN

10. Dios es el Creador de todas las cosas<. Esta proposición es consecuencia de la prueba de la existencia de Dios. 11. El origen de estas cosas está en los secretos de Dios.
Todo enseña que Dios es el autor de todas las cosas, pero, ¿cómo y cundo
las ha creado? ¿La materia es eterna como El? He aquí lo que ignoramos. Sobre
todo lo que Dios no ha creído conveniente revelarnos, solo pueden inventarse
sistemas más o menos ciertos. De los efectos que tocamos, podemos remontarnos
hasta ciertas causas, pero hay una valla imposible de franquear y es perder el
tiempo y muy expuesto a extraviarse el querer ir mas allá.
12. Para proceder a la indagación de lo desconocido, el hombre tiene por guía
los atributos de Dios
.
Para indagar los misterios que nos es permitido conocer por medio del
raciocinio, tiene el hombre un criterio seguro, un guía infalible y este es los
atributos de Dios. Admitiéndose que Dios debe ser eterno, inmutable, inmaterial,
único, omnipotente y soberanamente justo y bueno, es infinito en sus
perfecciones, toda doctrina o teoría, ya sea científica o religiosa, que tienda a
quitarle una parte, por pequeña que sea, de cualquiera de sus atributos, es
necesariamente falsa, porque tiende a la negación de la misma Divinidad.
13. Los mundos materiales han tenido un principio y tendrán un fin.
Que la materia sea eterna como Dios, o bien que haya sido creada en una
poca cualquiera, resulta siempre, por lo que vemos todos los días, que las
transformaciones de la materia son temporales y que de estas transformaciones
resultan los diferentes cuerpos que aparecen y se destruyen sin cesar.
Siendo los diferentes mundos productos de la aglomeración y transformación
de la materia, al igual que todos los cuerpos materiales deben haber tenido un
principio y tener un fin, obedeciendo a leyes que nos son desconocidas. La ciencia
puede, hasta cierto punto, establecer las leyes de su formación y remontarse hasta
la averiguación de su estado primitivo, y cualquiera teoría filosófica en
contradicción con los hechos demostrados por la ciencia, es de todo punto falsa, a
no ser que pruebe que la ciencia marcha por el error.
14. Al crear los mundos materiales, Dios creó también seres inteligentes que
llamamos Espíritus.

15. El origen y modo de creación de los Espíritus nos es desconocido. para su perfeccionamiento, siendo esto uno de

Solo sabemos que han sido creados simples e ignorantes, es decir, sin
ciencia ni conocimiento del bien ni del mal, pero perfeccionables y con aptitud
idéntica para ser conocedores de todo con el tiempo. Al principio, están como en
una especie de infancia, sin voluntad ni conciencia completa de su existencia.
16. A medida que el Espíritu adelanta en su destino, las ideas se desarrollan
en él lo mismo que en el niño, y con las ideas, el libre albedrío, esto es, la libertad
de obrar y seguir tal o cual camino los esenciales atributos del Espíritu.
17. El objeto final de todos los Espíritus es de llegar a la perfección de que
son susceptibles, siendo el resultado de este perfeccionamiento el gozar de la
suprema dicha, a la que llegan más o menos pronto, según sea el uso que hacen
de su libre albedrío.
18. Los Espíritus son los agentes del poder divino y constituyen la fuerza
inteligente de la naturaleza, concurriendo al cumplimiento de los deseos del
Creador para sostener la armonía general del universo y las leyes inmutables de la
creación.
19. Para intervenir como agentes del poder divino en la obra de los mundos
materiales, los Espíritus se revisten temporalmente de un cuerpo material. Los
Espíritus encarnados constituyen lo que se llama humanidad, pues que el alma del
hombre no es otra cosa que un Espíritu encarnado.
20. La vida espiritual es la normal y eterna del Espíritu; la corporal es
transitoria y pasajera, es un momento en la eternidad
.
21. La encarnación de los Espíritus esta en las leyes de la naturaleza, es
precisa para su perfeccionamiento y también para cumplir los destinos de Dios. Por
medio del trabajo que necesite la existencia corporal del Espíritu, perfecciona éste
su inteligencia, y adquiere, observando la ley de Dios, los meritos que deben
conducirle a la dicha eterna; resultando de esto que al paso que concurren a la
obra general de la creación, los Espíritus trabajan en su propio perfeccionamiento y
provecho.
22. El -perfeccionamiento del Espíritu es el fruto de su trabajo, y adelanta en
razón de su actividad o buena voluntad para obtener las cualidades que le faltan
.
23. No siendo posible al Espíritu obtener en una sola existencia corporal todas
las cualidades morales e intelectuales que le son precisas para llegar a su objeto
final, logra esto por medio de una serie de existencias, en cada una de las cuales
adelanta más en la vía del progreso y se purifica de alguna de sus imperfecciones.
24. A cada nueva existencia, el Espíritu lleva consigo el caudal de inteligencia
y moralidad que adquirió en sus existencias anteriores, lo mismo que los gérmenes
de las imperfecciones de que no se ha despojado todavía.
25. Cuando una existencia ha sido mal empleada por el Espíritu, es decir, que
no ha hecho ningún progreso en la vía del bien, no le sirve de provecho alguno y
debe empezarla de nuevo en condiciones más o menos penosas en razón de su
inteligencia o mala voluntad.
26. Debiendo, el Espíritu, a cada existencia corporal, adquirir algo bueno y
despojarse de algo malo, resulta que al cabo de cierto número de existencias, se
encuentra llegado al estado de Espíritu puro.
27. El número de existencias corporales es indeterminado, pero depende de
la voluntad del Espíritu el abreviarlas, trabajando activamente en su
perfeccionamiento moral.
28. En el intervalo de las existencias corporales el Espíritu está "errante" y
vive la vida espiritual, no teniendo la erraticidad duración determinada.
29. Cuando los Espíritus han adquirido en un mundo cualquiera la suma de
progresos que el estado de este mundo permite, lo abandonan para encarnarse en
otro mas adelantado, donde adquieren nuevos conocimientos, y así sucesivamente
hasta que no siéndoles necesaria la encarnación en un cuerpo material, viven
exclusivamente de la vida espiritual, no dejando por eso de progresar, si bien en
otro sentido y por otros medios. Llegados a la cumbre del progreso, gozan de la
suprema felicidad y son admitidos en los consejos del Todopoderoso, saben sus
pensamientos y son sus mensajeros y ministres directos para el gobierno de los
mundos, teniendo a sus órdenes los demás Espíritus, en diferentes grados de
perfeccionamiento.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL INFIERNO

Intuición de las penas futuras
1. En todos los tiempos el hombre ha creído, por intuición, que la vida futura debía ser
dichosa o desgraciada, en proporción al bien o al mal que hizo en la Tierra. La idea o cuadro que de ella se forma está en relación con el desarrollo de su sentido moral y de las nociones más o menos exactas que tiene del bien y del mal; las penas y los premios son el reflejo de los instintos
predominantes. Así es que los pueblos guerreros colocan la suprema felicidad en los honores
tributados al valor; los pueblos cazadores, en la abundancia de la caza; los pueblos sensuales, en las delicias de la voluptuosidad. Mientras el hombre está dominado por la materia, sólo puede
comprender de una manera imperfecta la espiritualidad, y por eso se crea, de las penas y goces
futuros, un cuadro más material. Se figura que debe uno beber y comer en el otro mundo, pero
mejor que la Tierra y cosas mejores. Más tarde se encuentra en las creencias respecto al porvenir una mezcla de espiritualidad y de materialidad, y por eso es que al lado de la beatitud
contemplativa, se coloca un infierno con tormentos físicos.
1. Un subyugado, a quien el cura de su aldea pintaba la vida futura de un modo seductor y atractivo, le preguntó si allí todo el mundo comía pan blanco como en París.
2. Al no poder comprender más que lo que vio, el hombre primitivo calcó naturalmente su
porvenir en el presente. Para comprender otros tipos distintos de los que tenía a la vista, necesitaba de un desarrollo intelectual que debía conseguirse con el tiempo. Por tanto, el cuadro que se imagina de los castigos de la vida futura no es más que el reflejo de los males de la Humanidad, pero en mayor extensión. Reúne en él todos los tormentos, todos los suplicios, todas las aflicciones que sufren en la Tierra. De este modo, en los climas abrasadores, imaginó un infierno de fuego, y en las regiones boreales, un infierno de hielo. No habiendo desarrollado todavía el sentido que debía hacerle comprender el mundo espiritual, sólo podía concebir penas materiales. He aquí la razón por la que, con algunas diferencias en la forma, el infierno de todas las religiones se asemeja.
El infierno cristiano imitado del infierno pagano
3. El infierno de los paganos, descrito y dramatizado por los poetas, ha sido el modelo más
grandioso en su género. Se ha perpetuado en el de los cristianos, el cual también tuvo sus cantores poéticos. Comparándolos se encuentra en ellos, salvo los nombres y algunas variaciones en los detalles, numerosas analogías: en uno y en otro el fuego material es la base de los tormentos, porque simboliza los más crueles padecimientos. Pero, ¡cosa extraña!, los cristianos, en muchos puntos, han sobrepujado al infierno de los paganos. Si estos últimos tenían en el suyo el tonel de las Danaides, la rueda de Ixan, la roca de Sísifo, eran suplicios individuales, pero el infierno cristiano tiene, para todos, sus calderas hirviendo, cuyas coberturas levantan los ángeles para ver las contorsiones de los condenados,2 y Dios oye sin piedad los gemidos de éstos durante la eternidad. Jamás dijeron los paganos que los moradores de los Campos Elíseos recreasen su vista con los suplicios tártaros.
sermón predicado en Montpellíer en 1860
con los suplicios del Tártaro.
3. “Los bienaventurados, sin salir del lugar que ocupaban, saldrán de cierto modo, en virtud de su don de inteligencia y de clarividencia, a fin de contemplar los tormentos de los condenados. Y viéndoles, no sólo no sentirán ningún dolor, sino que les enajerará la alegría, y darán gracias a Dios de su propia dicha asistiendo a la inefable calamidad de los impíos” (Santo Tomás de Aquino).
4. Como los paganos, los cristianos tienen su Rey de los infiernos, que es Satanás, con la
diferencia que Plutón se limitaba a gobernar el sombrío Imperio que le toco en suerte, pero no era malo: guardaba allí detenidos a los que habían obrado mal, porque era su misión, pero no se
ocupaba en inducir a los hombres al mal para darse el placer de hacerles sufrir, mientras que
Satanás busca en todas partes víctimas, que se complace en atormentar por sus legiones de
demonios armados de garfios para removerlos en el fuego. Se ha llegado incluso a discutir
seriamente sobre la naturaleza de este fuego que quema sin cesar a los condenados, sin consumirles jamás; se ha dicho si era o no un fuego de alquitrán. El infierno cristiano no es, pues, inferior en nada al infierno paganos.
Sermón predicado en París en 1861.
5. Las mismas consideraciones que movieron a los antiguos a localizar la mansión de la felicidad,
hicieron circunscribir también el lugar de los suplicios. Habiendo los hombres colocado la primera
en las regiones superiores, era natural colocar la segunda en las regiones inferiores, es decir, en el
centro de la Tierra, cuya entrada creían eran algunas cuevas sombrías y de aspecto terrible.
También allí los cristianos colocaron, durante largo tiempo, el lugar de los réprobos. Notemos
todavía sobre este asunto otra analogía.
El infierno de los paganos contenía, en un lado, los Campos Elíseos, y en el otro, el Tártaro.
El Olimpo, mansión de los dioses y de los hombres divinizados, estaba en las regiones superiores.
Según el Evangelio, Jesús descendió a los infiernos, es decir, a los lugares bajos, para sacar de allí
a las almas justas que esperaban su venida.
Los infiernos no eran, pues, únicamente un lugar de suplicios, lo mismo que los de los
paganos estaban en los lugares bajos. Así como el Olimpo, la mansión de los ángeles y de los
santos, estaba en las regiones elevadas, la habían colocado más allá del cielo de las estrellas, que se creía era limitado.
6. Esa mezcla de ideas paganas y de ideas cristianas no debe extrañarse. Jesús no podía
inmediatamente destruir creencias arraigadas. Los hombres carecían de los conocimientos
necesarios para concebir el infierno del espacio y el número infinito de mundos. La Tierra era para ellos el centro del Universo. No conocían ni su forma, ni su estructura interior. Todo para ellos estaba limitado a su punto de vista. Sus nociones sobre el porvenir no podían extenderse más allá de sus conocimientos. Jesús se encontraba, pues, en la imposibilidad de iniciarlos en el verdadero estado de las cosas. Pero, por otro lado, no queriendo con su autoridad sancionar preocupaciones admitidas, se abstuvo de ocuparse en ellas, dejando al tiempo el cuidado de rectificar las ideas. Se ciñó a hablar vagamente de la vida bienaventurada y de los castigos que sufrirán los culpables, pero en ninguna parte de sus enseñanzas se encuentra el cuadro de los suplicios corporales, hecho artículo de fe por los cristianos.
He aquí como las ideas del infierno pagano se han perpetuado hasta nuestros días. Ha sido
necesaria la difusión de los conocimientos de los tiempos modernos y del desarrollo general de la
inteligencia humana para condenarlas. Pero entonces, como nada positivo había suscitado a las
ideas admitidas, al largo período de una creencia ciega sucedió, como transición, el período de
incredulidad, al cual la nueva revelación viene a poner término. Era preciso demoler antes de
reconstruir, porque es más fácil hacer admitir ideas justas a aquellos que en nada creen, porque ven que les falta algo, que no a los que tienen una fe robusta en lo que es absurdo.
7. Por la localización del cielo y del infierno, las sectas cristianas han venido a admitir para
las almas sólo dos situaciones extremas: la perfecta dicha y el padecimiento absoluto. El purgatorio sólo es una posición intermedia momentánea, al salir de la cual pasan sin transición a la mansión de los bienaventurados. No podría ser de otro modo, según la creencia en la suerte definitiva de las almas después de la muerte. Si sólo hay dos mansiones, la de los elegidos y la de los réprobos, no se pueden admitir varios grados en una sin admitir la posibilidad de alcanzarlos, y por consiguiente, el progreso. Pues si hay progreso, no hay suerte definitiva y, si hay suerte definitiva, no hay progreso.
Jesús resuelve el problema cuando dice: “En la mansión de mi Padre hay muchas moradas.”
5. El Evangelio según el Espiritismo, Cáp. III.

lunes, 10 de octubre de 2011

EL HOMBRE DE BIEN

El verdadero hombre de bien es aquel que practica la ley de justicia, amor y caridad, en
su mayor pureza. Si interroga su conciencia sobre los actos practicados, se preguntará
si no transgredió esa ley, si no hizo mal, si realizó todo el bien que podía, si nadie tiene
algún motivo para quejarse de él, en fin, si hizo por los otros lo que desearía que
hiciesen por él. Poseído por el sentimiento de caridad y de amor al prójimo, hace el bien
por el bien mismo, sin esperar ninguna recompensa, y sacrifica siempre sus intereses en
favor de la justicia. Es bondadoso, humanitario y benevolente con todos, porque ve a los
hombres como hermanos, sin distinción de razas, ni de creencias. Si Dios le otorgó el
poder y la riqueza, las considera como un depósito que le compete utilizar para el bien.
No se envanece de ellas porque sabe que Dios, que fue quien se las dio, también puede
quitárselas. Si el orden social puso a otros hombres bajo su dependencia, los trata con
bondad y benevolencia, porque son sus iguales ante Dios. Utiliza la autoridad que posee
para elevar la moral de esos hombres, y no para oprimirlos con su orgullo. Es indulgente
con las flaquezas ajenas, porque sabe que también precisa de la indulgencia de los
otros, y tiene bien en cuenta aquellas palabras de Cristo: “El que de vosotros esté sin
pecado, que arroje la primera piedra”. No es vengativo. Siguiendo el ejemplo de Jesús,
perdona y olvida las ofensas, y sólo recuerda los beneficios, porque no ignora que, así
como haya perdonado, será perdonado a su vez. Respeta, en fin, en sus semejantes,
todos los derechos que las leyes de la Naturaleza les conceden, así como quiere que se
respeten en él esos mismos derechos. Allan Kardec: El Libro de los Espíritus: Pregunta
918. ¿Por qué signos se puede reconocer en un hombre el progreso real que debe elevar a su Espiritu en la jerarquía espírita?El Espíritismo prueba su elevación cuando todos los actos de su vida material ponen en prácticala ley de Dios y cuando comprenden por adelantado la vida espiritual.
El verdadero hombre de bien es aquel que practica la ley de justicia, amor y caridad en su mayor pureza Si interroga a su conciencia acerca de las acciones que ejecuta, se preguntará si no ha violado esa ley:si no hizo mal: si ha realizado todo el bien que pudo; si nadie tuvo que quejarse de el; en suma, si ha hecho a los demas cuanto hubiera querido que se hiciese con el:esta es la contestación del libro de los espiritus
En consonancia con las enseñanzas de la Doctrina Espírita, el Espíritu
demuestra su elevación, cuando todos los actos de su vida corporal evidencian la práctica
de la ley de Dios y cuando comprende anticipadamente la vida espiritual. Un Espíritu en
esas condiciones morales, cuando está encarnado, se convierte en el prototipo del hombre
de bien. Se puede decir, que el verdadero hombre de bien es aquel que practica la ley de
justicia, amor y caridad en su mayor pureza. Si interroga a su conciencia sobre los actos
practicados, se preguntará si no transgredió esa ley, si no hizo mal, si realizó todo el bien
que podía, si desaprovechó voluntariamente alguna ocasión de ser útil, si nadie tiene algún
motivo para quejarse de él; en fin, si hizo por el otro todo lo que desearía que hiciesen por
él. Deposita su fe en Dios, en Su bondad, en Su justicia y en Su sabiduría. Sabe que sin
Su permiso nada sucede, y se somete a Su voluntad en todo.
Tiene fe en el porvenir, razón por la cual coloca los bienes espirituales por encima de los
bienes temporales.
Sabe que todas las vicisitudes de la vida, todos los dolores, todas las decepciones
son pruebas o expiaciones y las acepta sin quejarse.
Imbuido del sentimiento de caridad y de amor al prójimo, hace el bien por el bien mismo,
sin esperar ninguna recompensa; retribuye bien por mal, asume la defensa del débil contra
el fuerte, y sacrifica siempre sus intereses en favor la justicia.
Siente satisfacción por los beneficios que esparce, por los servicios que presta, por
hacer dichosos a los otros, por enjugar lágrimas, por los consuelos que brinda a los
afligidos. Su primer impulso es pensar en los otros antes que en sí mismo, y cuidar los
intereses de los otros antes que su propio interés. El egoísta, por el contrario, calcula los
provechos y las pérdidas que pueda obtener de toda acción generosa.
El hombre de bien es bondadoso, humanitario y benevolente con todos, porque ve a
los hombres como hermanos, sin distinción de razas ni de creencias.
Respeta las convicciones sinceras de los otros y no condena a los que no piensan
como él.
En todas las circunstancias toma como guía a la caridad, y está convencido de que
aquel que perjudica a alguien con palabras malévolas, que hiere con su orgullo o con su
desprecio la sensibilidad de otro, que no retrocede ante la idea de causar un sufrimiento,
una contrariedad, por mínima que sea, cuando puede evitarlo, falta al deber de amar al
prójimo y no merece la clemencia del Señor.
No alimenta odio, ni rencor, ni deseo de venganza. Siguiendo el ejemplo de Jesús,
perdona y olvida las ofensas y sólo recuerda los beneficios, porque no ignora que así como
haya perdonado, será perdonando a su vez.
Es indulgente con las flaquezas ajenas, porque sabe que él también necesita de la
indulgencia de los otros y tiene bien en cuenta las palabras de Cristo: “El que de vosotros
esté sin pecado que arroje la primera piedra”.
No se complace en buscar los defectos ajenos, y menos aun, en ponerlos en
evidencia. Si se ve obligado a hacerlo, procura siempre el bien que pueda atenuar el mal.
Estudia sus propias imperfecciones y trabaja incesantemente para combatirlas.
Emplea todos sus esfuerzos para poder decir al día siguiente que hizo algo mejor que lo
realizado en la víspera.
No procura darle valor a su inteligencia ni a su talento a expensas del menoscabo de
los otros, sino que por el contrario, aprovecha todas las ocasiones para resaltar lo que ellos
tengan de beneficioso.
No se envanece de su riqueza ni de sus ventajas personales porque sabe que todo lo
que se le ha concedido, pueden quitárselo.
Usa pero no abusa de los bienes que se le han otorgado, porque sabe que es un préstamo
del que tendrá que rendir cuentas, y que el empleo más perjudicial que pueda hacer del
mismo, es utilizarlo para satisfacer sus pasiones.
Si el orden social puso a otros hombres bajo su dependencia, los trata con bondad y
benevolencia, porque son sus iguales ante Dios. Utiliza la autoridad que posee para elevar
la moral de esos hombres y no para oprimirlos con su orgullo. Evita cuanto le es posible
tornar más penosa la posición de subordinados en la que se encuentran.
A su vez, el subordinado comprende los deberes que le competen en la posición que
ocupa y se empeña en cumplirlos a conciencia.
Finalmente, el hombre de bien respeta en sus semejantes todos los derechos que las
leyes de la Naturaleza les concede, así como quiere que se respeten en él esos mismos
derechos.
No quedan así enumeradas todas las cualidades que distinguen al hombre de bien; pero,
aquel que se esfuerce por poseer las que acabamos de mencionar, se encuentra en el
camino apropiado que lo conducirá a todas las demás.
Sintetizando todas las cualidades del hombre de bien, encontramos en el Evangelio,
la figura del buen samaritano, verdadero paradigma que debería ser seguido por todos
aquellos que anhelan alcanzar la perfección moral. Para responder al doctor de la ley que
le pregunta quién es su prójimo, al cual debería amar como a sí mismo, el Maestro Divino
narró: Un hombre que descendía de Jerusalém a Jericó, cayó en manos de asaltantes, que
lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Aconteció que descendió un
sacerdote por aquel camino, y viéndole, siguió de largo. De igual modo, un levita que
pasaba por aquel lugar lo vio, y tomando otro camino, siguió de largo. Mas un samaritano
que viajaba, al llegar al lugar donde yacía aquel hombre, al verlo, tuvo gran compasión, y
acercándose a él, le puso aceite y vino en las heridas y los vendó. Después, lo colocó
sobre su caballo, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y se
lo dio al posadero diciéndole: “cuida muy bien de este hombre, y todo lo que gastes de
más, yo te lo pagaré cuando regrese”.
¿Quién de los tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los
asaltantes? — El doctor respondió: “Aquel que tuvo misericordia de él”. Entonces Jesús le
dijo: “Vete y haz tú lo mismo”. (Lucas, 10: 25 a 37)
¿Cuál es la enseñanza que nos brindó el Maestro? Esa enseñanza es que, para
poseer la vida eterna no basta con que memoricemos los textos de la Sagrada Escritura.
Lo necesario, lo esencial para obtener ese objetivo, es que pongamos en práctica, es que
vivamos la ley de amor y de fraternidad que él nos reveló y ejemplificó.
Jesús nos enseña que ser prójimo de alguien consiste en asistirlo en sus
aflicciones, es socorrerlo en sus necesidades, sin indagar sobre su creencia o nacionalidad
Muestra aún el Maestro que todos nosotros estamos en condiciones de brindar amor al
prójimo, aunque no seamos bien considerados por la sociedad, ya que toma un
hombre despreciable a los ojos de los judíos ortodoxos, a quien se lo consideraba hereje.
Este hombre, es un samaritano, e ¡increíblemente, lo pone como modelo, como patrón de
aquellos que deseen penetrar en los tabernáculos eternos! Y es que aquel renegado sabía
realizar buenas obras, sabía amar a sus semejantes, y para Jesús, lo importante, lo que
vale, lo que pesa, son los buenos sentimientos, porque son ellos los que modelan las
ideas y dinamizan las acciones
Efectivamente, según especifica Kardec, toda la moral de Jesús se resume en la
caridad y en la humildad, esto es, en las dos virtudes contrarias al egoísmo y al orgullo.
Todas sus enseñanzas señalan a esas dos virtudes como las que conducen a la felicidad
eterna: Bienaventurados, dice, los pobres de espíritu, es decir, los humildes, porque de
ellos es el reino de los cielos; bienaventurados los que tienen puro el corazón;
bienaventurados los que son mansos y pacíficos; bienaventurados los que son
misericordiosos; amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos; haced por los otros lo
que quisierais que hagan por vosotros; amad a vuestros enemigos; perdonad las ofensas
si queréis ser perdonados; practicad el bien sin ostentación; juzgaos a vosotros mismos
antes de juzgar a los otros. Humildad y caridad, es lo que no cesa de recomendar y de lo
que Él mismo nos da ejemplo. Orgullo y egoísmo, es lo que no se cansa de combatir. Y no
se limita a recomendar la caridad, sino que la expone claramente y en términos explícitos
como condición absoluta de felicidad futura.
El hombre de bien, por lo tanto, es todo aquel que vivencia el sentimiento de caridad
en todos los actos de su existencia.
Aún, en ese contexto, es oportuno resaltar que las cualidades del hombre de bien son
las que todo espírita sincero debe buscar para sí mismo. Esto porque el Espiritismo no
establece ninguna nueva moral; simplemente facilita a los hombres la comprensión y la
práctica de la moral de Cristo, posibilitando que los que dudan o vacilan puedan adquirir
una fe inquebrantable y esclarecida.
Por eso Kardec afirma: Se reconoce al verdadero espírita por su transformación moral
y por los esfuerzos que realiza para dominar sus malas inclinaciones.
Finalmente, diremos, también con Kardec: Caridad y humildad, tal es la única senda de
salvación. Egoísmo y orgullo, tal es la de la perdición. Todos los deberes del
hombre se resumen en esta máxima: FUERA DE LA CARIDAD NO HAY SALVACIÓN.

viernes, 30 de septiembre de 2011

CARTA DE UNA AMIGA

Carta de una amiga para el blog de Azucena que cuenta lo que paso con su primer enbarazo y con el dolor de corazón que quedo por en contrar personas que no saben hacer su trabajo; hace mucho que paso ahora esto no pasa hay muchas personas preparadas y las personas que les ha pasado estan más evolucionadas: pero ella lo quiere contar porque en el corazón de las personas responsables algo queda? por eso escribo la carta que mi amiga me ha mandado. amiga a qui tienes mi blog Tenia 20 años, me case todo fue muy bien, a los dos meses de casada me quedo en enbarazada: que contenta mi primer enbarazo que feliz le doy la noticia a mi marido me abrazo y lloramos de alegria nuestro primer hijo fuimos los más felices de la tierra, fui al ginecólogo que tenia, y como era verano no estaba y había un suplente( que más tarde hablando con marido dudabamos, si ese señor era ginecólogo o un aprendiz) solo estaba de medio mes? en la consulta de tal medico me palpo para saber si la matriz estaba bien cerrada, me fui a mi casa y me puse a llorar pues mi intuición me decía que la visita al medico no me había gustado nada. por la noche cuando vino mi marido de trabajar se lo conté y me dijo para animarme que todo iría bien que no le diera vueltas, al día siguiente empece a tener una poca de sangre, fui al medico que no me gustaba nada y se lo comente lo vi muy nervioso y me dijo que no pasaba nada porque lo había cogido a tiempo y me hecho una inyección que me cerro la matriz, y me dijo que fuese tranquila que no pasaba nada llegue a casa y me encontraba muy mal como era la primera vez que me quedaba embarazada y sintiéndome tan mal me acerque a casa de un familiar y se lo conté pues creía que ella como más experiencia por llevar 29 años casada y con dos hijos mayores y con nietos que me aconsejaría y me haría un poco de caso que en esos momentos necesitas un consejo o algo que te anime no me dijo nada pues estaba molesta por no haberla invitado a mi boda, yo pensé que cuando alguien te pide consejo sobre un problema que necesitas oir una palabra amable pues te encuentras asustada y no tiene al lado la madre ni las hermanas,( no me quiso comentar nada,) me fui más triste a casa? que cada momento me encontraba peor llame a mi marido al trabajo y no pudo venir pues en esos momento se encontraba en otro sitio que le habían mandado, no pude conectar con el hasta más tarde yo seguía estando mal. cuando vino mi marido se lo conté y me dijo que no me pusiese nerviosa que lo más seguro era la inyección, pronto estaría mejor, me dijo que se lo contó a su compañero de trabajo y que nos había en bitado a comer ha una casa que tenia fuera y que con todos allí me distraería y me encontraría mejor, al día siguiente era sábado y fuimos a comer a casa del compañero de trabajo al llegar a la casa empece por tener mucho frió, me dijeron todos que es que hacia frió ese día me senté en el sillón de la salita y me encontraba muy mal fui al lavabo y me había salido una poca de sangre lo comente y me dijeron todos que a veces salia sangre pero que era normal cuando terminaron de comer yo le dije a mi marido me quiero marchar a casa y nos fuimos me fui a la cama y estaba muy mal y sacando sangre me ha corde que tenia una amiga enfermera pero no estaba en casa pero se lo conté ha su madre que era enfermera jefe de una clínica
su madre me pidióla dirección para venir a verme y tardaba tanto que volví ha llamarla y me dijo que no de vio coger la dirección bien que llamaba al timbre y preguntaba por mi y allí no existía ese nombre y que no sabia el teléfono mio para llamar desde una cabina ( entonces porque esto paso hace mucho tiempo no había teléfonos móvil ni identificación de llamadas solo había el teléfono normal ) y esperaba que la volviera a llamar así fue me dijo hija vamos para la clínica así fue;llegue a la clínica donde ella trabajaba, y enseguida llego un doctor, que nada más verme me dijo que han hecho contigo yo le conté como había pasado y me dijo esta prohibirdo palpar a una embarazada hasta que no lleve tres meses degestación la matriz con la inyección sehabía cerrado tuvieron que hacer un raspado así sedecía entonces solo estaba de 20días, me llebaron al quirofano y metuvieron que abrir la matriz y me la limpiaron al estar de tampoco tiempo no había nada más que un coaguló de sangre y estaba sin vida. Lo pase muy mal porque podía haber sido mi primer hijo mi marido me abrazo y me dijo amor mio no quiero que pase esto nunca más porque he estado a punto de quedarme sin ti, buscaremos un buen medico que los hay no todos tienen que ser como el primero, me puse en manos en un buen medico y tengo 4 hijos tres barones y una chica
y estoy muy contenta pero el primero, con lo felices que estabamos pero,
al principio tenia rencor al medico que me hizo tanto daño no solo por mi sino por no conocer a mi primer hijo, pero han pasado los años y mi corazón no pude tener rencor porque esta lleno de amor
al cabo de los años mi amiga que escribe mi carta me convencio para ser espirita lo malo es que no puedo acompañarla al centro que va ella pero por eso tambien me siento espirita y lo llevo en mi corazón en una psicografia me dijeron que el niño que perdi queria estar a mi lado y a nacido cerca de mi yo se quien es y lo siento como mi hijo y el me quiere mucho y siempre que puede viene a verme el no lo sabe ni lo sabra nunca pero yo soy feliz porque quiso venir a la tierra con migo no pudo pero vino cerca de mi soy la persona más feliz del mundo tenemos los dos un algo que nos queremos mucho? sin saver el nada y nunca lo sabra ni el ni su familia: pero yo lo tengo cerca y tambien en mi corazón

viernes, 23 de septiembre de 2011

CONOCIMIENTO Y DIVISION DE LA LEY NATURAL

El conocimiento de la Ley Divina o Natural forma parte del progreso espiritual del
hombre, que ocurrirá luego de incontables reencarnaciones; en una sola existencias en
totalmente imposible tal aprendizaje.
Por otro lado, no es suficiente con que solamente nos informemos respecto a la
Ley Divina. Es necesario que la comprendamos en su verdadero sentido para que
podamos cumplirla. Todos pueden conocerla, pero no todos la comprenden. Los
hombres de bien y los que se deciden a investigarla son los que mejor la comprenden.
No obstante, todos llegarán a comprenderla algún día, porque es forzoso que el progreso
se efectúe.
La justicia de las diversas encarnaciones del hombre es una consecuencia de este
principio, puesto que en cada nueva existencia su inteligencia se encuentra más desarrollada
y comprende mejor qué es el bien y qué es el mal.
La verdad , para que sea útil, precisa ser revelada de conformidad con el
grado de entendimiento de cada uno de nosotros. De ahí que no haya sido puesta
siempre al alcance de todos, igualmente dosificada.
Kardec, instruido por las Voces de lo Alto, nos dice que en todas las épocas y en
todas las latitudes de la Tierra, siempre ha habido hombres de bien (profetas) inspirados
por Dios para contribuir a la marcha evolutiva de la humanidad.
Los «profetas, legisladores y sabios han sido los maleables instrumentos de los que
se sirvió al Padre Amantísimo a través de los tiempos, a fin de que el hombre dentro del
ergástulo del cuerpo, pudiera encontrar el rumbo seguro para alcanzar el reino venturoso
que lo espera.
Sin embargo, entre todos, Jesús fue el prototipo de la misericordia divina, «el tipo
más perfecto que Dios haya ofrecido al hombre, para que le sirviera de guía y modelo.
Modelo para ser imitado, que enseñó mediante el ejemplo y el sacrificio, que selló
con un testimonio supremo la excelencia de su amorosa condición mesiánica, a través
de la entrega de su vida, para incitarnos a incorporar a la actividad cotidiana de la
existencia, la incuestionable lección de la ofrenda santificante de sí mismo.
Síntesis del asunto
Las Leyes Morales
Estos profetas, sabios y legisladores que Dios envió (y envía) a la Tierra «son
Espíritus, que encarnan con el fin de hacer progresar a la humanidad». Son
Espíritus misioneros que pueden llegar a dejar de cumplir con su cometido por fuerza
de la influencia de la materia; sin embargo, como en definitiva eran hombres
geniales, aun entre los errores que enseñaron muchas veces se encuentran grandes
verdades». No obstante, vale la pena tener en cuenta que las grandes misiones
son confiadas a Espíritus para los cuales la posibilidad de fallar es muy reducida. Son
Espíritus que ya poseen un cierto bagaje espiritual, que han vivido innumerables
experiencias y que, al comprometerse con una cierta tarea, para ella se preparan
concienzudamente, antes de sumergirse en la existencia corporal. Por eso, para
esas misiones siempre son escogidos Espíritus ya adelantados, que cumplieron con
sus pruebas en otras existencias, visto que si no fueran superiores al medio en el que
saben actuar, su acción resultaría nula.
Siendo así, llegamos a la conclusión de que el verdadero misionero de Dios tiene
que justificar por su superioridad, por sus virtudes, por su grandeza, por el resultado y
por la influencia moralizadora de sus obras, la misión de la que dice ser portador.
Sacad también esta otra conclusión: si por su carácter, virtudes o inteligencia se
muestra por debajo del papel con que se presenta o del personaje bajo cuyo nombre
se coloca, no es más que un histrión de baja condición, que ni siquiera sabe imitar
el modelo que eligió.
Otra consideración más: los verdaderos misioneros de Dios ignoran su condición,
en su mayor parte; desempeñan la misión a la que fueron llamados impulsados por el
genio que poseen, secundados por el poder oculto que los inspira y dirige sin que lo
sepan, pero sin tener un designio premeditado. En una palabra: los verdaderos profetas
se revelan por sus actos, son descubiertos por los demás, al paso que los falsos
profetas se consideran ellos mismos enviados de Dios. Los primeros son humildes y
modestos; los segundos, orgullosos y llenos de sí mismos, hablan con altivez y como
todos los mendaces parecen siempre temerosos de que no se les crea.
Las leyes morales son una subdivisión de la Ley Divina o Natural. «Son de
todos los tiempos, las leyes morales de la vida que ha establecido el Padre Supremo.
Invariables, constituyen el rumbo de la felicidad en la senda evolutiva, se van
imponiendo paulatinamente a la inteligencia humana, encontrándose establecidas en
las bases de la armonía perfecta en que se equilibra la Creación.
Las leyes morales que expresa la Codificación Kardeciana, son las siguientes:
Leyes de adoración, trabajo, reproducción, conservación, destrucción, sociedad, progreso,igualdad, libertad y por fin la de justicia amor y caridad. La ultima ley es la más importante, por ser la que permite al hombre adelantar más en la vida espiritual, visto que resume a todas las otras..