sábado, 27 de diciembre de 2014

ESPÍRITUS PROTECTORES

¡Dios no deja de auxiliar y amparar a nadie! No existe la orfandad en ninguna parte del Universo. Donde y como estamos, existen Espíritus para orientarnos: son los Espíritus
Protectores, la protección de esos espíritus se manifiestan
de acuerdo con la jerarquía espiritual que ocupan,
Todos tenemos un buen espíritu que se une a nosotros desde nuestro nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando   correspondemos a sus cuidados, y dolorido cuando nos ve sucumbir.
Su nombre nos importa poco, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la tierra; lo invocamos como a nuestro ángel de la guarda nuestro buen genio; podemos también llamarlo con el nombre de un espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía.
Además de nuestro ángel de la guarda, que siempre es un espíritu superior, tenemos a los espíritus protectores, que no porque estén menos elevados, son menos buenos y benévolos; éstos son parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemos conocido en nuestra existencia actual. Nos asisten con sus consejos, y muchas veces con su intervención en los actos de nuestra vida.
Los espíritus simpáticos son aquellos que que unen a nosotros por cierta semejanza de gustos y de inclinaciones; pueden ser buenos o malos, según la naturaleza de las inclinaciones que les atraen hacia nosotros.
Por su parte, los espíritus seductores se esfuerzan en desviarnos del camino del bien, sugiriéndonos malos pensamientos. Se aprovechan de todas nuestras debilidades, que son como otras tantas puertas abiertas que les dan acceso a nuestra alma. Los hay que se aferran  como con una presa y no se alejan "sino cuando reconocen su impotencia en lucha contra nuestra voluntad".
Dios nos ha dado un guía principal y superior en nuestro ángel de la guarda, y como guías secundarios en nuestros espíritus protectores y familiares; pero es un error creer que tenemos cada uno de nosotros forzosamente un genio malo para contrarrestar las buenas influencias. Los malos espíritus vienen voluntariamente si encuentran acceso en nosotros por nuestra debilidad o por nuestra negligencia en seguir las inspiraciones de los buenos espíritus; nosotros somos, pues, los que los atraemos. De esto resulta que nunca estamos privados de la asistencia de los buenos espíritus, y que
depende de nosotros el separar a los malos. Siendo el hombre la primera causa de las miserias que sufre por sus imperfecciones, muchas veces él mismo, es su propio mal genio.
También debemos comprender el significado espirita de ángel, que es diferente al que dan algunas  religiones, que lo representan como una figura distante de la realidad de la vida, generalmente vistiendo una túnica muy blanca, aureolada de luminosidad, poseedor de los enormes alas y que vive en beatitud en el cielo. Para el Espiritismo los ángeles son, pues, las almas de los hombres que han llegado al grado de perfección que la criatura admite, gozando en su plenitud la prometida felicidad. Sin embargo, antes de alcanzar el grado supremo, gozan de una felicidad relativa a su adelanto, felicidad que consiste, no en la ociosidad sino en cumplir las funciones que Dios se complace en confiarles y por cuyo desempeño se sienten dichosos, teniendo también en él, un medio de progreso.
Un Espíritu protector podrá, en determinadas circunstancias, alejarse del protegido´se aleja cuando
ve que sus consejos son inútiles y que en el protegido es más fuerte la decisión de someterse a la influencia de los espíritus inferiores. Pero, no lo abandona por completo y siempre se hace oír. Es entonces el hombre quien se tapa los oídos. El protector vuelve siempre que éste lo llame
La certeza de existencias de protectores espirituales que velan nuestros pasos, que nos amparan en las dificultades propias de la evolución que iluminan nuestra mente y nuestro corazón en el largo camino de la vida, que nos sostienen en los momentos amargos, cuando el dolor nos visita, que nos infunden ánimo ante las pruebas de la vida, que comparten nuestras alegrías y se complacen con nuestro progreso moral, es muy consoladora y nos muestra, una vez más el inmenso amor del Padre celestial para con todos sus hijos.
La oración a los ángeles de la guarda, y a los espíritus protectores debe tener por
objeto solicitar su intervención para con Dios, y pedirles fuerza para resistir a las malas
sugestiones, así como su asistencia en las necesidades de la vida.

jueves, 4 de diciembre de 2014

TERNURA

Madrecita querida.
Te recuerdo en este momento en que me desperté para evocarte. Inclinada sobre mi cuna, cantabas, en voz baja y derramabas sobre mi rostro diminutas gotas de luz que más tarde supe que eran lagrimas.
Me abrigaste en tu seno, como si me transportaras en un blando nido y, a partir de entonces, nunca más me dejaste.
Cuando los demás se iban de fiesta, velabas conmigo y me enseñabas a pronunciar el bendito nombre de Dios. En otras ocasiones trabajabas con la aguja entre los dedos, mientras me contabas cuentos
de bondad y alegría para que me durmiera con sueños agradables.
Si yo huía por haber roto el peine o si volvía de la escuela con la ropa hecha jirones, cuando muchos aludían a castigos, tu tomabas mis manos entre las tuyas o besabas mis cabellos desordenados. Después crecí; te veía a mi lado como si fueras un ángel entre cuatro paredes. Crecí para el mundo, pero nunca dejé de ser en tus brazos, el niño a quien dedicaste tu vida. Hasta ahora, día tras día, pacientemente aguardas  con tu dulzura en el momento en que busco tu mirada, para sonreírme y bendecirme siempre, ¡incluso cuando mis problemas te destrocen el pecho como filos de aflicción!.
Hoy escuché la música de los millones de voces que te ensalzan.
Quise tomar las constelaciones del Cielo y combinarlas con el perfume de las flores que brotaron en el suelo, para tejerte una corona de reconocimiento y cariño pero como no pude vengo a traerte los pétalos de amor que recogí en mi alma.
¡Recibelos, Madrecita!. No se trata de perlas ni brillantes de la tierra. Son las lágrimas de ternura que Dios me concedió, a fin de que te ofrende mi propio corazón transformado en un poema de estrellas.

viernes, 28 de noviembre de 2014

CONSECUENCIAS PARA EL ESPÍRITU ABORTADO

En general, para el espíritu, ver cortado su camino a la vida física por un aborto significa una enorme frustración, una pérdida preciosa de tiempo y un gran sufrimiento moral, acompañado, al mismo tiempo, de gravísimas lesiones periespirituales y de un fuerte trauma mental. Podemos encontrar desde la reacción más positiva de un espíritu evolucionado, que sabrá sobreponerse al terrible acto, sin dejarse llevar por el odio y resentimiento y que desde pronto podrá estar capacitado para intentar una nueva inmersión en el mundo carnal, hasta la reacción más negativa del espíritu que, viendo su cuerpo en formación aniquilado y sometido a terribles mutilaciones, reacciona de una manera más descontrolada y agresiva, pues al sentirse traicionado, despreciado y expulsado de las entrañas maternas, el espíritu transforma su mundo íntimo que era de alegría y de esperanza, hacia las emociones traumatizantes de odio y de venganza, revolviéndose con inmenso dolor y angustia contra aquellos causantes de su desgracia, pudiendo acarrear unas consecuencias negativas de variada tipología. Una gran mayoría de espíritus abortados son recogidos y llevados a hospitales de la espiritualidad, donde son tratados hasta que puedan recuperar su forma espiritual adulta. Algunos de ellos responden de forma positiva a la terapia y, en más o menos tiempo, pueden recobrar su anterior configuración; pero otros espíritus, por el contrario, como consecuencia del gran choque y trauma mental que sufren, quedan mentalmente bloqueados y son incapaces de reaccionar correctamente al tratamiento, mostrándose su periespiritu con grandes deformaciones. Otras veces, ocurre que el espíritu rechazado se niega a colaborar, no queriendo rehacer su forma espiritual creyendo, en su dolor e ingenuidad, que si permanece en la forma infantil tendrá antes otras opciones para proseguir en su proceso de reencarnación.
Testimonio de un espíritu abortado (extraído el libro “Deixe-me viver” / Irene Pacheco Machado – Luiz Sergio)
Otro caso lamentable era el de Fernando: de cintura hacia abajo poseía la forma de un bebé, y de cintura hacia arriba su forma era de hombre. Su mirar destellaba odio. El médico le preguntó:
- Fernando, ¿desea que hoy conversemos?
- No, no quiero nada, tan sólo poder morir de una vez
- Fernando, sabe que eso es imposible. Tiene que volver a la Tierra para proseguir el viaje
- Ustedes son locos y sanguinarios. ¡Vean cuál es mi estado¡ Obedeciendo a la espiritualidad Mayor   
  frecuenté todos los cursos para sumergirme en un nuevo cuerpo físico y hoy ¿qué resta de mí?. Una
  deformación odiosa, por el  rechazo de alguien que prometió acogerme en su vientre. ¡Todo es
  mentira¡ No quiero nada ni creo ya en nada más.
- Fernando, por favor, vamos  a tratar de recuperar su antigua forma, ella está en su mente,
  entreguémonos a los brazos de Jesús y verá como es capaz de poder hacerlo.
Fernando gritaba:
- No puedo, ¿no se da cuenta de que estoy deformado?. Soy al mismo tiempo un hombre y un bebé
- No, usted no es un bebé. Usted es quien insiste en recordar tan terrible acto. Olvídelo, querido hermano   y busque en su alma la forma verdadera de su cuerpo de hombre.
- ¡No puedo, ellos me matan¡ La mesa… los aparatos…las jeringas… el dolor, el dolor me quema…
  ¡No, no me mate, madre¡ Yo no le hice ningún mal. Le pido solamente: déjeme nacer!
- Fernando, su cuerpo… Modélelo nuevamente como era antes¡
- ¡No puedo¡ Estoy siendo asesinado fríamente¡ ¿Qué les hice yo a ustedes, asesinos? Me reducen a un  feto y ahora, cobardemente, abusan de mi pequeñez y me matan¡ Por favor, déjenme nacer¡¡, no los
  perturbaré jamás. Abandónenme después para que otros me críen, pero no me maten, cobardes. Yo no tengo armas para defenderme. Algún día pagarán por esto y mi odio será eterno. ¿Cómo puedo llamarla
  madre cuando asesina a un hijo inocente e indefenso?
Diciendo esto, Fernando se desmayó.
- Todos los días intentamos traer a Fernando de nuevo a la realidad, pero él no consigue olvidar el aborto
  cobarde que sufrió.
(extraído el libro “Deixe-me viver” / Irene Pacheco Machado – Luiz Sergio)
En ningún momento voy a hablar de las consecuencias para los padres, ni para los médicos o personas que de una u otra forma se hayan involucrado en un aborto y que, según haya sido su grado de participación, conocimiento e intención, sin duda alguna han generado nuevos e ineludibles compromisos para un futuro y, de uno u otro modo y según cada caso, tendrán que reparar el mal hecho
Y no lo voy ha hacer porque yo no quiero que el miedo a posibles consecuencias negativas sea el factor que lleve a decir ¡no! al aborto, sino que, por el contrario, mi deseo es que el aborto sea vencido por el Respeto y el Amor al ser que está reencarnando. Porque el miedo es un sentimiento negativo que daña y anula a la persona y, sin embargo, el Amor es el sentimiento universal positivo por excelencia que engrandece al ser humano y que tiene la milagrosa y maravillosa propiedad de poder transformar su corazón.
LOS PADRES NO SON DUEÑOS DE SUS HIJOS
Tener en nuestras manos la posibilidad de decidir sobre la interrupción de un embarazo, con todas las consecuencias que ello conlleva, es siempre una decisión de extrema responsabilidad, porque se está decidiendo sobre la posibilidad de denegar la vida a un ser, atentando contra las leyes naturales y contra los designios de Dios.
Por tanto, después de haberse producido la fecundación y, a pesar de las múltiples justificaciones que se puedan alegar, sean cuales sean, la interrupción de un embarazo es siempre un lamentable error, un tremendo acto de injusticia y un ultraje y un desprecio hacia el ser en gestación.
Ser en gestación, por otra parte, que desde el primer momento trae consigo en las entrañas maternas un mensaje para sus padres, que si éstos supieran leer en el gran libro de las Leyes de Dios lograrían ver su contenido, que más o menos podría ser el siguiente:
“Vosotros habéis sido escogidos por Mí para educar y proteger a esta alma que pongo en vuestras manos. Ella es única e irrepetible, pues no existe ni existirá otra igual. Respetadla y amadla sean cuales sean las circunstancias en que os sea entregada. Y, sobre todo, recordad que no os pertenece, sino que Yo os la cedo a vuestro cuidado hasta el día en que os llame para preguntaros que habéis hecho con ella.”
Firmado: Dios
Porque los hijos no son de los padres ni les pertenecen, pues ellos no han creado al espíritu de su hijo, sino que el hijo que ahora viene al mundo físico ya existe desde mucho antes del acto sexual que origina la concepción del nuevo ser.
Los hijos son hijos de Dios, que descienden al mundo físico a través de los padres, quienes de esta manera colaboran en Su obra proporcionando al espíritu los materiales necesarios para que pueda formar su nueva vestimenta carnal, de manera que debemos desterrar el concepto de que los padres puedan atribuirse el derecho o la capacidad para decidir sobre la posibilidad o no de cortar el camino a la vida física de un espíritu frustrando, mediante el aborto, su proceso de reencarnación.
Debe quedar bien claro, también, que el derecho de vida del feto ha de estar siempre por encima del confort psicológico y del libre albedrío de los padres, pues el interés y el beneficio espiritual ha de ser siempre un bien superior a los intereses transitorios, inmediatistas y materiales de la vida carnal.

Cita de una conferencia de Alfredo Tabueña.

viernes, 14 de noviembre de 2014

JUZGAR POR LAS APARIENCIAS

He vuelto a leer las Memorias del Padre Germán al cual admiro desde la primera vez que las leí.
El Padre Germán era un gran médium y gran comunicador, ayudaba a todos con humildad.
No conoció el amor de su madre desde pequeño, pero Amo mucho a Dios con el que siempre estaba hablando.
Era un espíritu muy adelantado, pensaba en la vida después de la muerte, que la tierra era un lugar de expiación al cual se viene a pagar las penas de otras vidas y ayudaba a los demás para la salvación de sus  almas.
 Padre Germán: ¡Señor! ¡Señor! ¡Cuán culpable debí ser en mi anterior existencia! Pues yo estoy bien seguro que ayer he vivido y viviré mañana, no de otro modo puedo explicarme la continua contrariedad de mi vida. Y Dios es justo, y Dios es bueno, y Dios no quiere que se descarríe la última de sus ovejas y el espíritu se cansa como se cansa el mío de tanto sufrir. ¿Qué he hecho yo en el mundo? ¡Padecer! Vine a la tierra y mi pobre madre o murió al darme a luz, o la hicieron morir, o la obligaron a enmudecer, ¡quién sabe! El más profundo misterio veló mi nacimiento. ¿Quién me dio el primer alimento? Lo ignoro; no recuerdo que ninguna mujer meciera mi cuna. Mis primeras sonrisas a nadie hicieron sonreír. Hombres con hábitos negros veía en torno de mi lecho al despertar. Ni una
caricia, ni una palabra de ternura resonaba en mis oídos; toda la condescendencia que tenían conmigo era dejarme solo en un espacioso huerto; y los padres de mi fiel Sultán (hermosísimos perros de Terranova) eran mis únicos compañeros.
En las tardes de verano, a la hora de la siesta, mi mayor gusto era dormir reposando mi cabeza sobre el cuerpo de la paciente Zoa, y aquel pobre animal permanecía inmóvil todo el tiempo que yo quería descansar. Éstas fueron todas las alegrías de mi niñez. Nadie me castigó nunca, pero tampoco nadie me dijo: Estoy contento de ti. Sólo la pobre Zoa lamía mis manos, y sólo León me tiraba de las mangas del hábito y echaba a correr como diciéndome: “Ven a correr conmigo”, y yo corría con ellos, y entonces... sentía el calor de la vida.
Cuando dejé mi encierro, nadie derramó una lágrima; únicamente me dijeron: “cumple con tu deber”. Y como recuerdo de mi niñez y de mi juventud, me entregaron a Sultán, entonces juguetón cachorrillo, y comencé una era menos triste que la anterior, pero triste siempre.
Amante de la justicia, mis compañeros me señalaron con el dedo; me conceptuaron como elemento perturbador, y me confinaron en una aldea donde pasé más de la mitad de mi vida; y cuando la calma se iba apoderando de mi mente, cuando la más dulce melancolía me dejaba sumido en mística
meditación, cuando mi alma gozaba algunas horas de apacible sueño moral, me llamaban de la ciudad vecina para bendecir un casamiento, para recoger la postrer confesión de un moribundo, para asistir a la agonía de un reo en capilla; y contrariado siempre, nunca he podido, al concebir un plan, llevarlo
a efecto, por sencillo que fuera. Y yo he sido un ser inofensivo, he amado a los niños, he consolado a los desgraciados, he cumplido fielmente con los votos que pronuncié. ¿Por qué esta lucha sorda? ¿Por qué esta contrariedad continua? Si mi espíritu no tiene derecho de individualizarse más que en esta existencia, ¿por qué Dios, amor inmenso (que en Él todo es amor), me ha hecho vivir en esta terrible soledad? ¡Ah! no, no, no mi propio tormento me dice que viví ayer. Si no reconociera mi pasado, yo
negaría a mi Dios. Y yo no puedo negar la vida. Pero ¡ah! ¡Cuánto he sufrido! ¡Sólo una vez he podido hacer mi voluntad; sólo una vez he desplegado la energía de mi espíritu, y cuán feliz fui entonces!
¡Oh! ¡Señor! ¡Señor! Las fuerzas de mi alma no pueden inutilizarse en el corto plazo de una existencia. ¡Yo viviré mañana, yo volveré a la tierra y seré un hombre dueño de mi voluntad! Y yo te proclamaré, Señor, no entre hombres supeditados a vanos formalismos. Yo proclamaré tu gloria en las Academias, en los Ateneos, en las Universidades, en todos los templos del saber, ¡en todos los laboratorios de la ciencia! ¡Yo seré uno de tus sacerdotes! ¡Yo seré uno de tus apóstoles, pero no haré más votos que
seguir la ley de tu Evangelio! Yo amaré, porque tú nos enseñas a amar. Yo me crearé una familia,
porque tú nos dices creced y multiplicaos. Yo vestiré a los huérfanos, como tú vistes a los lirios de los valles. Yo hospedaré al peregrino, como tú hospedas en las enramadas a las aves. Yo difundiré la luz de tu verdad, como tú difundes el calor, y esparces la vida con tus múltiples soles en tus infinitos universos. ¡Oh! Sí, yo viviré, porque si no viviera mañana, negaría tu justicia, Señor!
Yo no puedo ser un simple instrumento de la voluntad de otros. ¿Por qué, entonces, para qué me has dotado de entendimiento y de libre albedrío? ¡Si todo cumple su trabajo en la creación, mi iniciativa deben cumplir el suyo; y yo nunca he estado contento con las leyes de la tierra!
¿Cuándo, cuándo podré vivir?
¡Cuántas veces, Señor, cuántas veces he acudido para confesar a los reos de muerte, y si hubiera podido, me hubiese llevado a aquellos infelices a mi aldea y hubiera partido mi escaso pan con ellos! ¡Cuántos monomaniacos! ¡Cuántos espíritus enfermos me han confiado sus más secretos pensamientos, y he visto muchas veces más ignorancia que criminalidad!
 ¡Señor! ¡Señor! ¿Cuándo llegará el día que pueda dejar este valle de amargura? Tengo miedo de permanecer en la tierra; el espejismo de las experiencias sociales me oculta los abismos del crimen, y temo caer. Cuando un ser desconocido se postra ante mí, y me cuenta su historia,
siento frío en el alma y exclamo con angustia: “¡Otro secreto más! ¡Otra nueva responsabilidad sobre las muchísimas que me abruman! ¿Soy yo acaso perfecto? ¿Tengo más luz que los otros para que así me obliguen a servir de guía a unos cuantos, ciegos de entendimiento? ¿Por qué esa distinción? Si yo he sentido como ellos, si yo he tenido mis pasiones más o menos comprimidas, si yo me he visto precisado a huir del contacto del mundo para que mi corazón cesara de latir, ¿por qué este empeño en querer que la frágil arcilla sea fuerte como las rocas de granito?” ¡Pueblos ignorantes que vivís entregados a la voluntad de algunos míseros pecadores! ¡No sé quiénes son más dignos de compasión; si vosotros. que os engañáis creyéndoos grandes, o nosotros que nos vemos pequeños!
¡Señor! ¡Señor! ¿Por qué habré nacido en la casta sacerdotal? ¿Por qué me has obligado a guiar pobres ovejas si no puedo guiarme a mí mismo.? ¡Señor! ¡Tú debes tener otras moradas, porque en la tierra se
asfixia el alma pensadora al ver tanta miseria, tanta hipocresía! Yo quiero ir por buen camino y en todos los senderos encuentro precipicios para caer en ellos. ¡Oh, el sacerdote! El sacerdote debe ser sabio, prudente, observador, recto en su criterio, misericordioso en su justicia, severo y clemente, juez y parte a la vez, ¿Y qué somos en realidad? Hombres falibles, débiles y pequeños. Mis compañeros me abandonan, porque no me quiero proclamar como ellos impecable. Dicen que defraudo los intereses de la iglesia. ¿Y acaso la Iglesia necesita los bienes de la tierra? ¿Necesitará la iglesia de
Dios los míseros dones de los hijos del pecado? En el templo del Eterno no hacen falta las ofrendas de metales corruptibles; con el incienso de las buenas obras de las almas grandes, se perfuman los ámbitos inmensos de la Basílica de la Creación.
¡Señor, inspirarme! Si voy por el mal camino, apiádate de mí, porque mi único deseo es adorarte en la tierra amando y protegiendo a mis semejantes y seguirte amando en otros mundos, donde las almas estén por sus virtudes más cerca de ti.
Extraído del libro Memorias del Padre Germán

sábado, 1 de noviembre de 2014

LA CORONA Y LAS ALAS

Se comentaba, en la reunión, las glorias del saber, cuando el, Señor para ilustrar la conversación, contó, con simplicidad:
 Un hombre amante de la verdad, informándose de que el perfeccionamiento intelectual conduce a la divina sabiduría, se lanzó a la subida de la montaña de la ciencia, empeñando todas las fuerzas que poseía en el decisivo emprendimiento. El sendero era sombrío cual oscuro laberinto; sin embargo, el esforzado batallador, olvidando dificultades y peligros, avanzaba siempre, cambiando de vestuario para mejor acomodarse a las exigencias de la marcha. De tiempos en tiempos, lanzaba a la margen de la carretera una túnica que se hiciera estrecha o una alpargata que se le figuraba inservible, buscando indumentaria nueva, hasta que, un día, después de muchos años, alcanzó la deseada culminación, donde un representante de Dios le surgió al encuentro.
El emisario lo saludó, lo abrazó y le revistió la frente con deslumbrante corona de luz. Pero, cuando el vencedor del conocimiento quiso proseguir adelante, en la dirección al Paraíso, le recomendó el mensajero que volviese atrás sobre sus pasos, para ver la senda recorrida y que, de su actitud en la revisión del camino, dependería la concesión de alas con las que le sería posible volar al encuentro del Padre Eterno.
El interesado regresó, pero, ahora, auxiliado por la fulgurante aureola con la que fuera investido, podía contemplar todos los ángulos de la senda, antes inextricable a su mirada.
No contuvo la risa, delante de los extraños ropajes que los viajeros de la retaguardia vestían.
Aquí, notaba una túnica rota; más allá, una sandalia extravagante. Innumerables peregrinos se apoyaban en bordones quebradizos, mientras otros se amparaban en míseras capas; no obstante, cada cual, con impertinencia infantil, marchaba señor de sí mismo, como si vistiera la ropa más valiosa del mundo.
El vencedor de la ciencia no aguantó las impresiones que el cuadro le causaba y se abrió en frases de burla, reprobando acremente la ignorancia de cuántos seguían con ropas ridículas o inadecuadas. Gritó, condenó e hizo burlas contundentes. Se dirigió a la comunidad de los viajeros con tanta ironía que muchos renunciaron a la subida, regresando a la inercia de la vasta planicie.
Después de maldecir a todos, indistintamente, volvió el héroe coronado a la cumbre del monte, en la expectativa de partir sin demora al encuentro del Padre, pero el Ángel, muy triste, le explicó que el ropaje de los otros, que le provocara tanto sarcasmo inútil, era aquel mismo que él se sirviera para elevarse, en el tiempo que era débil y medio ciego, y que las alas de luz, con que debería elevarse al Trono Divino, solamente le serían dadas, cuando edificase el amor en lo mas íntimo del corazón. Le faltaban piedad y entendimiento; que él volviese demoradamente al camino y auxiliase a sus semejantes, sin lo que jamás conseguiría equilibrarse en el Cielo. Se siguieron algunos minutos de silencio impenetrable...
El Maestro, imprimiendo aún significativo énfasis a las palabras, terminó:
Hay muchas almas, en la Tierra, ostentando la luminosa corona de la ciencia, pero de corazón adormecido en la impiedad, destacándose en el sarcasmo pueril y en la censura indebida. Envenenadas por la incomprensión, exigentes y crueles, fulminan a los compañeros más cortos de entendimiento o de cultura, en vez de extenderles las manos fraternales, reconociendo que también ya fueron así, vacilantes e imperfectos... No obstante, mientras no se decidan a ayudar al hermano menos esclarecido y menos afortunado, acogiéndolo en el propio espíritu, con sinceridad y dedicación, no recibirán las alas con que les será lícito partir en la dirección al Cielo.

viernes, 17 de octubre de 2014

HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE

Desiste de toda crítica y juicio, albergando en tu alma solamente agradecimiento y reconocimiento.
Honra todos los días las fuentes sagradas de la vida que te crearon y protegieron desde el primer  instante. Puede ser que tus padres no hayan sido aquellos que tú creías que deberían ser, o se hayan portado hiriéndote de alguna forma. Ellos tambien son humanos.
Sin embargo fue a través de ellos que recibiste el vaso sagrado que te abriga el cuerpo bendito en el cual te ejercitas hacia la armonía y la paz, expresando la vida que Dios te dio. Y eso los vuelve dignos eternamente. Mira con amor a tus padres, honrándolos con tu gratitud y deja que la fuerza sagrada de su grandeza te abastezca.
Desiste de toda critica y juicio, albergando en tu alma solamente agradecimientos y reconocimiento. No eres victima de nada ni de nadie, porque si estas vivo es gracias a quienes fueron instrumentos de Dios para ti. Honrarlos siempre. haciendo de tu vida un ejercicio de amor sano y productivo para el bien común y encontrarás alegría para tu alma.
extraído del libro Píldoras de Esperanza de Andrei Moreira. por el espíritu Días Da Cruz

sábado, 4 de octubre de 2014

LA LUCHA CONTINUA

Mientras nos hallamos en el cuerpo material, no nos hacemos idea exacta de lo que es, en realidad, la vida más allá de la muerte. Ni aún con lo que el Espiritismo nos ayuda a pensar seriamente en ello, podremos calcular relativamente el futuro después del sepulcro,
Los cuadros sublimes o terribles en el plano externo, corresponden, de algún modo, a nuestra expectativa pero los fenómenos morales dentro de nosotros mismos, son siempre fuertes e inesperados.
Antes del tránsito, todo me parecía infinitamente simple.
La muerte, creía, vendría a ser una mera liberación del Espíritu, y nada más. Nuestra alma se dirigiría a esferas en las que sería juzgada, de donde volvería a reencarnar, en caso de no ser transferida a los Mundos Felices.
Comprendo hoy que aceptar esta fórmula sería lo mismo que menoscabar la existencia humana, declarando que el hombre apenas renacerá en la Tierra, respirará entre las criaturas, y, seguidamente, se libertará del cuerpo de densa condensación flúidica. ¡Cuántos conflictos, no obstante, entre la llegada y la disgregación del vehículo carnal! ¡Cuántas lecciones entre la infancia y el declinar de las fuerzas físicas!
Reconozco ahora, que las dificultades no son menores para el alma liberada, de lo que son los pesados fardos del plano material. Entre el acto de perder el cuerpo físico y la iniciación de la reencarnación o de la elevación, tenemos el tiempo, y el contenido de ese tiempo reside en nosotros mismos. ¡Cuántos óbices a vencer! ¡Cuántos enigmas a solucionar!
Creí que el fin de las limitaciones corporales trajese inalterable paz al corazón, ¡pero no es así! En el fondo, en nuestras organizaciones religiosas, somos una especie de combatientes prontos a batallar a distancia de nuestra morada, y cuando nos juzgamos en posesión de la victoria final, tornamos al círculo doméstico para enfrentar, individualmente, la misma guerra dentro del hogar. Vestimos el ropaje de la carne con el fin de luchar y aprender y, si muchas veces sorbemos el desencanto de la derrota, en muchas ocasiones nos sentimos triunfadores. Somos, pues, hijos de la turba distraída, compañeros de mil compañeros, cooperadores de mil cooperadores.
Llega, entonces, el momento en que la muerte nos reconduce a la intimidad del hogar interior. Y si no hubo de nuestra parte la preocupación de construir, ahí dentro, un santuario para las determinaciones divinas, ¿cuántos días no emplearemos en la limpieza, en el reajuste y en la iluminación?
¡Oh, mis amigos del Espiritismo que tanto amo!
Es para vosotros  miembros de la gran familia que tanto deseo servir que dicté estas páginas, sin la presunción de convencer. ¡No se crean a tono con la Ley, por haber atendido a pequeños deberes de solidaridad humana; ni se supongan preparados para alcanzar el paraíso, por haber recibido la manifiesta protección de un ser espiritual! ¡Ayúdense a sí mismos en el desempeño de las obligaciones evangélicas! Espiritismo no es solamente la gracia recibida; es también la necesidad de espiritualizarnos para alcanzar las esferas superiores. Les hablo hoy con experiencia más amplia.
Después de pasados muchos años en las lides de la Doctrina, estoy ahora comenzando el aprendizaje, para no ser el compañero inadecuado o el servidor inútil. Tengan la certeza de que el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo no es solamente el conjunto brillante de enseñanzas sublimes, propias para ser comentadas en nuestras adoctrinaciones; es Código de Sabiduría Celestial, cuyos dispositivos no podemos confundir.
Agradezco, sensibilizado, la colaboración de los espíritus de Emmanuel y de André Luiz, en los registros humildes de mi renovación espiritual, en estas páginas que dedico a mis hermanos de ideal y de servicio.
Y pidiendo a Jesús que nos fortalezca a todos en la tarea que nos ha sido encomendada, a fin de que podamos entendernos, ruego también ayuda para mí mismo, a fin de que la Luz Divina me ilumine y auxilie en el nuevo camino de trabajo y de elevación, porque, si la experiencia carnal culmina y pasa, la vida prosigue y la lucha continúa.