sábado, 31 de marzo de 2012

LEY DE TRABAJO

El trabajo es una ley de la naturaleza, por eso mismo constituye una necesidad, y la civilización obliga al hombre a trabajar más, porque aumenta sus necesidades y
gozos. El trabajo en el hombre tiende a un doble fin: la conservación del cuerpo y el desenvolvimiento de la facultad de pensar, lo qué también es una necesidad y lo eleva por sobre si mismo. En los diversos mundos del universo, «la naturaleza del trabajo guarda relación
con la naturaleza de las necesidades. Cuando menos materiales son éstas, menos material es el trabajo. Pero, no deduzcáis de ahí que el hombre permanezca inactivo e
inútil. La ociosidad seria un suplicio en vez de un beneficio.
NECESIDAD DEL TRABAJO
En general el vocablo trabajo puede ser definido como: «ocupación de alguna
obra o menester; ejercicio material o intelectual para hacer conseguir alguna cosa.
Sin embargo, el trabajo es una ley de la Naturaleza mediante la cual el hombre forja su propio progreso, desarrollando las posibilidades del medio donde se sitúa, ampliando los recursos de preservación de la vida, por medio de sus necesidades inmediatas en la comunidad social donde vive. No obstante, el trabajo no se limita tan sólo al esfuerzo de orden material o físico, sino también al intelectual, por la labor desarrollada cuando se tiene por objetivo las manifestaciones culturales, el conocimiento, el arte, la ciencia.
Mediante el trabajo abnegado, del cual no resulta intercambio ni permuta de reenumeración se modifica a asimismo, creciendo en sentido moral y espiritual.
Por un proceso se desenvuelve en sentido horizontal y sé mejora exteriormente; por
el otro asciende en el sentido vertical de la vida y se transforma desde adentro hacia fuera.
Valiéndose del primer recurso de conquista simpatía y respeto, gratitud y amistad.
A través de su entrega personal consigue superarse, revelando ser un instrumento de la
Misericordia Divina en la tarea de edificación de la felicidad de todos.
Sin el trabajo el hombre permanecería siempre en la infancia, en cuanto a la
inteligencia se refiere. Por eso es que su alimento, su seguridad y su bienestar dependen de su trabajo y actividad; al hombre de físico extremadamente débil Dios le otorgó la inteligencia, en compensación. Pero siempre es un trabajo. El trabajo es, junto con la oración, el más eficiente antídoto contra el mal, porque conquista valores inestimables con los que el espíritu corrige las imperfecciones y educa la voluntad. El momento de peligro para el cristiano activo es el del ocio, no el del sufrimiento ni el de la lucha ardua.
En la ociosidad surge y crece el mal. En el dolor y en la tarea resplandecen la luz de la oración y la llama de la fe. En los mundos más evolucionados, así como en los inferiores, la naturaleza del trabajo no es la misma. La naturaleza del trabajo guarda relación con la naturaleza de las necesidades. Cuando menos materiales son éstas, menos material es el trabajo. Pero, no deduzcáis de ahí que el hombre permanezca inactivo e inútil. La ociosidad sería un suplicio en vez de un beneficio. En los mundos primitivos los habitantes son más rudimentarios. La fuerza bruta es, entre ellos, la única ley. Carentes de industrias y de invenciones, pasan la vida a la conquista de alimentos. En los mundos que han llegado a un grado superior, las condiciones de la vida moral y material son muy diferentes a las de la vida en la tierra. Sin embargo, los mundos felices no son privilegiados, ya que Dios no es parcial
con ninguno de sus hijos;... todos pueden acceder a las categorías más altas: solo les corresponden conquistarlas mediante el trabajo, alcanzarlas mas a prisa o permanecer inactivos durante siglos y siglos en el lodazal de la humanidad. Biblografia libro de los Espiritus preg 674 a 681 de Allan Kardec. del libro el Evangelio segun los Espiritus. Hay muchas moradas en casa de mi padre Item 8 Item 9 Item12 de Allan Kardec

miércoles, 21 de marzo de 2012

LEY DE DESTRUCCION

Los flagelos destructores son de dos tipos: los naturales y los provocados por
los hombres. En la primera línea de los flagelos destructores, naturales e
independientes del hombre, deben ser colocados las pestes, el hambre, las
inundaciones, las perturbaciones atmosféricas fatales para las producciones de la
tierra. Sin embargo, ¿no ha encontrado el hombre en la Ciencia, en las obras de
arte, en el perfeccionamiento de la agricultura, en la racionalización de las siembras y
en los regadíos, en el estudio de las condiciones higiénicas, medios para impedir o al
menos atenuar muchos desastres? ¿Qué no hará el hombre por su
bienestar material cuando sepa agregar el sentimiento de verdadera caridad para
con sus semejantes? Dios castiga a la Humanidad con flagelos destructores para hacerla
progresar con más rapidez.
El hombre es impulsado a la guerra por el «predominio de la naturaleza animal
sobre la naturaleza espiritual y el desbordamiento de las pasiones.
La Providencia hace necesaria la guerra con el objeto de alcanzar «la libertad y
el progreso.
FLAGELOS DESTRUCTORES: GUERRAS
«Todo lo que vive en este mundo: naturaleza, animal, hombre, sufre y sin embargo,
el amor es la ley del Universo y fue por amor que Dios formó a los seres. Esta contradicción
aparentemente horrible, este problema angustioso perturbó a tantos pensadores y los
condujo a la duda y al pesimismo.
El animal está sometido a la lucha ardiente por la vida. Entre las hierbas del prado,
las hojas y ramajes de los bosques, en el aire, en el seno de las aguas, por todas partes se
desarrollan dramas ignorados.
En cuanto a la Humanidad, su historia no es más que un largo martirologio. A través de los tiempos, por sobre los siglos, rueda la triste melopea de los sufrimientos
humanos
El dolor sigue todos nuestros pasos; nos acecha en todas las curvas del camino. Y
frente a esta esfinge que lo observa con su mirada extraña, el hombre se plantea la eterna
pregunta: por qué existe el dolor?
Fundamentalmente considerado, el dolor es una ley de equilibrio y educación.
En este sentido, los flagelos destructores son permitidos por Dios para que la
Humanidad pueda «progresar más de prisa. Además, la palabra flagelo generalmente
es interpretada como algo perjudicial cuando, en realidad, representa el medio por el cual
las transformaciones necesarias al progreso humano se realizan más rápidamente.
Es muy cierto que existen otros procesos, menos rigurosos, para hacer que los
hombres progresen y Dios los emplea todos los días, pues dio a cada uno los
medios de progresar por el conocimiento del bien y del mal. El hombre, no obstante, no
aprovecha esos medios. Por lo tanto, se hace necesario que sea castigado en su orgullo y
que se le haga sentir su debilidad.
Y con el abatimiento del orgullo, la Humanidad se trasforma, como ya se
transformó en otras épocas, y cada transformación queda señalada con una crisis que es,
para el género humano, lo que son para los individuos las crisis de crecimiento. Aquellas
resultan muchas veces penosas, dolorosas, arrebatan consigo a las generaciones y las
instituciones, pero son siempre seguidas de una fase de progreso material y moral.
Cuando los flagelos naturales, tales como cataclismos, inundaciones, hambre,
epidemias de enfermedades y de plagas de plantaciones, la sequía, los terremotos y
maremotos, las erupciones volcánicas, los ciclones, etc., se abaten sobre la Humanidad,
muchos se rebelan contra Dios y pierden valiosas oportunidades de comprender el
significado de tales acontecimientos.
«La Ley del Karma o de Causa y Efecto ejerce su ineludible influencia no sólo
sobre los hombres, en forma individual, sino también sobre los grupos sociales.
Así, por ejemplo, cuando una familia, una nación o una raza busca algo que le
traiga mayores satisfacciones, se esfuerza por mejorar sus condiciones de vida o adopta
medidas tendientes a acelerar su desenvolvimiento: sin perjudicar o hacer mal a otro
está contribuyendo, de alguna forma, a la evolución de la Humanidad, y esto es bueno.
Recibirá entonces nuevas y más amplias oportunidades de trabajo y progreso,
conduciendo a los elementos que la componen a niveles cada vez más elevados.
No obstante, si procede al contrario, tarde o temprano sufrirá la pérdida de
todo aquello que adquirió injustamente, en circunstancias más o menos trágicas y
aflictivas, según el grado de malicia y crueldad que haya caracterizado sus acciones.
Es así que más tarde, en otras existencias planetarias, son convocados a expiaciones
colectivas o individuales, que aparecen bajo la forma de flagelos destructores.
Sin embargo, sucede que muchos flagelos son el resultado de la imprevisión
del hombre. A medida que adquiere conocimiento y experiencia puede ir conjurándolos,
es decir, previniéndolos, si sabe investigar sus causas. A pesar de eso, entre los males
que afligen la Humanidad hay algunos de carácter general que están en los decretos de la
Providencia y de los cuales cada individuo recibe, en mayor o menor medida, el
contragolpe. A esos el hombre nada puede oponer sino la sumisión a la voluntad de
Dios. Esos mismos males, sin embargo, él los agrava, muchas veces, por su negligencia.
En la primera fila de los flagelos destructores, naturales e independientes del hombre,
deben ser colocados la peste, el hambre, las inundaciones, las tempestades fatales para
las producciones de la tierra.
Al enfrentar esos flagelos, el hombre es impulsado por la fuerza de la necesidad a
buscar soluciones para liberarse del mal que lo ataca. Es por eso que el dolor se transforma
en un proceso o un medio de equilibrio y educación, como ya hemos señalado.
Asimismo, las guerras, que no representan más que el predominio de la naturaleza
animal sobre «la naturaleza espiritual y el desborde de pasiones», generan «la libertad y
el progreso de la Humanidad.
Dios permite que exista la guerra y todas sus funestas consecuencias para que el
hombre, al contacto con el dolor, se libere: por un lado de su pasado de errores, y pula,por otro, las malas tendencias que todavía lo hacen mantenerse en atraso moral.
Documentación recogida del libro de los espiritus preg. 737 a 744 y del génesis, los tiempos son llegados item. 9

miércoles, 14 de marzo de 2012

LEY DE IGUALDAD

La posición elevada del hombre en este mundo y el tener autoridad sobre sus semejantes son pruebas tan grandes y tan riesgosas como la desgracia, porque cuanto más rico y poderoso es, tantas más obligaciones tiene que cumplir y tanto más abundantes son los medios de que dispone para hacer el bien y el mal. Dios prueba al pobre por la resignación y al rico por el empleo que da a sus bienes y a su poder. La riqueza y el poder hacen nacer todas las pasiones que nos ligan a lamateria y nos apartan de la perfección espiritual. Por eso Jesús dijo: «En verdad osdigo que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos
DESIGUALDAD DE LAS RIQUEZAS: LAS PRUEBAS DE LA RIQUEZA Y DE LAS MISERIAS
La igualdad de las riquezas no es posible: A eso se opone la diversidad de las facultades y caracteres.
Los hombres no son iguales. Unos son más previsores, otros menos.
Unos más egoístas, otros menos. Unos más inteligentes, activos y trabajadores,
otros menos. Entonces, si fuera la riqueza repartida en partes iguales, a cada uno
daría una porción mínima e insuficiente que, suponiendo efectuada esa repartición, el
equilibrio estaría roto en poco tiempo, por la diversidad de los caracteres y las aptitudes;
que, suponiéndola posible y duradera, si cada uno no tiene más que con qué vivir, el
resultado sería el aniquilamiento de todos los grandes trabajos que concurren al progreso
y bienestar de la humanidad; que, admitiendo que se le diera a cada uno lo necesario, ya
no existiría el incentivo que impulsa a los hombres a los descubrimientos y a las empresas
útiles. Si Dios la concentra en ciertos puntos es para que de ahí se expanda en cantidad
suficiente, de acuerdo con las necesidades.
Dios concedió las pruebas de la riqueza a unos y las de la pobreza a otros, «para
probarlos de modos diferentes. Además de eso, como sabéis, esas pruebas fueron escogidas por los mismos Espíritus, que sin embargo, con frecuencia sucumben en ellas. Una de las pruebas más difíciles es la de la pobreza, tanto como lo es la de la riqueza.
En la primera, el Espíritu puede sufrir la tentación de la rebeldía. En la segunda, la del abuso de los bienes de la vida, desvirtuando sus supremos objetivos. Espíritus realmente evolucionados o simplemente esclarecidos sobre la Ley de Causa y Efecto, pueden solicitar la prueba de la pobreza, como oportunidad para el acrisolamiento de cualidades o la realización de tareas. Algunas veces, el mal uso de la riqueza, en una existencia procedente, lleva al Espíritu a pedir la condición contraria, con lo que espera resarcir abusos cometidos y ponerse a
salvo de nuevas tentaciones, para las cuales no se sientasuficientemente fuerte. El libre albedrío del hombre puede conducirlo a la pobreza, sin que lo justifiquen
antecedentes espirituales, causas ligadas al pasado. Por ejemplo, la falta de
estímulo para enfrentar los problemas de la vida, la pereza, la falta de previsión, que son factores que pueden conducir al hombre al estado de dificultades económicas. La pobreza es, para los que la sufren, la prueba de la paciencia y de la resignación;
la riqueza es, para los otros, la prueba de la caridad y de la abnegación. Si la riqueza hubiera de constituir un obstáculo absoluto a la salvación de los que la poseen, conforme se podría inferir de ciertas palabras, de Jesús, interpretadas según la
letra y no según el espíritu, Dios, que la concede, había puesto en las manos de algunos un instrumento de perdición, sin apelación de ninguna clase, idea que repugna a la razón. Sin duda, por los excesos a que da origen, por las tentaciones que genera y por la
fascinación que ejerce, la riqueza constituye una prueba muy arriesgada, más peligrosa que la de la miseria. Es el supremo excitante del orgullo, del egoísmo y de la vida sensual.
Cuando Jesús dijo: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos» (Mateo, 19:24; Marcos, 10:25; Lucas, 18:25) se
estaba refiriendo a los males, a las tentaciones a que la riqueza puede conducir al hombre.
Es erróneo interpretar que el rico no puede alcanzar la perfección; no fue lo que Jesús anunció. Si la riqueza solamente hubiera de producir males, Dios no la habría puesto en la Tierra. Compete al hombre hacerla producir bien. Si no es un elemento
directo de progreso moral es, incuestionablemente, un poderoso elemento de progreso intelectual.
Por la riqueza puede el hombre mejorar la situación material del planeta donde vive, mejorar la producción a través de la relación entre los pueblos; crear mayores y mejores recursos sociales a través del estudio, la investigación y el trabajo. Con razón, pues, la riqueza es considerada elemento de progreso.
La riqueza favorece las mayores tentaciones, por eso es difícil al rico acceder al reino de los cielos, pero no imposible, pues dispone de innumerables medios para hacer el bien. Pero, eso es justamente lo que no siempre hace. Se vuelve egoísta, orgulloso e insaciable. Es por esos hechos que la prueba de la riqueza, a pesar de ser tan difícil como la de la pobreza, es más peligrosa para el progreso moral del hombre.

lunes, 27 de febrero de 2012

DE LA INFANCIA

El Espíritu de un niño puede ser incluso más evolucionado que el de un adulto, a
pesar de que su inteligencia no se manifieste plenamente, porque su organismo físico
todavía no está suficientemente desarrollado.
El estado de turbación por el que pasa el Espíritu, en el acto de la encarnación, sólo de a poco va cediendo, hasta disiparse totalmente con el pleno desarrollo de los órganos.
La infancia es una fase de adaptación muy necesaria para el espíritu que encarna.
No transcurre de la misma forma en los diferentes mundos; en los más adelantados es menos ruda. Recién salido del mundo espiritual, donde gozaba de mayor libertad y disponía de
mayores recursos, el Espíritu se ve en dificultades para expresar sus pensamientos y manifestar sus sensaciones, en pleno ejercicio de sus reales facultades.
En esa fase en que el Espíritu se ve limitado en su libertad, la infancia es una
demostración de la misericordia de Dios, que le propicia una doble ventaja:
primero, el Espíritu gana el tiempo indispensable, a fin de prepararse para las
futuras difíciles tareas de la nueva existencia que recorrerá;
segundo, por la fase que atraviesa - común a todos los niños, es decir, de simplicidad y de inocencia - despertará en los padres y en aquellos con quienes conviva, mucha simpatía, interés y buena voluntad, lo que le facilitará mucho el desempeño de actividades.
Sabemos, así mismo, que cada niño revelará más tarde todas sus tendencias y fallos
morales, de acuerdo con su adelantamiento espiritual y que el niño rebelde se
mantiene ignorante e imperfecto sin embargo, su aprovechamiento depende
de su mayor o menor docilidad. Al reencarnar con la forma inicial de un niño el Espíritu, durante ese período, es más accesible a las impresiones que recibe, capaces de favorecer su adelanto, al que deben contribuir los encargados de su educación. Como niño el espíritu, pues, viste temporariamente la túnica de la inocencia. Fue por eso que Jesús destacó ese estado de pureza y de simplicidad de la infancia, remarcando su importancia y haciendo ver que lo ideal sería que el alma permaneciera siempre con tales disposiciones a lo largo de toda su vida.
Y Jesús, llamando a un niño, lo colocó en medio de ellos, y dijo: En verdad os digo que si no os convirtierais y si no llegarais a ser como niños, de ningún modo entraréis en el reino de los Cielo.
El canalla más frío habrá de recordar un día que ha sido niño, de apariencia inocente y pura y pensará que mucho le hubiera valido haber continuado cultivando tales virtudes.
información recogida del libro de los espíritus y el evangelio según el espiritismo
POR AMOR AL NIÑO
Nosotros que tantas veces rogamos socorro a la Providencia Divina, ¡oremos al corazón de la Mujer, suplicando por los hijitos de las otras! Pidamos a las labradoras del bien por los niños desamparados, ¡flores humanas azotadas por el viento de infortunio, en las promesas del amanecer!
Por los niños que fueron abandonados en los callejones de nadie;
por los que deambulan sin dirección, atemorizados en las tinieblas nocturnas;
por los que chupan sus propios dedos mientras contemplan a través de vidrieras
fastuosas, la comida sobrante desperdiciada;
por los que nunca vieron la luz de la escuela;
por los que duermen, a los sobresaltos, en las fauces oscuras de un albañal
por los que fueron relegados a la protección del lodo y se transforman en cobayos
de gusanos destructores; por los que la tuberculosis espía, ensaña, a través de los harapos con que se cubren; por los que jamás oyeron una voz que los bendijera y se consideran malditos por el destino por los que fueron adoptados por falsa ternura y son mantenidos en casas nobles como bestezuelas, constantemente golpeadas por la vara de la injuria; y por aquellos otros que cayeron, desorientados en las celadas del delito y son entregados al vicio y a la indiferencia, ¡entre el cautiverio y los castigos de la cárcel! ¡Madres de la Tierra, mientras os regocijáis con el amor de vuestros hijos, abrid los brazos a los huérfanos de madre! .... Rememoremos el pedido inolvidable de Cristo: dejad venir a mí a los niños». Y recordemos, sobre todo, que si el hombre debe edificar
las paredes imponentes del mundo venidero, sólo la mujer podrá convertirlo en alegría
de vivir y cariño del hogar.
Enmanuel

viernes, 10 de febrero de 2012

LA FAMILIA

Hay pues dos especies de familias: las familias por los lazos espirituales y las familias por los lazos corporales. Las primeras se fortalecen por la purificación y se perpetúan en el mundo de los espíritus a través de las diferentes emigraciones del alma; las segundas se extinguen con el tiempo y muchas veces, se disuelven moralmente en la presente existencia.
Del item 8, en el capitulo XIV, de El Evangelio Según el Espiritismo.
De todas las especies existentes en la tierra – exceptuando naturalmente la humanidad – ninguna talvez sea más importante en su función educadora y regenerativa en la formación de la familia.
De semejante agremiación, en la cual los seres se conjugan, atendiendo a los vínculos de afecto, surge el hogar, garantizando los cimientos de la civilización. A través del matrimonio bien establecido, funciona el principio de la reencarnación, conforme a las Leyes Divinas dando posibilidad al trabajo y ejecución de los más elevados programas de acción del Mundo Espiritual.
Por intermedio de la paternidad y de la maternidad, el hombre y la mujer adquieren más amplias ganancias en la Vida Superior.
De ahí la alegría que se experimenta con las tareas de la procreación.
Los hijos que son producto del amor conciente encuentran mayor protección del Mundo Mayor toda vez que se integran en familias más afines.
En la tierra se justifica que toda criatura encuentre asistencia de otras que respiran su mismo grado de afectividad. De modo idéntico es natural que las inteligencias que viven en las Esferas Superiores se consagren a cuidar y guiar aquellos compañeros, que recurren a la reencarnación para su progreso, y perfeccionamiento.
Los parientes en el planeta se tornan filtros de la familia espiritual que se manifiesta más allá de la existencia física manteniendo los lazos preexistentes entre aquellos con los cuales conviven.
Mirando las vidas pasadas de todos los componentes de la familia terrenal, esta se encuentra formada de diversos espíritus, por cuanto en ella se hallan comúnmente cariños y odios, amigos y enemigos, para así limar las asperezas indispensables frente a las leyes del destino.
A pesar de ello, es necesario reconocer que el clan familiar evoluciona incesantemente, para mejores aspectos de vivencias colectivas, bajo los dictámenes de un perfeccionamiento general, buscando siempre la valiosa elevación del alma.
De esta manera la familia se consagra como una organización de origen divino, en cuyo seno hallamos todos los instrumentos necesarios para nuestro perfeccionamiento, y así edificar un Mundo Mejor, documentación recogida del libro vida y sexo de Chico Xavier.

miércoles, 1 de febrero de 2012

IGUALDAD DE DERECHOS DEL HOMBRE Y DE LA MUJER

Las desigualdades sociales, tanto como las vicisitudes de la vida, emanan de
dos fuentes muy diferentes, que interesa distinguir. Unas tienen su causa en la vida
presente; otras, fuera de esta vida. El libro de los Espíritus nos explica en la pregunta
dice:806 "La desigualdad de las condiciones sociales ¿es una ley natural? -
no: "es obra del hombre y no de Dios."
806a.Esa desigualdad ¿desaparecerá algún día?
R..Sólo las leyes de Dios son eternas. ¿No ves que tal desigualdad se va borrando poco a poco, cada día? Desaparecerá junto con el predominio del orgullo y del egoísmo y no quedará sino la desigualdad del mérito. Día vendrá en que los miembros de la gran familia de los hijos de Dios no tomarán en cuenta la mayor o menor pureza de la sangre porque sólo el espíritu es mas o menos puro, y esto no depende de la posición que el hombre ocupe en la sociedad
Dios otorgó a ambos la inteligencia del bien y del mal y la facultad de progresar».
Dios adaptó la organización de cada ser a las funciones que debe desempeñar. Así como dio a la mujer menor fuerza física, le dio al mismo tiempo mayor sensibilidad, en relación con la delicadez 820 la fragilidad física de la mujer. ¿no la pone naturalmente bajo la dependencia del hombre?
Dios otorgó a unos la fuerza para que protejan al débil y no con el objeto de que lo esclavicen.Dios ha adecuado la organización de cada ser a las funciones que debe cumplir. Si dio a las mujer menos fuerza física, la dotó al mismo tiempo de mayor sensibilidad, en armonía con la delicadeza de las funciones maternales y la debilidad delos seres que se confía a su cuidado.
822.a Puesto que los hombres son iguales ante la ley de Dios ¿debe serlo también ante la ley humana.? Es el primer principio de la justicia:"No hagáis a los demás lo que no quisierais que se os hiera Según esta pregunta para que una legislación sea perfectamente justa ¿debe consagrar la igualdad de derechos del hombre y la mujer.
Desigualdades Sociales y la Igualdad de Derechos del Hombrey la Mujer: las desigualdades sociales provenientes de las más variadas condiciones económicas y espirituales, de los diferentes pueblos de la Tierra, siempre son «…obra del hombre y no de Dios…». En realidad Dios creó a los Espíritus iguales y destinados al mismo fin, pero los hombres, debido a las imperfecciones morales que todavía poseen, crearon leyes, muchas de ellas injustas y hasta crueles, para regular las relaciones en la sociedad. Como consecuencia de esas leyes han surgido las desigualdades sociales, más o menos pronunciadas en determinadas naciones, conforme con el grado evolutivo de sus elementos humanos. Sin embargo, el progreso sigue su curso ascendente y ininterrumpido y la desigualdad social, como todo lo que es inferior, «… día a día disminuye… Desaparecerá cuando dejen de predominar el egoísmo y el orgullo. Entonces, quedará solamente la desigualdad de merecimientos. Día vendrá en que los miembros de la gran familia de los hijos de Dios dejarán de compararse por la pureza de la sangre. Sólo el Espíritu es más o menos puro y eso no depende de la posición social». Aun las desigualdades tolerables o normales para la categoría de nuestro planeta, dejarán de existir. No se abolirán tan pronto como los unionistas desearían o imaginan… Ni se harán desaparecer con revoluciones ni con guerras, ni leyes, decretos o discursos, disturbios ni maldiciones.
Las desigualdades irán desapareciendo de modo lento y gradual, de acuerdo con el ritmo de los esfuerzos individuales y colectivos, por el progreso moral, y entonces serán destruidos los privilegios de casta, sangre, posición, sexo, raza, religión, etc. Debemos comprender que a pesar de ello, con el destierro de las desigualdades sociales no se producirá un proceso de uniformación de los hombres. La especie humana no se transformará en una máquina, en un sistema robotizado. Los hombres se orientarán por medio de las leyes divinas, a fin de que sus tendencias naturales puedan surgir y desarrollarse normalmente, sin actitudes coercitivas por parte de quien quiera que sea. Evidentemente, habrá quien ocupe cargos de mayores o menores responsabilidades, pero con el adelantamiento espiritual, los seres humanos ya no sufrirán los males provocados por el egoísmo, la envidia, el orgullo o los prejuicios.
Del mismo modo, en una sociedad moralizada no se producirá la diferencia que aún hoy se observa entre el hombre y la mujer. En este sentido, los Espíritus Superiores
preguntan: ¿ No otorgó Dios a ambos la inteligencia del bien y del mal y la facultad de progresar? Luego, ante los códigos divinos ambos poseen los mismos derechos; la diferencia de
sexo existe por fuerza de la necesidad de las experiencias específicas, por las cuales el
Espíritu precisa pasar. Además, el Espíritu, centella divina, no posee sexo conforme con las denominaciones humanas.
Entre el hombre y la mujer existe la igualdad de derechos; no la de funciones.
Es necesario que cada uno esté en el lugar que le compete, ocupándose de lo exterior el
hombre y de lo interior la mujer, cada uno de acuerdo con sus aptitudes. La ley humana
para ser equitativa debe consagrar la igualdad de los derechos del hombre y de la mujer.
Cualquier privilegio concedido a uno o a otro es contrario a la justicia. La emancipación
de la mujer acompaña al progreso de la civilización, su esclavitud marcha a la par con la
barbarie. Además de eso, los sexos sólo existen en la organización física. Visto que los
Espíritus pueden encarnar en uno u otro, bajo este aspecto no hay ninguna diferencia
entre ellos. Por consiguiente , deben gozar de los mismos derechos». Por más que en el mundo se acentúen los cambios sociales, siempre serán diferentes
las funciones del hombre y de la mujer, por necesidad de la planificación reencarnatoria.
El hombre y la mujer, en la institución conyugal, son como el cerebro y el corazón del
organismo doméstico. Ambos son portadores de igual responsabilidad en el sagrado colegio que es la familia; y si en la vida, el alma femenina ha presentado siempre un coeficiente más
avanzado de espiritualidad, es porque desde temprano el espíritu masculino intoxicó las
fuentes de su propia libertad, a través de toda clase de abusos, perjudicando su posición
moral en el transcurso de existencias numerosas, en múltiples experiencias seculares.
La ideología feminista de los tiempos modernos, no obstante, con sus diversas
banderas políticas y sociales, puede ser un veneno para la mujer desprevenida en cuanto
a sus grandes deberes espirituales sobre la faz de la Tierra.
La desigualdad social es el más elevado testimonio de la verdad de la reencarnación,
mediante la cual cada Espíritu tiene su posición definida de regeneración y rescate. En
tal caso consideramos que la pobreza, la miseria, la guerra, la ignorancia, como otras
calamidades colectivas, son enfermedades del organismo social, debidas a la situación de
prueba de la casi generalidad de sus miembros. Una vez que cese la causa patógena, con
la iluminación espiritual de todos a través del Evangelio de Cristo, la dolencia colectiva
quedará eliminada del medio ambiente humano».
LA MUJER ANTE CRISTO
Cada vez que estemos dispuestos a considerar a la mujer en un plano de inferioridad,
recordémosla en el tiempo de Jesús.
Hace veinte siglos, con excepción de las patricias del Imperio, casi todas las compañeras del pueblo, en la mayoría de las circunstancias, sufrían extrema humillación,
convertidas en bestias de carga cuando no eran vendidas en subasta pública.
respondió con tanta lealtad y vehemencia a los llamados celestiales.
Entre las que habían descendido a los valles de la perturbación y la sombra,
encontramos en Magdalena al más alto testimonio de recuperación moral, de las tinieblas
hacia la luz; y entre las que se mantenían en el monte del equilibrio doméstico,
sorprendemos en Juana de Cusa al más noble exponente de colaboración y fidelidad.
Atraídas por el amor puro, conducían a la presencia del Señor a los afligidos y mutilados, a los enfermos y los niños. Y a pesar de que no integraran el círculo de sus apóstoles, fueron ellas – representadas por las hijas anónimas de Jerusalén – las únicas demostraciones de solidaridad espontánea que lo visitaran, sin prejuicios, bajo la cruz del martirio, cuando los propios discípulos se dispersaban. Más tarde, junto a los continuadores de la Buena Nueva se mantuvieron en el
mismo nivel de elevación y de entendimiento. Dorcas, la costurera jopense , después de recibir el amparo de Simón Pedro se transformó en la más activa colaboradora en la asistencia a los infortunados; Febe es la mensajera de la epístola de Pablo de Tarso a los romanos. Lidia, en Filipos, es la primera mujer con suficiente coraje para transformar su propia casa en santuario del Evangelio que estaba por nacer. Loide y Eunice, parientas de Timoteo, eran modelos morales de la fe viva. Sin embargo, aun cuando semejantes heroínas no hubieran de hecho existido, no podemos olvidar que, un día, buscando a alguien para que ejerciera en el mundo la
necesaria tutela sobre la vida preciosa del Embajador Divino, el Supremo Poder del
Universo no titubeó en recurrir a la abnegada mujer, escondida en un hogar ignorado y simple… Humilde, tenía oculta la experiencia de los sabios; frágil como el lirio, llevaba consigo
la resistencia del diamante; pobre entre los pobres, portaba en su propia virtud los tesoros
incorruptibles del corazón y, desvalida entre los hombres, era grande y prestigiosa ante
Dios. He aquí el motivo por el cual, siempre que el razonamiento nos induzca a ponderar
lo relativo a la gloria de Cristo recordando la grandeza de nuestras propias madres en la
Tierra , habremos de inclinarnos, reconocidos y reverentes ante la luz inmarcesible de la
Estrella de Nazareth.

domingo, 22 de enero de 2012

EXAMINÉMONOS A NOSOTROS MISMOS

El deber del espírita-cristiano es el de tornarse progresivamente mejor. Es útil, por eso, verificar periódicamente, mediante un riguroso examen personal, el estado cierto de nuestra condiciones íntimas. El espírita que no progresa en un lapso de 3 años sucesivos permanece en un estado estacionario.
Analiza tu paciencia: ¿Estás más sereno, afable y comprensivo?
Inquiere sobre tus relaciones de orden hogareño: ¿Conquistaste el más alto clima de paz en tu propia casa Investiga las actividades que te competen en el templo doctrinario: ¿Colaboras con más
entusiasmo en la obra del Señor? Obsérvate en las manifestaciones frente a los amigos: ¿Llevas el Evangelio más vivo en tus actitudes? Reflexiona sobre tu capacidad de sacrificio: ¿Notas en ti una mayor disposición de servir voluntariamente?
Pesquisa vuestro propio desapego: ¿Te sientes liberado del ansia de posesiones e influencias
terrenas? ¿Usas con mayor frecuencia los pronombres “nosotros”, “nuestro” y “nuestra” y menos los singulares “yo”, “mío” y “mía”? Tus momentos de tristeza o de cólera reprimida, que en oportunidades sólo tú conoces, ¿son en la actualidad más raros? ¿Disminuyeron los pequeños remordimientos ocultos en lo profundo de tu alma? ¿Superaste antiguos desafectos y aversiones? ¿Corregiste los lapsos crónicos de desatención y negligencia?
¿Estudias más atentamente la doctrina que profesas? ¿Comprendes mejor la función creadora del dolor? ¿Cultivas todavía alguna discreta enemistad? ¿Auxilias a los necesitados con más abnegación? ¿Oras, realmente? ¿Tus ideas evolucionan?
¿Tu fe razonada se consolidó más segura? ¿Tienes la palabra más indulgente, los brazos más activos y las manos más dispuestas a
proteger? Evangelio es alegría en el corazón: ¿Estás, efectivamente, más alegre y feliz íntimamente en estos 3 últimos años?
¡Todo marcha! ¡Todo evoluciona! ¡Brindemos nuestro rendimiento individual a la obra de Cristo! Valora la existencia hoy, espontáneamente, viviendo en paz, para que no te veas en la
obligación de valorarla mañana bajo el impacto del dolor. ¡No te engañes! Un día que se fue es una cuota más de responsabilidad, un paso más, rumbo a la Vida Espiritual, una oportunidad más aprovechada o perdida. Interroga a la conciencia en cuanto al aprovechamiento de tu tiempo, de tu salud y a las oportunidades de hacer el bien que dispones en la vida diaria.
Haz esto ahora, mientas tienes la posibilidad de reconsiderar tu orientación corrigiendo los engaños con facilidad, pues cuando vengas para este lado ya será más difícil...
(documentación, sacado del libro Opinión Espírita por Francisco Cándido Xavier y Waldo Vieira)