CONTINÚA EL DESARROLLO DE LA MISIÓN DE JESÚS
Vida de Jesús dictada por él mismo», viene a prestar un importantísimo servicio al Espiritismo en el momento preciso, desmintiendo totalmente, muchos de los acontecimientos que se hacían inaceptables para la mayor parte de los estudiosos, sobre la personalidad de Jesús, devolviendo la verdadera imagen al Nazareno. Además apoya totalmente, sin lugar a duda, el grandioso trabajo realizado por Allan Kardec, y sobre todo la definición que encontramos en los libros de la codificación espirita, respecto al cuerpo de Jesús y su naturaleza.
Durante su corta aparición como Mesías en medio de los hombres, Jesús tuvo que renunciar a darse a conocer porque su poder residía en el título de hijo de Dios, título lleno de promesas, pero lleno también de la oscuridad sobre lo desconocido, de lo cual tomaba motivo para adquirir ascendiente sobre las masas. Mas en sus conversaciones particulares, Jesús dejaba comprender que la filiación de que se honraba, honraría también a todos los espíritus llegados a la emancipación del alma en medio de la naturaleza carnal. La unidad de Dios jamás se vio comprometida por Jesús. Los que hicieron los milagros fueron los que convirtieron a Jesús en Dios. Dios distribuye a cada uno la fuerza y la inteligencia, en proporción a los honores ganados en la lucha de los instintos de la materia con las emanaciones divinas de la inmortalidad espiritual. La inmortalidad del alma, al poner de manifiesto ante el espíritu el objeto de sus existencias sucesivas en la materia, lo empuja al desprecio por toda dependencia carnal, elevándolo en cambio hacia la gloria de la misión divina.
Los mesías son los hijos de Dios, porque muestran a Dios. Ahora puedo hablar así, pero antes era necesario que me rodease de prestigio, a lo cual no convenía que se explicara el principio sobre el que descansan los honores del Mesías. Era necesario dilatar el sentido moral de la humanidad y no convenía proporcionarle la posibilidad de discutir mis derechos de hijo de Dios. Era necesario obtener el resultado bajo proporciones fuera de lo ordinario, so pena de ser arrestado a los primeros pasos. A pesar de ello, a menudo me he reprendido a mí mismo por esa tortuosidad del camino y cuando me encontraba a solas con alguno de mis discípulos, si se me presentaba una ocasión favorable para arrojar en un espíritu perspicaz el germen de la verdad, yo me confiaba a medias, pronunciando frases misteriosas, de cuyo significado esperaba que, tal vez el porvenir sacara algún provecho para la verdad. Me decían que era el confidente de los profetas y de los mártires sorprendidos por la muerte y llamado por el sentimiento de mi posición, reprimía manifestaciones y recomendaba a los que habían sido testigos de mis expansiones entusiastas, que guardaran el mayor secreto respecto a lo que habían oído. En mis conversaciones siempre intentaba asociar la creencia en los dogmas establecidos con la doctrina de las encarnaciones sucesivas de los espíritus, hablando al mismo tiempo del infierno y de la santidad de mis derechos de hijo de Dios. Mas el dilatado horizonte se extendía delante de mis pensamientos, los hechos se veían justificados por los propósitos. Yo dirigía mis esperanzas hacia el porvenir y colocaba las deliciosas emociones de mi alma en frente de las armonías en que soñaba, viéndose ellas justificadas aún en este mismo momento en que vuelvo para completar mi obra, valiéndome nuevamente de Dios. Yo mezclaba la ley antigua con la nueva, de lo cual resultaban esas parábolas que a menudo carecían de claridad, esas contradicciones aparentes, envueltas en la rapidez de mis exposiciones y mal advertidas por la poca perspicacia del auditorio, y esas apreciaciones sobre la Justicia Divina, llenas al mismo tiempo de misericordia y de eterna venganza. Hermanos míos, inclinémonos ante la majestad de Dios y confesemos la pobreza de nuestra naturaleza. Yo decía a mis discípulos: «Vosotros, todos sois hijos de Dios, y el último de vosotros tendrá que trabajar para llegar a ser grande y fuerte». «Se hace más fiesta en la casa de mi Padre cuando entra en ella un espíritu recién convertido que no por la perseverancia de dos justos». «La voluntad y la emulación libran al espíritu de las humillaciones de la carne. El amor de Dios inspira el amor de las criaturas, que son la obra de Dios». «Convertíos en los depositarios de mi ley; ella es una ley de amor. La ley de amor no dice: diente por diente, ojo por ojo; ella dice: perdonad a vuestros enemigos, orad por los que os calumnian, llevad sin hacer ruido, vuestra limosna a la casa del pobre. Si os dan una cachetada en una mejilla, presentad la otra, porque los hombres ceden antes a la dulzura de la virtud que a la justicia de las represalias».
«Habitad con los enemigos de Dios y no esquivéis a las mujeres de mala vida, puesto que el dar ejemplo es una obligación para los que trabajan en la viña del Señor, y la proximidad del vicio no puede manchar al justo». Yo traía ejemplos favorables para las inteligencias de aquellos a quienes ellos iban dirigidos y atraía con conversaciones familiares, en las fiestas, encontrando a menudo ahí en qué aplicar mis preceptos. Me acuerdo de un hecho que tuvo lugar en una casita de la montaña que domina el valle de Sichem. Estaba cansado y mientras reposaba esperando a mis discípulos que habían ido a renovar nuestras provisiones, empecé a hacer elogios de la limpieza que se observaba en medio de tanta pobreza, con el propósito de entablar conversación con una mujer que se mantenía respetuosamente de pie delante de mí. En estos lugares de Jerusalén había mucha población samaritana, despreciada por los hebreos.
«Señor, me dijo esa mujer, ya que eres profeta, enséñame a mí también, porque la ley de Dios está encerrada en el Templo de Jerusalén, mientras que nosotros tenemos que adorarle aquí». «Mujer, le contesté, Dios no tiene más que un Templo y ese Templo está en todas partes».
«Los hombres adorarán a Dios en espíritu y en verdad; la hora no ha llegado todavía, mas la luz dará origen a la verdad, y yo voy predicando la luz». Créeme, sobre esta montaña, como en el Templo de Jerusalén, Dios ve los corazones y favorece a los justos. Sobre esta montaña, como en el Templo de Jerusalén, no hay una brizna de hierba que pase inadvertida a los ojos de Dios. La ley de Dios no se encuentra encerrada en un Templo, sino que resplandece en todos lo corazones.
Hermanos míos, la mejor prueba de vuestra alianza con Dios es la de reconocer dicha ley en todas partes, inclinándoos bajo la prueba como en presencia de sus bendiciones, adorando al Padre con los pensamientos y con las obras, alabándolo tanto en medio de los sufrimientos como en medio de la prosperidad. Demostrad la ley de Dios con la rectitud de vuestra vida; convertid a los hombres en justos, haciéndoles felices y sed felices vosotros mismos mediante la fe.
Me acuerdo todavía de una fiesta en que la abundancia y la alegría reinaban entre los presentes, y en esos momentos todos se olvidaban de los cuidados y de las penas de la vida. La alegría se dibujaba en todos los semblantes y la mesa colocada en medio de un patio que formaba un jardín, recibía algunos rayos de sol, a pesar de la bóveda de verdor que lo cubría. Los jóvenes me dirigían miradas tímidas, los hombres, las mujeres y muchachos me rodeaban y todos querían darme el puesto de honor. Yo
acepté, colocándome a la cabecera de la mesa y mis discípulos, que me habían acompañado en número de cuatro, ocuparon el otro extremo. Me mostré amable y conversador esa noche. Mis miradas y mis sonrisas se dividían entre los comensales iluminándose con el brillo de la alegría general. Así procedí siempre tomando las actitudes que correspondían a las circunstancias en que me encontraba y jamás en una fiesta o en una reunión de amigos, se me vio deseoso de silencio o distraído por penosas preocupaciones. Acostumbrado a la vida nómada, renegaba de la familia y de la patria para honrarlas mejor, en la elevada expresión de estas palabras: ¡Familia de hombres! ¡Patria universal!. Yo llevaba el fanatismo por los derechos del alma hasta la renuncia completa de las esperanzas humanas, pero en los casos de mi presencia entre los hombres, daba la seguridad del apoyo divino para los que supieran dirigir bien sus familias y para la justa y amorosa dirección de las madres. Mi doctrina se basaba sobre la fraternidad humana y las masas se apretaban a mi alrededor para oír estas palabras, de las que eran pródigos mis labios: Dejad que se aproximen a mí los más pequeños y los más débiles. Yo he venido para dar alegría a los tristes y para decirles a los felices: Sed los siervos de los pobres, el Dios del amor y de la justicia os recompensará. Vosotros todos sois hermanos y el siervo vale tanto como el maestro en la casa de mi Padre. El que se humilla será elevado. Humillaos para servir a Dios; tan sólo los humildes serán glorificados.
«Llamad y se os responderá, golpead y se os abrirá». Aprended mi ley y divulgad mis preceptos por toda la Tierra, amándoos los unos a los otros. Non procedáis como los hipócritas que se postran delante de Dios para ser observados por los hombres, que oran con el corazón lleno de cólera y celos; deponed en cambio ante las puertas del Templo de Dios vuestros deseos de fortuna terrestre, vuestras alegrías de esperanzas mundanas, vuestras debilidades de amor propio, vuestros pensamientos impuros, vuestras bajas concupiscencias, para que la gracia descienda sobre vosotros con la oración.
«Dad asilo a la viuda y al huérfano». Librad al pecador de su vergüenza, mostrándole los brazos siempre abiertos para recibirlo Descubrid el vicio, desenmascarad la impostura, mas haced que penetren en todos los culpables las palabras de misericordia, la promesa del perdón.
La limosna hecha con ostentación no es agradable al Señor, nuestro Padre, y el óbolo de la viuda tiene mayor mérito ante sus ojos que los millones del rico. La limosna no es provechosa para el que la hace, sino cuando se la rodea del mayor misterio. Guardad por lo tanto el secreto sobre las miserias que hubierais aliviado, y que vuestra mano izquierda ignore lo que vuestra derecha haya distribuido.
Decid ¡Creo! Y obrad. La actividad es a la fe, como el calor al amor, una señal de vida. Meditad mis palabras y no les deis un sentido diferente del que tienen El fervor no consiste en la abundancia de las palabras y en la petulancia de la acción, sino en la modestia de la caridad. Él honra al espíritu sin darle brillo entre los hombres. Él da al alma un dulce ascendiente sobre las almas, pero no la empuja hacia la opresión, hacia la dominación, hacia la prepotencia del mando. Hace florecer la sabiduría, no arrastra al espíritu hacia la turbación del orgullo y del poder, hacia las pasiones tumultuosas de la grandeza humana, en la temeridad de la ambición de los honores humano Predicad en mi nombre y afirmad mi presencia, porque mi espíritu seguirá aún en medio de vosotros. Permaneced fieles a mi voz y consolaos diciendo: El Señor está con nosotros. Tomadme como ejemplo; soy pobre, permaneced pobres; soy perseguido, sufrid persecución y que el Dios de paz dicte vuestras palabras Despreciad los ultrajes, ejerced el amor y rogad con un corazón puro El hierro y el fuego, el abismo y el espíritu de las tinieblas, no prevalecerán en contra de vosotros. Yo soy aquel que Dios ha enviado para que diga la verdad a los hombres. Soy el lazo del amor. Soy la puerta de la patria feliz y las puertas del infierno no prevalecerán contra mí. Soy aquel que fue, que es y que será. No explico estas palabras porque vosotros no podríais comprendedlas; mas el día llegará en que todos los hombres podrán comprender la verdad. Permaneced fuertes en el amor. Soy vuestro Señor y vuestro Padre y estaré con vosotros durante todos los siglos mediante el poder de Dios y por efecto de mi voluntad No desenvainéis jamás la espada; quien quiera que haga uso de la espada perecerá bajo el golpe de ésta. Mejor sería que no hubierais jamás nacido antes que olvidar mis enseñanzas, porque la Justicia de Dios pesa con mayor rigor en contra de los padres que de los hijos; en contra de los ministros infieles, que en contra de la masa de los pecadores. Id por toda la Tierra y anunciad la palabra de Dios, proclamándoos sus Profetas. Perdonad los pecados. Todo lo que vosotros perdonareis aquí, perdonado será en el cielo, y la gracia os acompañará mientras sigáis mi ley. La Justicia de Dios quiere todavía que Jesús sea vuestra estrella conductora en medio de los errores y peligros, pero manda que las palabras de otros tiempos sean desligadas de la oscuridad que las envolvía para resplandecer de luz divina y para iluminar a los espíritus que se encuentran ahora mejor dispuestos para recibir la luz que en la época en que Jesús vivía como hombre entre los hombres.
La doctrina de Jesús demostraba la igualdad entre los espíritus al salir de las manos del Creador, siendo la diferencia que se establece después entre ellos el resultado del adelantamiento más o menos rápido de cada uno, de acuerdo con la irradiación del amor hacia la familia universal, cuyos miembros son todos hermanos, y deben ayudarse mediante la caridad y la abnegación. Cuanto mayor es el progreso de los espíritus, tanto más sienten los deberes de la fraternidad. Cuanto más adelantados son los espíritus, tanto más sienten la tendencia generosa y el ardor del sacrificio a favor de sus hermanos como expresión del amor fraternal. Con la palabra caridad yo no entiendo tan sólo la limosna y la falta de los sentimientos del odio sino la condolencia íntima del alma ante todo sufrimiento. Con la palabra devoción no quiero designar únicamente la exaltación pasajera del alma en busca de Dios, empujada tal vez por un sufrimiento momentáneo, sino el sentimiento de la plegaria en la asociación continua con todos los sufrimientos y la tendencia permanente a participar de todas las miserias, todas las vergüenzas, todos los conflictos del alma. La palabra amor no encierra la explicación de las ternuras entre los aliados terrestres, sino que impone el bien por medio de la palabra, de las obras, del olvido de sí mismo en beneficio de los demás, mediante la firmeza en la protección de nuestros semejantes y el cumplimiento de todos nuestros deberes fraternos y humanos. La doctrina del amor, basada en la igualdad y en la fraternidad; he ahí la causa del prestigio de Jesús en medio de la humanidad. Ha venido a traer la ley de Dios a un mundo demasiado nuevo para poderla comprender, pero puso los cimientos de su obra, que sería inmortal, y esa obra continúa su desarrollo. Él vino para enseñar la ley de sacrificio, y si bien los sucesores de sus apóstoles, que estaban en la obligación de marchar en medio de la humildad y de la pobreza, para honrar la ley y obedecer al mandamiento, no han respetado la palabra del Maestro, vendrán discípulos más fervorosos que sabrán colocarse en el cumplimiento de dichas enseñanzas, repitiendo sus palabras, las que tendrán al fin continuadores. Hermanos míos, yo soy el Mesías y el fundador de la Iglesia Universal. Vuelvo ahora para repetir todo lo que dije, dándole el sello de la grandeza divina a las palabras humanas. La presencia del espíritu resplandecerá en medio de las tinieblas y las tinieblas serán despejadas. La luz ilumina a todo hombre de buena voluntad. Los hombres no me han conocido porque no poseían la verdadera luz, pero me reconocerán al adquirir mayor luz, iluminados por las claridades del espíritu enviado por el Señor. Felices los que creerán, porque marcharán en mi ley; felices los que seguirán mis preceptos porque verán a Dios.
jueves, 15 de enero de 2015
martes, 6 de enero de 2015
CARTA DE UN NIÑO QUE NO LO DEJARON NACER
Me he encontrado con este texto tan valioso en una Web que me ha impresionado tanto que no podía dejarlo de mencionar en mi blog. Se menciona por una parte El Amor el Perdón. y por otra la imprudencia de ciertas personas por no tener amor y responsabilidad. Hay que ser responsables y no quitar de enmedio lo que nos molesta: siendo que nuestra conciencia después nos pasa factura cuando ya no tiene remedio.El encontrarse solos no justifica que tengas que hacer las cosas mal. Como los personajes del texto.
Seamos conscientes que todos tenemos derecho a la ¡Vida!
Querida mamá: Soy tu hijo. ¿recuerdas?. No he desaparecido, pues Dios me infundió un alma eterna
en el momento en que fruí concebido. No vi nunca la luz del día pero vivo para siempre. Sé porqué me mataste. El que debió haber sido mi padre andaba lejos del país. Tu te sentías sola porque el andaba muy ocupado en sus negocios. En su ausencia, surgió otro hombre. De ese romance fui engendrado yo. Nunca olvidaré los meses que me acunaste en tu vientre, ¡me sentí tan seguro y amado!. ¡Comprendo que no me desearas; pues que pensaría papá a su regreso! Había que blanquear al desliz matando al delator, y ese era YO. Por entonces no supe de las discusiones con tu amante, pues él quería verme nacido y tú no. ¡Qué peleas, hasta que le arrancaste el dinero que costó mi defunción! A todo le ponen precio, hasta el asesinato de un inocente. "¡Que caros son lo abortos!" comentaste No justifico tu crimen, pero te perdono. Perdono a papá por haber sido tan irresponsable. También perdono al que, vestido de blanco, se manchó con mi sangre. ¡Que dolor cuando me punzó con aquella enorme aguja y después me despedazó a sangre fría!. Se que tú nunca olvidarás el ruido de aquella aspiradora que se tragó mi cuerpecito a pedazos. Se que te causó un trauma que llevas en silencio tratando de pensar que no fue nada. Si era algo. Era alguien, era yo, tu hijo.
Conozco mamá, tus largas noches en vela y tus sobresaltos. Se que luchaste mucho en tu interior sobre tu decisión de abortarme. En el fondo me amabas pero pudo mas en ti el miedo. Sé que me amabas, pues aun sueñas conmigo y más de una vez te has preguntado, con remordimientos, si soy niña o niño, piensas como sería hoy día y que alegrías te hubiera traído...
¡Soy niño! Me parezco mas a ti que al seductor con que andabas. ¡como me vas a olvidar, si yo a cada momento pido a Papá Dios que borre esas pesadillas que turban tu descanso y te dan muerte en vida! Por eso, ¡que alegría cuando buscaste al religioso que te inspiró confianza, y te reconciliaste con el señor de la vida!
Querida mamá, quiero verte feliz. Recuerda los consejos que te dio el sacerdote al despedirte: "¡hija, Dios padre ya ha hecho su obra de amor en ti y a su tiempo iras sanando.
Mientras te estoy escribiendo, tengo a mi lado a mi amigo Antonio. Lo mató su mamá porque ella decía ser demasiado joven para ocuparse con ser madre. Tampoco el recibió nombre alguno de sus padres pero si de Dios quien nos ama infinitamente. Tengo muchísimos amigos que corrieron la misma suerte. A Carlitos lo abortaron porque su madre fue violada. El odio y el dolor resultante lo descargaron sobre el pobre inocente. El se pregunta: "¿Por qué si mi mamá no amaba al hombre que la violó, me mato a mi, que la hubiera amado siempre y jamás me hubiera avergonzado de ella?" Aquí en el reino del amor, solo entendemos el lenguaje del amor; por eso, no comprendemos esos "argumentos" acerca del aborto; por mala conformación del feto, por violación, por dificultades económicas de los padres, por no querer más hijos, "que la familia pequeña vive mejor", etc.
Me cuentan que ni las guerras, ni Hitler con sus cámaras de gas letal han realizado tan brutal y desmedida masacre. Con los abortos se ha privado a la humanidad de brillantes poetas, sacerdotes, médicos, filósofos, músicos, pilotos, estadistas, pintores, arquitectos, santos y santas. A mí todos me dicen que quizá hubiera sido un habilidoso cirujano o un pianista a lo Moz
art. Cuando nos reunamos, mami, ¡ya veras que manos tengo! Lo que mas me agrada es cuando me dicen "¡tu mamá tiene que ser muy hermosa!"
No llores mami. Confía en Dios hasta que nos volvamos a ver. ¡ah!, se me olvidaba, aunque me consumo por verte, no te des prisa en venir, pues mis hermanos te necesitan. Hazle a ellos lo que nunca pudiste hacerme a mí. Fíjate que cuando bañas a mis hermanitos o lo amamantas, no sé, me entra un poquito de añoranza de todo lo que pudo ser y no fue. Me hubiera gustado ser amamantado con la leche de tus pechos; ser acariciado por esas manos tuyas tan lindas y tan semejantes a las mías, manos de cirujano malogrado.
Quizás te preguntas donde estoy. No te preocupes, estoy en los "brazos" de Jesús que me amó hasta derramar su sangre por mí, y me dará más oportunidades. En El todos encontramos la Vida.
Y termino pidiéndote un favor. No para mí, comprenderás, sino para otros niños. ¡no los maten como a mí!, si conoces a una joven que quiera abortar o a un sujeto que monta campañas a favor del aborto o un médico asesino que se burla de Hipócrates, o una enfermera que se presta a ese crimen, extiéndeles el amor de Dios, nuestro Padre. Entonces acuérdate de nosotros y dile que no mate más. Que los niños le pertenecen a Dios. Grítales a todos que tenemos derecho a vivir como ellos, y que aunque nadie nos ame tenemos derecho a vivir y amar.
¡Te espero con la boca aún sin estrenar, rebosante de besos que tengo guardados solamente para ti!
Posdata....Tengamos confianza en Dios Padre.
Nadie escapa de la justicia divina, en vez de juzgar y condenar Oremos por todos involucrados en todos estos dramas que es mas frecuente de lo que nos gustaría. Serán necesarios algunos siglos para que pueda ser resuelto.
sábado, 27 de diciembre de 2014
ESPÍRITUS PROTECTORES
¡Dios no deja de auxiliar y amparar a nadie! No existe la orfandad en ninguna parte del Universo. Donde y como estamos, existen Espíritus para orientarnos: son los Espíritus
Protectores, la protección de esos espíritus se manifiestan
de acuerdo con la jerarquía espiritual que ocupan,
Todos tenemos un buen espíritu que se une a nosotros desde nuestro nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando correspondemos a sus cuidados, y dolorido cuando nos ve sucumbir.
Su nombre nos importa poco, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la tierra; lo invocamos como a nuestro ángel de la guarda nuestro buen genio; podemos también llamarlo con el nombre de un espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía.
Además de nuestro ángel de la guarda, que siempre es un espíritu superior, tenemos a los espíritus protectores, que no porque estén menos elevados, son menos buenos y benévolos; éstos son parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemos conocido en nuestra existencia actual. Nos asisten con sus consejos, y muchas veces con su intervención en los actos de nuestra vida.
Los espíritus simpáticos son aquellos que que unen a nosotros por cierta semejanza de gustos y de inclinaciones; pueden ser buenos o malos, según la naturaleza de las inclinaciones que les atraen hacia nosotros.
Por su parte, los espíritus seductores se esfuerzan en desviarnos del camino del bien, sugiriéndonos malos pensamientos. Se aprovechan de todas nuestras debilidades, que son como otras tantas puertas abiertas que les dan acceso a nuestra alma. Los hay que se aferran como con una presa y no se alejan "sino cuando reconocen su impotencia en lucha contra nuestra voluntad".
Dios nos ha dado un guía principal y superior en nuestro ángel de la guarda, y como guías secundarios en nuestros espíritus protectores y familiares; pero es un error creer que tenemos cada uno de nosotros forzosamente un genio malo para contrarrestar las buenas influencias. Los malos espíritus vienen voluntariamente si encuentran acceso en nosotros por nuestra debilidad o por nuestra negligencia en seguir las inspiraciones de los buenos espíritus; nosotros somos, pues, los que los atraemos. De esto resulta que nunca estamos privados de la asistencia de los buenos espíritus, y que
depende de nosotros el separar a los malos. Siendo el hombre la primera causa de las miserias que sufre por sus imperfecciones, muchas veces él mismo, es su propio mal genio.
También debemos comprender el significado espirita de ángel, que es diferente al que dan algunas religiones, que lo representan como una figura distante de la realidad de la vida, generalmente vistiendo una túnica muy blanca, aureolada de luminosidad, poseedor de los enormes alas y que vive en beatitud en el cielo. Para el Espiritismo los ángeles son, pues, las almas de los hombres que han llegado al grado de perfección que la criatura admite, gozando en su plenitud la prometida felicidad. Sin embargo, antes de alcanzar el grado supremo, gozan de una felicidad relativa a su adelanto, felicidad que consiste, no en la ociosidad sino en cumplir las funciones que Dios se complace en confiarles y por cuyo desempeño se sienten dichosos, teniendo también en él, un medio de progreso.
Un Espíritu protector podrá, en determinadas circunstancias, alejarse del protegido´se aleja cuando
ve que sus consejos son inútiles y que en el protegido es más fuerte la decisión de someterse a la influencia de los espíritus inferiores. Pero, no lo abandona por completo y siempre se hace oír. Es entonces el hombre quien se tapa los oídos. El protector vuelve siempre que éste lo llame
La certeza de existencias de protectores espirituales que velan nuestros pasos, que nos amparan en las dificultades propias de la evolución que iluminan nuestra mente y nuestro corazón en el largo camino de la vida, que nos sostienen en los momentos amargos, cuando el dolor nos visita, que nos infunden ánimo ante las pruebas de la vida, que comparten nuestras alegrías y se complacen con nuestro progreso moral, es muy consoladora y nos muestra, una vez más el inmenso amor del Padre celestial para con todos sus hijos.
La oración a los ángeles de la guarda, y a los espíritus protectores debe tener por
objeto solicitar su intervención para con Dios, y pedirles fuerza para resistir a las malas
sugestiones, así como su asistencia en las necesidades de la vida.
Protectores, la protección de esos espíritus se manifiestan
de acuerdo con la jerarquía espiritual que ocupan,
Todos tenemos un buen espíritu que se une a nosotros desde nuestro nacimiento y nos ha tomado bajo su protección. Cumple junto a nosotros la misión de un padre para con su hijo: la de conducirnos por el camino del bien y del progreso a través de las pruebas de la vida. Es feliz cuando correspondemos a sus cuidados, y dolorido cuando nos ve sucumbir.
Su nombre nos importa poco, porque puede ser que no tenga nombre conocido en la tierra; lo invocamos como a nuestro ángel de la guarda nuestro buen genio; podemos también llamarlo con el nombre de un espíritu superior cualquiera por el que sintamos más simpatía.
Además de nuestro ángel de la guarda, que siempre es un espíritu superior, tenemos a los espíritus protectores, que no porque estén menos elevados, son menos buenos y benévolos; éstos son parientes o amigos, o algunas veces personas que nosotros no hemos conocido en nuestra existencia actual. Nos asisten con sus consejos, y muchas veces con su intervención en los actos de nuestra vida.
Los espíritus simpáticos son aquellos que que unen a nosotros por cierta semejanza de gustos y de inclinaciones; pueden ser buenos o malos, según la naturaleza de las inclinaciones que les atraen hacia nosotros.
Por su parte, los espíritus seductores se esfuerzan en desviarnos del camino del bien, sugiriéndonos malos pensamientos. Se aprovechan de todas nuestras debilidades, que son como otras tantas puertas abiertas que les dan acceso a nuestra alma. Los hay que se aferran como con una presa y no se alejan "sino cuando reconocen su impotencia en lucha contra nuestra voluntad".
Dios nos ha dado un guía principal y superior en nuestro ángel de la guarda, y como guías secundarios en nuestros espíritus protectores y familiares; pero es un error creer que tenemos cada uno de nosotros forzosamente un genio malo para contrarrestar las buenas influencias. Los malos espíritus vienen voluntariamente si encuentran acceso en nosotros por nuestra debilidad o por nuestra negligencia en seguir las inspiraciones de los buenos espíritus; nosotros somos, pues, los que los atraemos. De esto resulta que nunca estamos privados de la asistencia de los buenos espíritus, y que
depende de nosotros el separar a los malos. Siendo el hombre la primera causa de las miserias que sufre por sus imperfecciones, muchas veces él mismo, es su propio mal genio.
También debemos comprender el significado espirita de ángel, que es diferente al que dan algunas religiones, que lo representan como una figura distante de la realidad de la vida, generalmente vistiendo una túnica muy blanca, aureolada de luminosidad, poseedor de los enormes alas y que vive en beatitud en el cielo. Para el Espiritismo los ángeles son, pues, las almas de los hombres que han llegado al grado de perfección que la criatura admite, gozando en su plenitud la prometida felicidad. Sin embargo, antes de alcanzar el grado supremo, gozan de una felicidad relativa a su adelanto, felicidad que consiste, no en la ociosidad sino en cumplir las funciones que Dios se complace en confiarles y por cuyo desempeño se sienten dichosos, teniendo también en él, un medio de progreso.
Un Espíritu protector podrá, en determinadas circunstancias, alejarse del protegido´se aleja cuando
ve que sus consejos son inútiles y que en el protegido es más fuerte la decisión de someterse a la influencia de los espíritus inferiores. Pero, no lo abandona por completo y siempre se hace oír. Es entonces el hombre quien se tapa los oídos. El protector vuelve siempre que éste lo llame
La certeza de existencias de protectores espirituales que velan nuestros pasos, que nos amparan en las dificultades propias de la evolución que iluminan nuestra mente y nuestro corazón en el largo camino de la vida, que nos sostienen en los momentos amargos, cuando el dolor nos visita, que nos infunden ánimo ante las pruebas de la vida, que comparten nuestras alegrías y se complacen con nuestro progreso moral, es muy consoladora y nos muestra, una vez más el inmenso amor del Padre celestial para con todos sus hijos.
La oración a los ángeles de la guarda, y a los espíritus protectores debe tener por
objeto solicitar su intervención para con Dios, y pedirles fuerza para resistir a las malas
sugestiones, así como su asistencia en las necesidades de la vida.
jueves, 4 de diciembre de 2014
TERNURA
Madrecita querida.Te recuerdo en este momento en que me desperté para evocarte. Inclinada sobre mi cuna, cantabas, en voz baja y derramabas sobre mi rostro diminutas gotas de luz que más tarde supe que eran lagrimas.
Me abrigaste en tu seno, como si me transportaras en un blando nido y, a partir de entonces, nunca más me dejaste.
Cuando los demás se iban de fiesta, velabas conmigo y me enseñabas a pronunciar el bendito nombre de Dios. En otras ocasiones trabajabas con la aguja entre los dedos, mientras me contabas cuentos
de bondad y alegría para que me durmiera con sueños agradables.
Si yo huía por haber roto el peine o si volvía de la escuela con la ropa hecha jirones, cuando muchos aludían a castigos, tu tomabas mis manos entre las tuyas o besabas mis cabellos desordenados. Después crecí; te veía a mi lado como si fueras un ángel entre cuatro paredes. Crecí para el mundo, pero nunca dejé de ser en tus brazos, el niño a quien dedicaste tu vida. Hasta ahora, día tras día, pacientemente aguardas con tu dulzura en el momento en que busco tu mirada, para sonreírme y bendecirme siempre, ¡incluso cuando mis problemas te destrocen el pecho como filos de aflicción!.
Hoy escuché la música de los millones de voces que te ensalzan.Quise tomar las constelaciones del Cielo y combinarlas con el perfume de las flores que brotaron en el suelo, para tejerte una corona de reconocimiento y cariño pero como no pude vengo a traerte los pétalos de amor que recogí en mi alma.
¡Recibelos, Madrecita!. No se trata de perlas ni brillantes de la tierra. Son las lágrimas de ternura que Dios me concedió, a fin de que te ofrende mi propio corazón transformado en un poema de estrellas.
viernes, 28 de noviembre de 2014
CONSECUENCIAS PARA EL ESPÍRITU ABORTADO
En general, para el espíritu, ver cortado
su camino a la vida física por un aborto significa una enorme frustración, una pérdida preciosa de tiempo y un gran sufrimiento moral, acompañado, al mismo tiempo, de gravísimas lesiones periespirituales y de un fuerte trauma mental. Podemos encontrar desde la reacción más positiva de un espíritu evolucionado, que sabrá sobreponerse al terrible acto, sin dejarse llevar por el odio y resentimiento y que desde pronto podrá estar capacitado para intentar una nueva inmersión en el mundo carnal, hasta la reacción más negativa del espíritu que, viendo su cuerpo en formación aniquilado y sometido a terribles mutilaciones, reacciona de una manera más descontrolada y agresiva, pues al sentirse traicionado, despreciado y expulsado de las entrañas maternas, el espíritu transforma su mundo íntimo que era de alegría y de esperanza, hacia las emociones traumatizantes de odio y de venganza, revolviéndose con inmenso dolor y angustia contra aquellos causantes de su desgracia, pudiendo acarrear unas consecuencias negativas de variada tipología. Una gran mayoría de espíritus abortados son recogidos y llevados a hospitales de la espiritualidad, donde son tratados hasta que puedan recuperar su forma espiritual adulta. Algunos de ellos responden de forma positiva a la terapia y, en más o menos tiempo, pueden recobrar su anterior configuración; pero otros espíritus, por el contrario, como consecuencia del gran choque y trauma mental que sufren, quedan mentalmente bloqueados y son incapaces de reaccionar correctamente al tratamiento, mostrándose su periespiritu con grandes deformaciones. Otras veces, ocurre que el espíritu rechazado se niega a colaborar, no queriendo rehacer su forma espiritual creyendo, en su dolor e ingenuidad, que si permanece en la forma infantil tendrá antes otras opciones para proseguir en su proceso de reencarnación.
Testimonio de un espíritu abortado (extraído el libro “Deixe-me viver” / Irene Pacheco Machado – Luiz Sergio)
Otro caso lamentable era el de Fernando: de cintura hacia abajo poseía la forma de un bebé, y de cintura hacia arriba su forma era de hombre. Su mirar destellaba odio. El médico le preguntó:
- Fernando, ¿desea que hoy conversemos?
- No, no quiero nada, tan sólo poder morir de una vez
- Fernando, sabe que eso es imposible. Tiene que volver a la Tierra para proseguir el viaje
- Ustedes son locos y sanguinarios. ¡Vean cuál es mi estado¡ Obedeciendo a la espiritualidad Mayor
frecuenté todos los cursos para sumergirme en un nuevo cuerpo físico y hoy ¿qué resta de mí?. Una
deformación odiosa, por el rechazo de alguien que prometió acogerme en su vientre. ¡Todo es
mentira¡ No quiero nada ni creo ya en nada más.
- Fernando, por favor, vamos a tratar de recuperar su antigua forma, ella está en su mente,
entreguémonos a los brazos de Jesús y verá como es capaz de poder hacerlo.
Fernando gritaba:
- No puedo, ¿no se da cuenta de que estoy deformado?. Soy al mismo tiempo un hombre y un bebé
- No, usted no es un bebé. Usted es quien insiste en recordar tan terrible acto. Olvídelo, querido hermano y busque en su alma la forma verdadera de su cuerpo de hombre.
- ¡No puedo, ellos me matan¡ La mesa… los aparatos…las jeringas… el dolor, el dolor me quema…
¡No, no me mate, madre¡ Yo no le hice ningún mal. Le pido solamente: déjeme nacer!
- Fernando, su cuerpo… Modélelo nuevamente como era antes¡
- ¡No puedo¡ Estoy siendo asesinado fríamente¡ ¿Qué les hice yo a ustedes, asesinos? Me reducen a un feto y ahora, cobardemente, abusan de mi pequeñez y me matan¡ Por favor, déjenme nacer¡¡, no los
perturbaré jamás. Abandónenme después para que otros me críen, pero no me maten, cobardes. Yo no tengo armas para defenderme. Algún día pagarán por esto y mi odio será eterno. ¿Cómo puedo llamarla
madre cuando asesina a un hijo inocente e indefenso?
Diciendo esto, Fernando se desmayó.
- Todos los días intentamos traer a Fernando de nuevo a la realidad, pero él no consigue olvidar el aborto
cobarde que sufrió.
(extraído el libro “Deixe-me viver” / Irene Pacheco Machado – Luiz Sergio)
En ningún momento voy a hablar de las consecuencias para los padres, ni para los médicos o personas que de una u otra forma se hayan involucrado en un aborto y que, según haya sido su grado de participación, conocimiento e intención, sin duda alguna han generado nuevos e ineludibles compromisos para un futuro y, de uno u otro modo y según cada caso, tendrán que reparar el mal hecho
Y no lo voy ha hacer porque yo no quiero que el miedo a posibles consecuencias negativas sea el factor que lleve a decir ¡no! al aborto, sino que, por el contrario, mi deseo es que el aborto sea vencido por el Respeto y el Amor al ser que está reencarnando. Porque el miedo es un sentimiento negativo que daña y anula a la persona y, sin embargo, el Amor es el sentimiento universal positivo por excelencia que engrandece al ser humano y que tiene la milagrosa y maravillosa propiedad de poder transformar su corazón.
LOS PADRES NO SON DUEÑOS DE SUS HIJOS
Tener en nuestras manos la posibilidad de decidir sobre la interrupción de un embarazo, con todas las consecuencias que ello conlleva, es siempre una decisión de extrema responsabilidad, porque se está decidiendo sobre la posibilidad de denegar la vida a un ser, atentando contra las leyes naturales y contra los designios de Dios.
Por tanto, después de haberse producido la fecundación y, a pesar de las múltiples justificaciones que se puedan alegar, sean cuales sean, la interrupción de un embarazo es siempre un lamentable error, un tremendo acto de injusticia y un ultraje y un desprecio hacia el ser en gestación.
Ser en gestación, por otra parte, que desde el primer momento trae consigo en las entrañas maternas un mensaje para sus padres, que si éstos supieran leer en el gran libro de las Leyes de Dios lograrían ver su contenido, que más o menos podría ser el siguiente:
“Vosotros habéis sido escogidos por Mí para educar y proteger a esta alma que pongo en vuestras manos. Ella es única e irrepetible, pues no existe ni existirá otra igual. Respetadla y amadla sean cuales sean las circunstancias en que os sea entregada. Y, sobre todo, recordad que no os pertenece, sino que Yo os la cedo a vuestro cuidado hasta el día en que os llame para preguntaros que habéis hecho con ella.”
Firmado: Dios
Porque los hijos no son de los padres ni les pertenecen, pues ellos no han creado al espíritu de su hijo, sino que el hijo que ahora viene al mundo físico ya existe desde mucho antes del acto sexual que origina la concepción del nuevo ser.
Los hijos son hijos de Dios, que descienden al mundo físico a través de los padres, quienes de esta manera colaboran en Su obra proporcionando al espíritu los materiales necesarios para que pueda formar su nueva vestimenta carnal, de manera que debemos desterrar el concepto de que los padres puedan atribuirse el derecho o la capacidad para decidir sobre la posibilidad o no de cortar el camino a la vida física de un espíritu frustrando, mediante el aborto, su proceso de reencarnación.
Debe quedar bien claro, también, que el derecho de vida del feto ha de estar siempre por encima del confort psicológico y del libre albedrío de los padres, pues el interés y el beneficio espiritual ha de ser siempre un bien superior a los intereses transitorios, inmediatistas y materiales de la vida carnal.
Cita de una conferencia de Alfredo Tabueña.
su camino a la vida física por un aborto significa una enorme frustración, una pérdida preciosa de tiempo y un gran sufrimiento moral, acompañado, al mismo tiempo, de gravísimas lesiones periespirituales y de un fuerte trauma mental. Podemos encontrar desde la reacción más positiva de un espíritu evolucionado, que sabrá sobreponerse al terrible acto, sin dejarse llevar por el odio y resentimiento y que desde pronto podrá estar capacitado para intentar una nueva inmersión en el mundo carnal, hasta la reacción más negativa del espíritu que, viendo su cuerpo en formación aniquilado y sometido a terribles mutilaciones, reacciona de una manera más descontrolada y agresiva, pues al sentirse traicionado, despreciado y expulsado de las entrañas maternas, el espíritu transforma su mundo íntimo que era de alegría y de esperanza, hacia las emociones traumatizantes de odio y de venganza, revolviéndose con inmenso dolor y angustia contra aquellos causantes de su desgracia, pudiendo acarrear unas consecuencias negativas de variada tipología. Una gran mayoría de espíritus abortados son recogidos y llevados a hospitales de la espiritualidad, donde son tratados hasta que puedan recuperar su forma espiritual adulta. Algunos de ellos responden de forma positiva a la terapia y, en más o menos tiempo, pueden recobrar su anterior configuración; pero otros espíritus, por el contrario, como consecuencia del gran choque y trauma mental que sufren, quedan mentalmente bloqueados y son incapaces de reaccionar correctamente al tratamiento, mostrándose su periespiritu con grandes deformaciones. Otras veces, ocurre que el espíritu rechazado se niega a colaborar, no queriendo rehacer su forma espiritual creyendo, en su dolor e ingenuidad, que si permanece en la forma infantil tendrá antes otras opciones para proseguir en su proceso de reencarnación.Testimonio de un espíritu abortado (extraído el libro “Deixe-me viver” / Irene Pacheco Machado – Luiz Sergio)
Otro caso lamentable era el de Fernando: de cintura hacia abajo poseía la forma de un bebé, y de cintura hacia arriba su forma era de hombre. Su mirar destellaba odio. El médico le preguntó:
- Fernando, ¿desea que hoy conversemos?
- No, no quiero nada, tan sólo poder morir de una vez
- Fernando, sabe que eso es imposible. Tiene que volver a la Tierra para proseguir el viaje
- Ustedes son locos y sanguinarios. ¡Vean cuál es mi estado¡ Obedeciendo a la espiritualidad Mayor
frecuenté todos los cursos para sumergirme en un nuevo cuerpo físico y hoy ¿qué resta de mí?. Una
deformación odiosa, por el rechazo de alguien que prometió acogerme en su vientre. ¡Todo es
mentira¡ No quiero nada ni creo ya en nada más.
- Fernando, por favor, vamos a tratar de recuperar su antigua forma, ella está en su mente,
entreguémonos a los brazos de Jesús y verá como es capaz de poder hacerlo.
Fernando gritaba:
- No puedo, ¿no se da cuenta de que estoy deformado?. Soy al mismo tiempo un hombre y un bebé
- No, usted no es un bebé. Usted es quien insiste en recordar tan terrible acto. Olvídelo, querido hermano y busque en su alma la forma verdadera de su cuerpo de hombre.
- ¡No puedo, ellos me matan¡ La mesa… los aparatos…las jeringas… el dolor, el dolor me quema…
¡No, no me mate, madre¡ Yo no le hice ningún mal. Le pido solamente: déjeme nacer!
- Fernando, su cuerpo… Modélelo nuevamente como era antes¡
- ¡No puedo¡ Estoy siendo asesinado fríamente¡ ¿Qué les hice yo a ustedes, asesinos? Me reducen a un feto y ahora, cobardemente, abusan de mi pequeñez y me matan¡ Por favor, déjenme nacer¡¡, no los
perturbaré jamás. Abandónenme después para que otros me críen, pero no me maten, cobardes. Yo no tengo armas para defenderme. Algún día pagarán por esto y mi odio será eterno. ¿Cómo puedo llamarla
madre cuando asesina a un hijo inocente e indefenso?
Diciendo esto, Fernando se desmayó.
- Todos los días intentamos traer a Fernando de nuevo a la realidad, pero él no consigue olvidar el aborto
cobarde que sufrió.
(extraído el libro “Deixe-me viver” / Irene Pacheco Machado – Luiz Sergio)
En ningún momento voy a hablar de las consecuencias para los padres, ni para los médicos o personas que de una u otra forma se hayan involucrado en un aborto y que, según haya sido su grado de participación, conocimiento e intención, sin duda alguna han generado nuevos e ineludibles compromisos para un futuro y, de uno u otro modo y según cada caso, tendrán que reparar el mal hecho
Y no lo voy ha hacer porque yo no quiero que el miedo a posibles consecuencias negativas sea el factor que lleve a decir ¡no! al aborto, sino que, por el contrario, mi deseo es que el aborto sea vencido por el Respeto y el Amor al ser que está reencarnando. Porque el miedo es un sentimiento negativo que daña y anula a la persona y, sin embargo, el Amor es el sentimiento universal positivo por excelencia que engrandece al ser humano y que tiene la milagrosa y maravillosa propiedad de poder transformar su corazón.
LOS PADRES NO SON DUEÑOS DE SUS HIJOS
Tener en nuestras manos la posibilidad de decidir sobre la interrupción de un embarazo, con todas las consecuencias que ello conlleva, es siempre una decisión de extrema responsabilidad, porque se está decidiendo sobre la posibilidad de denegar la vida a un ser, atentando contra las leyes naturales y contra los designios de Dios.
Por tanto, después de haberse producido la fecundación y, a pesar de las múltiples justificaciones que se puedan alegar, sean cuales sean, la interrupción de un embarazo es siempre un lamentable error, un tremendo acto de injusticia y un ultraje y un desprecio hacia el ser en gestación.
Ser en gestación, por otra parte, que desde el primer momento trae consigo en las entrañas maternas un mensaje para sus padres, que si éstos supieran leer en el gran libro de las Leyes de Dios lograrían ver su contenido, que más o menos podría ser el siguiente:
“Vosotros habéis sido escogidos por Mí para educar y proteger a esta alma que pongo en vuestras manos. Ella es única e irrepetible, pues no existe ni existirá otra igual. Respetadla y amadla sean cuales sean las circunstancias en que os sea entregada. Y, sobre todo, recordad que no os pertenece, sino que Yo os la cedo a vuestro cuidado hasta el día en que os llame para preguntaros que habéis hecho con ella.”
Firmado: Dios
Porque los hijos no son de los padres ni les pertenecen, pues ellos no han creado al espíritu de su hijo, sino que el hijo que ahora viene al mundo físico ya existe desde mucho antes del acto sexual que origina la concepción del nuevo ser.
Los hijos son hijos de Dios, que descienden al mundo físico a través de los padres, quienes de esta manera colaboran en Su obra proporcionando al espíritu los materiales necesarios para que pueda formar su nueva vestimenta carnal, de manera que debemos desterrar el concepto de que los padres puedan atribuirse el derecho o la capacidad para decidir sobre la posibilidad o no de cortar el camino a la vida física de un espíritu frustrando, mediante el aborto, su proceso de reencarnación.
Debe quedar bien claro, también, que el derecho de vida del feto ha de estar siempre por encima del confort psicológico y del libre albedrío de los padres, pues el interés y el beneficio espiritual ha de ser siempre un bien superior a los intereses transitorios, inmediatistas y materiales de la vida carnal.
Cita de una conferencia de Alfredo Tabueña.
viernes, 14 de noviembre de 2014
JUZGAR POR LAS APARIENCIAS
He vuelto a leer las Memorias del Padre Germán al cual admiro desde la primera vez que las leí.El Padre Germán era un gran médium y gran comunicador, ayudaba a todos con humildad.
No conoció el amor de su madre desde pequeño, pero Amo mucho a Dios con el que siempre estaba hablando.
Era un espíritu muy adelantado, pensaba en la vida después de la muerte, que la tierra era un lugar de expiación al cual se viene a pagar las penas de otras vidas y ayudaba a los demás para la salvación de sus almas.
Padre Germán: ¡Señor! ¡Señor! ¡Cuán culpable debí ser en mi anterior existencia! Pues yo estoy bien seguro que ayer he vivido y viviré mañana, no de otro modo puedo explicarme la continua contrariedad de mi vida. Y Dios es justo, y Dios es bueno, y Dios no quiere que se descarríe la última de sus ovejas y el espíritu se cansa como se cansa el mío de tanto sufrir. ¿Qué he hecho yo en el mundo? ¡Padecer! Vine a la tierra y mi pobre madre o murió al darme a luz, o la hicieron morir, o la obligaron a enmudecer, ¡quién sabe! El más profundo misterio veló mi nacimiento. ¿Quién me dio el primer alimento? Lo ignoro; no recuerdo que ninguna mujer meciera mi cuna. Mis primeras sonrisas a nadie hicieron sonreír. Hombres con hábitos negros veía en torno de mi lecho al despertar. Ni una
caricia, ni una palabra de ternura resonaba en mis oídos; toda la condescendencia que tenían conmigo era dejarme solo en un espacioso huerto; y los padres de mi fiel Sultán (hermosísimos perros de Terranova) eran mis únicos compañeros.
En las tardes de verano, a la hora de la siesta, mi mayor gusto era dormir reposando mi cabeza sobre el cuerpo de la paciente Zoa, y aquel pobre animal permanecía inmóvil todo el tiempo que yo quería descansar. Éstas fueron todas las alegrías de mi niñez. Nadie me castigó nunca, pero tampoco nadie me dijo: Estoy contento de ti. Sólo la pobre Zoa lamía mis manos, y sólo León me tiraba de las mangas del hábito y echaba a correr como diciéndome: “Ven a correr conmigo”, y yo corría con ellos, y entonces... sentía el calor de la vida.
Cuando dejé mi encierro, nadie derramó una lágrima; únicamente me dijeron: “cumple con tu deber”. Y como recuerdo de mi niñez y de mi juventud, me entregaron a Sultán, entonces juguetón cachorrillo, y comencé una era menos triste que la anterior, pero triste siempre.
Amante de la justicia, mis compañeros me señalaron con el dedo; me conceptuaron como elemento perturbador, y me confinaron en una aldea donde pasé más de la mitad de mi vida; y cuando la calma se iba apoderando de mi mente, cuando la más dulce melancolía me dejaba sumido en místicameditación, cuando mi alma gozaba algunas horas de apacible sueño moral, me llamaban de la ciudad vecina para bendecir un casamiento, para recoger la postrer confesión de un moribundo, para asistir a la agonía de un reo en capilla; y contrariado siempre, nunca he podido, al concebir un plan, llevarlo
a efecto, por sencillo que fuera. Y yo he sido un ser inofensivo, he amado a los niños, he consolado a los desgraciados, he cumplido fielmente con los votos que pronuncié. ¿Por qué esta lucha sorda? ¿Por qué esta contrariedad continua? Si mi espíritu no tiene derecho de individualizarse más que en esta existencia, ¿por qué Dios, amor inmenso (que en Él todo es amor), me ha hecho vivir en esta terrible soledad? ¡Ah! no, no, no mi propio tormento me dice que viví ayer. Si no reconociera mi pasado, yo
negaría a mi Dios. Y yo no puedo negar la vida. Pero ¡ah! ¡Cuánto he sufrido! ¡Sólo una vez he podido hacer mi voluntad; sólo una vez he desplegado la energía de mi espíritu, y cuán feliz fui entonces!
¡Oh! ¡Señor! ¡Señor! Las fuerzas de mi alma no pueden inutilizarse en el corto plazo de una existencia. ¡Yo viviré mañana, yo volveré a la tierra y seré un hombre dueño de mi voluntad! Y yo te proclamaré, Señor, no entre hombres supeditados a vanos formalismos. Yo proclamaré tu gloria en las Academias, en los Ateneos, en las Universidades, en todos los templos del saber, ¡en todos los laboratorios de la ciencia! ¡Yo seré uno de tus sacerdotes! ¡Yo seré uno de tus apóstoles, pero no haré más votos que
seguir la ley de tu Evangelio! Yo amaré, porque tú nos enseñas a amar. Yo me crearé una familia,
porque tú nos dices creced y multiplicaos. Yo vestiré a los huérfanos, como tú vistes a los lirios de los valles. Yo hospedaré al peregrino, como tú hospedas en las enramadas a las aves. Yo difundiré la luz de tu verdad, como tú difundes el calor, y esparces la vida con tus múltiples soles en tus infinitos universos. ¡Oh! Sí, yo viviré, porque si no viviera mañana, negaría tu justicia, Señor!
Yo no puedo ser un simple instrumento de la voluntad de otros. ¿Por qué, entonces, para qué me has dotado de entendimiento y de libre albedrío? ¡Si todo cumple su trabajo en la creación, mi iniciativa deben cumplir el suyo; y yo nunca he estado contento con las leyes de la tierra!
¿Cuándo, cuándo podré vivir?
¡Cuántas veces, Señor, cuántas veces he acudido para confesar a los reos de muerte, y si hubiera podido, me hubiese llevado a aquellos infelices a mi aldea y hubiera partido mi escaso pan con ellos! ¡Cuántos monomaniacos! ¡Cuántos espíritus enfermos me han confiado sus más secretos pensamientos, y he visto muchas veces más ignorancia que criminalidad!¡Señor! ¡Señor! ¿Cuándo llegará el día que pueda dejar este valle de amargura? Tengo miedo de permanecer en la tierra; el espejismo de las experiencias sociales me oculta los abismos del crimen, y temo caer. Cuando un ser desconocido se postra ante mí, y me cuenta su historia,
siento frío en el alma y exclamo con angustia: “¡Otro secreto más! ¡Otra nueva responsabilidad sobre las muchísimas que me abruman! ¿Soy yo acaso perfecto? ¿Tengo más luz que los otros para que así me obliguen a servir de guía a unos cuantos, ciegos de entendimiento? ¿Por qué esa distinción? Si yo he sentido como ellos, si yo he tenido mis pasiones más o menos comprimidas, si yo me he visto precisado a huir del contacto del mundo para que mi corazón cesara de latir, ¿por qué este empeño en querer que la frágil arcilla sea fuerte como las rocas de granito?” ¡Pueblos ignorantes que vivís entregados a la voluntad de algunos míseros pecadores! ¡No sé quiénes son más dignos de compasión; si vosotros. que os engañáis creyéndoos grandes, o nosotros que nos vemos pequeños!
¡Señor! ¡Señor! ¿Por qué habré nacido en la casta sacerdotal? ¿Por qué me has obligado a guiar pobres ovejas si no puedo guiarme a mí mismo.? ¡Señor! ¡Tú debes tener otras moradas, porque en la tierra se
asfixia el alma pensadora al ver tanta miseria, tanta hipocresía! Yo quiero ir por buen camino y en todos los senderos encuentro precipicios para caer en ellos. ¡Oh, el sacerdote! El sacerdote debe ser sabio, prudente, observador, recto en su criterio, misericordioso en su justicia, severo y clemente, juez y parte a la vez, ¿Y qué somos en realidad? Hombres falibles, débiles y pequeños. Mis compañeros me abandonan, porque no me quiero proclamar como ellos impecable. Dicen que defraudo los intereses de la iglesia. ¿Y acaso la Iglesia necesita los bienes de la tierra? ¿Necesitará la iglesia de
Dios los míseros dones de los hijos del pecado? En el templo del Eterno no hacen falta las ofrendas de metales corruptibles; con el incienso de las buenas obras de las almas grandes, se perfuman los ámbitos inmensos de la Basílica de la Creación.
¡Señor, inspirarme! Si voy por el mal camino, apiádate de mí, porque mi único deseo es adorarte en la tierra amando y protegiendo a mis semejantes y seguirte amando en otros mundos, donde las almas estén por sus virtudes más cerca de ti.
Extraído del libro Memorias del Padre Germán
sábado, 1 de noviembre de 2014
LA CORONA Y LAS ALAS
Se comentaba, en la reunión, las glorias del saber, cuando el, Señor para ilustrar la conversación, contó, con simplicidad:Un hombre amante de la verdad, informándose de que el perfeccionamiento intelectual conduce a la divina sabiduría, se lanzó a la subida de la montaña de la ciencia, empeñando todas las fuerzas que poseía en el decisivo emprendimiento. El sendero era sombrío cual oscuro laberinto; sin embargo, el esforzado batallador, olvidando dificultades y peligros, avanzaba siempre, cambiando de vestuario para mejor acomodarse a las exigencias de la marcha. De tiempos en tiempos, lanzaba a la margen de la carretera una túnica que se hiciera estrecha o una alpargata que se le figuraba inservible, buscando indumentaria nueva, hasta que, un día, después de muchos años, alcanzó la deseada culminación, donde un representante de Dios le surgió al encuentro.
El emisario lo saludó, lo abrazó y le revistió la frente con deslumbrante corona de luz. Pero, cuando el vencedor del conocimiento quiso proseguir adelante, en la dirección al Paraíso, le recomendó el mensajero que volviese atrás sobre sus pasos, para ver la senda recorrida y que, de su actitud en la revisión del camino, dependería la concesión de alas con las que le sería posible volar al encuentro del Padre Eterno.
El interesado regresó, pero, ahora, auxiliado por la fulgurante aureola con la que fuera investido, podía contemplar todos los ángulos de la senda, antes inextricable a su mirada.
No contuvo la risa, delante de los extraños ropajes que los viajeros de la retaguardia vestían.
Aquí, notaba una túnica rota; más allá, una sandalia extravagante. Innumerables peregrinos se apoyaban en bordones quebradizos, mientras otros se amparaban en míseras capas; no obstante, cada cual, con impertinencia infantil, marchaba señor de sí mismo, como si vistiera la ropa más valiosa del mundo.
El vencedor de la ciencia no aguantó las impresiones que el cuadro le causaba y se abrió en frases de burla, reprobando acremente la ignorancia de cuántos seguían con ropas ridículas o inadecuadas. Gritó, condenó e hizo burlas contundentes. Se dirigió a la comunidad de los viajeros con tanta ironía que muchos renunciaron a la subida, regresando a la inercia de la vasta planicie.
Después de maldecir a todos, indistintamente, volvió el héroe coronado a la cumbre del monte, en la expectativa de partir sin demora al encuentro del Padre, pero el Ángel, muy triste, le explicó que el ropaje de los otros, que le provocara tanto sarcasmo inútil, era aquel mismo que él se sirviera para elevarse, en el tiempo que era débil y medio ciego, y que las alas de luz, con que debería elevarse al Trono Divino, solamente le serían dadas, cuando edificase el amor en lo mas íntimo del corazón. Le faltaban piedad y entendimiento; que él volviese demoradamente al camino y auxiliase a sus semejantes, sin lo que jamás conseguiría equilibrarse en el Cielo. Se siguieron algunos minutos de silencio impenetrable...
El Maestro, imprimiendo aún significativo énfasis a las palabras, terminó:
Hay muchas almas, en la Tierra, ostentando la luminosa corona de la ciencia, pero de corazón adormecido en la impiedad, destacándose en el sarcasmo pueril y en la censura indebida. Envenenadas por la incomprensión, exigentes y crueles, fulminan a los compañeros más cortos de entendimiento o de cultura, en vez de extenderles las manos fraternales, reconociendo que también ya fueron así, vacilantes e imperfectos... No obstante, mientras no se decidan a ayudar al hermano menos esclarecido y menos afortunado, acogiéndolo en el propio espíritu, con sinceridad y dedicación, no recibirán las alas con que les será lícito partir en la dirección al Cielo.
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