viernes, 9 de septiembre de 2016

EXPLICACIONES DEL MAESTRO

En plena conversación edificante, Sara, la esposa de Benjamín, el criador de cabras, oyendo los comentarios del Maestro, en los dulces entendimientos del hogar de Cafarnaúm, preguntó, de ojos fascinados por las nuevas revelaciones:
La idea del Reino de Dios, en nuestras vidas, es realmente sublime; sin embargo, ¿cómo iniciarme en ella? Hemos oído las predicaciones a la margen del lago y sabemos que la Buena Nueva aconseja, por encima de todo, el amor y el perdón... Anhelaría ser fiel a semejantes principios, pero me siento presa a las viejas normas. No consigo disculpar los que me ofenden, no entiendo una vida en la que cambiemos nuestras ventajas por los intereses de los otros, soy apegada a mis bienes y celosa de todo que acepto como siendo propiedad mía.
La dama se confesaba con simplicidad, no obstante la sonrisa decepcionada de quien encuentra obstáculos casi invencibles.
Para eso  comentó Pedro, es indispensable la buena voluntad.
Con la fe en Nuestro Padre Celestial  aventuró la esposa de Simón, atravesaremos los tropiezos más duros.
En todos los presentes transparentaba ansiosa expectativa en cuanto al pronunciamiento del Señor, que habló en seguida al largo silencio:
Sara, ¿cuál es el servicio fundamental de tu casa?
 Es la crianza de cabras  respondió la interpelada, curiosa.
 ¿Cómo procedes para conservar la leche inalterada y pura en beneficio doméstico?
 Señor, antes de cualquier otra cosa, es imprescindible lavar, cautelosamente, el recipiente donde ella será colocada. Si se queda cualquier detrito en el ánfora, pronto toda la leche se queda ácida y ya no servirá para los servicios más delicados.
Jesús sonrió y explicó:
Así es la revelación celeste en el corazón humano. Si no purificamos el recipiente del alma, aunque el  conocimiento, sea superior, se mezcla con las suciedades de nuestro mundo íntimo, como si degenerase, y se reduce la proporción del bien que de el  podríamos recibir.  En verdad, Moisés y los Profetas fueron valerosos portadores de mensajes divinos, pero los descendientes del Pueblo escogido no purificaron suficientemente el receptáculo vivo del espíritu para recibirlos.
Esa es la razón por la cual  nuestros contemporáneos son al mismo tiempo justos e injustos, creyentes e incrédulos, buenos y malos . La leche pura de los esclarecimientos elevados penetra el corazón como alimento nuevo, pero ahí se mezcla con la herrumbre del egoísmo viejo. Del servicio renovador del alma quedará, entonces, el vinagre de la incomprensión, postergando el trabajo efectivo del Reino de Dios.
El pequeño grupo, en la sala de Pedro, recibía la lección sublime y sencilla, con conmoción, sin cualquier interferencia verbal.
El Maestro, sin embargo, levantándose con discreción y humildad, acarició los cabellos de la señora que lo interpelara y concluyó, dando una muestra de su generosidad:
El rocío en un lirio blanco es diamante celeste, pero, en el polvo del camino, es una gota de lodo.
 No te olvides de esta verdad simple y clara de la Naturaleza.

viernes, 19 de agosto de 2016

AMOR

AMOR NO ES UNA PRISIÓN NI DEPENDENCIA NI IMPOSICIÓN.
La mayor dificultad se instaura cuando relacionamos el amor con posesión, amor con obligación, amor con sumisión.
El amor maduro es seguro, tolerante y confiado, ya que es autónomo.Genera posibilidades de crecimiento, de ampliación de la consciencia, del desarrollo de la espiritualidad. 
Surge un sentimiento de amplitud en aquellos que de forma madura se aman. Sienten un profundo respeto al amor, al amado y al amante. En sentido contrario,para amarse así mismos, aman a alguien y sienten amor, de forma respetuosa.
Es un engaño decir que no se perdona a una determinada persona exactamente porque la ama y cree inadmisible lo que ella hizo. Cualquier forma de inaceptación nos lleva a la absolutización de algo que no está, en sí mismo y en absoluto, ni en la relación ni en la posibilidad.
Nos equivocamos en la aquilatación axiologica, es decir, en la atribución de valor. Nosotros no somos mejores ni peores que nadie, tan sólo presentamos ángulos diferentes de una realidad multiforme, dinámica y fluida, conforme sabemos. Podemos, incluso, perdonar a alguien sin amar a esa persona. Perdonamos por comprender. Perdonamos por entender. Perdonamos por la utilización correcta de nuestra inteligencia.
Amor e inteligencia forman un binomio primoroso para que no nos quedemos atrapados en una fijación infeliz.
¡Sea libre! Ame.
¡Perdone! Sea libre.
¡Ame y perdone! Sea feliz.
Texto recogido del libro Amor el sentido de la vida.  
  

jueves, 21 de julio de 2016

PENSAR Y RECORDAR

PENSAR Y HACER. 
En muchas situaciones vamos a encontrar, en lo más íntimo del hombre, la confusión instaurada entre el pensar y el hacer.
¿Por qué pienso en el bien y no consigo hacerlo? se preguntan algunos. Este es un problema que existe en la humanidad y con índice alto hasta hoy. No obstante, llamamos la atención para otra posibilidad que existe y que se define en la siguiente expresión: "todavía pienso en el mal, pero ya consigo no hacerlo".
Esta etapa transitoria en la evolución humana es muy importante, pues tanto marca el distanciamiento del patrón existente de hacer el mal, como indica el ejercicio de hacer el bien algo tan necesario para el mantenimiento de la salud integral.
Un día conseguiremos no pensar en el mal nunca más, y al contrario, experimentalmente, hacer siempre el bien. Entre el pensar y el hacer humanos, necesitamos acordarnos del ser psíquico que es el hombre. Cuando Jesús dijo que bastaba pensar en algo para realizarlo, se refería a la dimensión psíquica del hombre. Espíritu eterno que es, a la realización energética.
Recordemos que pensar en enfermedad o pensar de forma enfermiza (el pensamiento desequilibrado, en desaliño y malicioso) es ponerse enfermo, es enfermar su cuerpo y contaminar a aquellos que estén cerca, si ellos lo permiten. Pensemos en Bien y hagamos el bien y en el bien viviremos para siempre. nadie, absolutamente nadie, que piense en desear el mal para alguien se verá privado de sufrir la correspondencia de la propia acción.
Con Jesús en nosotros, el Bien está y estará siempre presente en nuestra vida, que se hace con lo que hagamos. ¿Está enfermo? ¿Siente que va a enfermar? "Modificad vuestro pensamiento" nos enseñó Jesús. Porque, si no, despues... no se queje de la inyección que se verá obligado a tomar.¡ Sabe Dios por cuánto tiempo!
RECORDATORIOS. No hay mucho más que decir , solo recuerda:
1...No pierda el tiempo en su día a día, pues una hora perdida es una hora irrecuperable.
2...Perdone mientras haya tiempo, pues después puede doler más. Los malos sentimientos hacen daño al Espíritu
3...Trabaje mientras haya tiempo, pues siempre hay tiempo para hacer el bien. El bien es tiempo presente.
4...Apártese de los vicios y tendrá más calidad de vivir y servir, pues guardar lo que no sirve es invertir en el mal que nos aniquila.
5...Sea usted mismo, pues reconocer nuestras limitaciones es saludable y nos calma el alma. Tan sólo no use esta expresión por orgullo e insensatez.
6...Deje de disculparse, pues quien quiere cambiar no se disculpa, simplemente, el cambio debe nacer en usted.
7...Revise sus objetivos de vivir y cuando perciba que se está apartando de ellos, no pierda tiempo, vuelva a la ruta correcta y será feliz.
8...Deje de insultar, pues si en un niño es feo, en un adulto es insoportable e indica inferioridad. La palabra debe ser utilizada siempre para construir.
9... Cuidado con la cabeza, pues existen ladrones de varios tipos. Querer lo que es de otro es una forma de negación de sí mismo.
10... Tenga siempre templanza, calma y esperanza y no le faltarán condiciones para servir y amar. El equilibrio es necesario para el buen hacer.
Este no es un decálogo, aunque sean diez recordatorios amigos que le dedico, amigo/amiga que busca aprender hacerlo bien. Que Dios nos ilumine y Jesús nuestro Modelo guié siempre nuestros pasos
este texto esta dictado por el Espíritu Dr. Hans mi felicitaciones Dr Hans eres maravilloso.

miércoles, 6 de julio de 2016

VIDA DE JESÚS DICTADA POR EL MISMO XVI 4ª PARTE

Sigo con la vida de Jesús es tan interesante, que no puedo dejar de contarla gracias amigo Jesús por esta vida tan maravillosa.
Cafarnaúm, demuestran mi conocimiento en la ciencia divina, puesto que me dirigía a hombres capaces de comprenderme. Estos hombres, desgraciadamente, eran tímidos aliados o déspotas depravados, y los primeros no me podían sostener sino con la ayuda del pueblo. Apoyarme en el pueblo hubiera sido, tengo de ello la convicción hoy, crearme seguridades durante el tiempo necesario para la fundación de mi gloria humana como Mesías y revelador de la ley universal.
Cometí un gran error al alejarme de Jerusalén, y de este error dimanan las supersticiones que han mantenido alejados a los espíritus, del propósito latente de todas las humillaciones, la adoración de un solo Dios, el amor fraterno y el progreso en la adoración y en el amor.
De las enseñanzas de Jesús en esa época, deducimos que el pensamiento que dominaba en ellas, destruía desde la cima hasta la base, los preceptos de la antigua ley para reemplazarlos con los de la nueva. Se pronunciaron entonces estas palabras:
La luz viene de Dios y yo soy la luz. Dios ha puesto en mí todas sus esperanzas, en el sentido de que la verdad se hiciera evidente para vosotros. Felices los que comprenderán la verdad. El hombre no sería hombre, si no hubiera aprendido algo antes de nacer. Haceos sabios para descubrir lo que ha
precedido a vuestra actual existencia. El porvenir os será revelado por el conocimiento que adquiráis de vuestro pasado.
Creed en la purificación por medio de las pruebas y jamás dudéis de la misericordia divina, pero retened bien esto: La purificación se opera lentamente y la misericordia divina no podría contrariar la ley de la organización y de la desorganización.
Observad mi ley. Ésta dice: Orad en secreto, perdonad a vuestros enemigos y ayudad a vuestros hermanos.
Os lo repetiré siempre: El que abandona al pobre será a su vez abandonado. Al que mata se le matará, el que maldiga será maldito. Este es un secreto divino que se explica no en una vida sino en muchas.
Defendeos en contra de las supersticiones inferiores de la niñez de los pueblos, que asemejan a Dios con los miembros de la humanidad, y adorad a vuestro Padre, sin pedirle que altere cosa alguna de sus designios.
Los hombres de buena voluntad levantarán un templo a Dios y el reinado de Dios se establecerá sobre la Tierra. Os lo digo: muchos de entre vosotros verán el reino de Dios, mas comprended bien mis palabras; estas palabras son de todo tiempo, porque el espíritu es inmortal, la vida sucede a la muerte, la luz disipa las tinieblas, y el santo nombre de Dios será bendecido por toda la Tierra.
Alejaos de los falsos profetas. Los reconoceréis fácilmente. Ellos anuncian  siempre el hambre, la peste y todos los flagelos. Invocan la cólera de Dios sobre los que han prevaricado y sobre los hombres que investigan los designios de ellos para dar a conocer su picardía. Afirman que Dios protege su poder y afectan grandes apariencias de virtud, mientras su corazón se encuentra sobrecargado de odios.
Ahora os lo digo: Dios no tiene sino amor para sus criaturas. Él las castiga sin enojo y para llevarlas hacia el arrepentimiento. Todos recogen en un tiempo lo que han sembrado en otro. Todos deben cuidar los sembrados, para que el buen grano no se vea sofocado por la mala yerba. Seguid la ley de amor y Dios hablará a vuestros espíritus y os mandará mensajeros de su amor. La gracia de Dios es obra de Justicia.
Felices los que desean la gracia y sabrán merecerla. La verdad les será revelada y ellos la desparramarán para confundir a los malos y a los hipócritas, para instruir a los ignorantes, para consolar a los pobres y a los pecadores, para facilitarles a los justos los medios para fundar el reino de Dios sobre la Tierra.
La verdad se recomienda por sí misma, desde que habla en nombre de la razón, de la igualdad, de la fraternidad, de la inmortalidad, puesto que demuestra la felicidad futura, apoyando sus demostraciones sobre la justicia, sobre el amor y sobre la sabiduría del Creador; puesto que ella desliga la justicia de Dios de las feroces venganzas, el amor de Dios de las debilidades de las predilecciones, la sabiduría de Dios de las indecisiones y cambios de la voluntad.
Hermanos míos, estas instrucciones, todas ellas llenas de la llama divina, estas expansiones de un espíritu penetrado de las grandezas espirituales, tenían que resultar bastante incomprensibles para muchos hombres, mas estos hombres comprendían la oposición que yo les hacía a todos los abusos de autoridad, y me amaban por ello; mas estos hombres decían que yo era el Mesías anunciado por los
Profetas y creían en mí. Si yo hubiera consentido dejarme rodear y defender y no obstante en mis triunfos populares hubiese permanecido dueño de mí mismo, mi muerte, inevitable resultado de la volubilidad de las opiniones humanas, hubiera sido la consagración de la alianza de los mundos y de los espíritus.
En los preparativos de mi alma para sufrir esta muerte, tuvieron lugar grandes luchas en mí. ¿Debía yo revelar públicamente mi ciencia o dejar a mis fieles el cuidado de divulgarla? El silencio que guardé me acusa de una culpa no menos grave que la de haber abandonado Jerusalén cuando era necesario el permanecer en ella.
Yo debía grabar mi semblante de Mesías sobre el porvenir, llenando de espanto a mis verdugos, con palabras que ellos hubieran sido impotentes para corromper. Ellos, lo mismo que los propagadores de mi origen celeste, no habrían podido demoler un conjunto de principios, desligados por mí de los errores de las primeras apreciaciones, y de las contradicciones establecidas dentro del propósito
de la seguridad necesaria.
Dediquemos, hermanos míos, una atención seria a las faltas de Jesús. Ellas dan la medida de las concepciones del espíritu espiritualizado, pero circunscripto por las enfermedades humanas; ponen en luz la Justicia Eterna que concede al misionero la libre dirección de su tarea: prueba la ceguera de la clarividencia, la debilidad de la fuerza, la decadencia de la superioridad, por efecto de dos naturalezas opuestas en el mismo Ser. Jesús arrastró el peso de estas dos naturalezas y si alguna vez sucumbió bajo la presión de corrientes opuestas, siempre se levantó después de la caída, fortalecido por el presentimiento de su gloria cercana.
En Cafarnaúm y sus alrededores, tantas veces recorridos por mí, mis enseñanzas, se habían colocado al nivel de las personas a quienes me dirigía. Empecé en un principio con máximas aisladas y con consejos aplicables a todas las situaciones morales y a todos los sufrimientos físicos. Nadie en Galilea se ocupaba de la medicina propiamente dicha, pero todos los hombres que querían estar en auge con el pueblo, debían establecer su superioridad sobre el mismo con demostraciones
ostensibles de alguna ciencia, y el arte de curar era lo que excitaba en el más alto grado la emoción popular.
La naturaleza me ofrecía en abundancia, en esos campos, plantas preciosas, y guiado por algunos estudios anteriores, obtuve éxitos, que más tarde, se tomaron como milagros y exorcismos. Con mis discípulos emprendí giras en los alrededores de Cafarnaúm. Visité sinagogas, estudié los alcances intelectuales del pueblo e hice uso, para hacerme querer, de una dulzura familiar, que me empujaba tanto hacia las fiestas como hacia la búsqueda de enfermos y de gente abandonada.
Mis parábolas se inspiraban en las mismas pasiones de mis oyentes, mediante un estilo imaginativo y breves comparaciones. Mis descripciones de los tormentos del infierno, mis éxtasis por las bellezas del cielo, los exaltaba, y me creían entonces cuando les decía.
Los que me amen me seguirán y yo los llevaré a la verdadera vida. Yo soy el buen pastor. Cuando el buen pastor percibe que un cordero se ha extraviado, deja por un momento a los otros corderos para descubrir al perdido, y lo devuelve al corral.
Pedid y se os dará. Llamad y se os abrirá. Yo soy el distribuidor de las esperanzas y de los consuelos.
Yo mezclaba a menudo lo que se encuentra entre líneas en la Doctrina pura con los dogmas ortodoxos; pero en las instrucciones más íntimas libraba la Doctrina de las obscuridades de que la veía rodeada. El anuncio del reino de Dios volvió entonces a figurar a menudo en mis discursos y recalqué con energía las siguientes palabras.
Muchos entre vosotros verán el reino de Dios.  Lo repito, hermanos míos:
El reino de Dios se establecerá sobre la Tierra y muchos de vosotros verán el reino de Dios.
¿Por qué dieron a mis palabras un significado absurdo? Para descubrirme en el error ante la presente generación y ante la posteridad. Mas encontrándose ya claramente definida ahora mi doctrina, ¡haced lugar a los hombres de buena voluntad, vosotros hombres intrigantes, hombres de mala fe! ¡Haced lugar a la verdad, ella volverá a traer a la Tierra el reinado de Dios!.
Hermanos míos, os bendigo.
Hermanos míos, el límite que he fijado a este trabajo me obligará al silencio si alguno de vosotros tuviera el deseo de mayores aclaraciones o de una nueva confirmación de los hechos que os he referido. En segundo lugar, el curso de los acontecimientos hasta el final de este libro, me dará motivos para numerosas digresiones con respecto del asunto que en él se desenvuelve. Nosotros limpiaremos el camino y ablandaremos el terreno; sembraremos por Dios. Edificaremos la casa de
nuestros hijos en la luz y acumularemos riquezas para ellos, derramando tesoros divinos sobre las riquezas humanas. Revelémonos tanto por la sencillez de nuestro estilo, como por el ardor de nuestro amor. Expliquemos nuestra defensa delante de los hombres que nos acusan, nuestra fuerza delante de los que nos niegan, nuestra afectuosa piedad ante los que deforman nuestra personalidad. Digámosles a todos, infelices o culpables, ignorantes o malvados.
Acercaos, amigos míos, os daré la felicidad de creer en Dios nuestro Padre, principio y adorable fin de la creación, alianza y movimiento de las invisibles armonías e inconmensurables grandezas del Universo. Os demostraré la superioridad gradual y la afinidad de los espíritus entre ellos, la diversidad de los elementos, y la superioridad absoluta de la dirección de los globos planetarios, de los fosforescentes astros errantes, de las reconstituciones luminosas, del decrecimiento y de la regeneración de los mundos.
Os enseñaré la vida espiritual en la materia y fuera de la materia, os referiré mis dudas, mi esperanzas, mis faltas, mi glorioso coronamiento, el martirio de mi alma, el triunfo de mi espíritu, las luchas de mi naturaleza carnal con las aspiraciones de mi pensamiento, la tendencia humana ardiendo en mi corazón, completamente lleno de los deseos de una pureza inmortal. Os describiré a Jesús como el más adelantado de los Mesías venidos a la Tierra y haré resplandecer la casa de Dios,
libre de toda superstición hija de las criaturas; os volveré al sentimiento del deber y os convenceré de la felicidad que les espera a los fuertes, humildes y devotos observadores de las leyes de Dios.
¡Al oír mi voz, sed consolados vosotros que lloráis, y caminad bajo mi tierna protección, oh, vosotros que gemís en el aislamiento y en la ingratitud, en el abandono y en la injusticia, en el agotamiento de las fuerzas físicas y en las amargas sensaciones del recuerdo y del remordimiento!. Yo quiero agotar toda creencia en lo maravilloso, haciéndome conocer tal cual soy y afirmando la gracia como un efecto de la justicia divina.
La gracia es el beneficio de la fuerza; la fuerza resulta del progreso del espíritu, y todos los espíritus se elevan mediante las pruebas de la vida carnal, cuando comprenden sus enseñanzas. Jesús, desde la felicidad espiritual, hacia la cual lo llevaron los oprobios humanos, tuvo que preparar sus derechos a una gloria cada vez más luminosa, así les sucederá a todos los que llegan al desarrollo de las fuerzas
por medio de la voluntad.
Hasta el próximo, capitulo de esta interesante vida.

lunes, 23 de mayo de 2016

UTILIDAD DEL ESPIRITISMO Y SUS PROGRESOS

El Espiritismo, difunde una luz que penetrará desde el palacio del potentado hasta la cabaña del rústico aldeano, luz que en medio de la diversidad de escuelas, de sistemas y de opiniones religiosas, políticas y sociales que dividen a la humanidad actual, será de un gran poder para iluminar a todos.
El Espiritismo tiene por objeto combatir la incredulidad y sus funestas consecuencias, dando prueba patente de la existencia del alma y su vida futura. Se dirige a todos en general pero muy particularmente a los que no creen en nada y a los que dudan, cuyo número es muy grande por desgracia.
El Espiritismo que sabe que toda creencia es superficial y sólo da las apariencias de la fe pero no la fe sincera, expone sus principios a la vista de todos de modo que puede cada cual formar opinión con conocimiento de causa. Los que lo aceptan lo hacen libremente y porque lo encuentran racional. No impone una creencia, invita a un estudio; no pretende convertirse por sorpresa, sino que se le estudie detenidamente, para después rechazarlo o aceptarlo.
Los espiritistas decimos: al que ha nosotros viene como hermano, como a hermano lo recibimos; al que nos rechaza le dejamos en paz; pero guardándole las misma consideraciones.
El Espiritismo nos enseña la influencia que el mundo invisible ejerce con el mundo visible y las relaciones que entre ambos existen, como la astronomía nos enseña las relaciones de los astros con la Tierra; nos la presenta como una de las fuerzas que gobiernan al Universo y contribuyen al sostenimiento de la armonía general. Y este conocimiento de ultratumba nos lleva a la resolución de infinidad de problemas insolubles hasta ahora; nos da la prueba patente de la existencia del alma; de su individualidad después de la muerte, de su inmortalidad y de su suerte verdadera; es pues, la destrucción del materialismo no con razonamientos sino con hechos.
Por esto, hermanos míos: Cuando los dogmas religiosos se derrumban minados en su base por la ciencia positiva y el espíritu de examen de nuestro siglo; cuando las falsas y desconsoladoras interpretaciones de la ciencia materialista buscan en vano solución a las grandes cuestiones morales y satisfacción a los anhelos y aspiraciones de la humanidad; cuando todo se halla perturbado y pidiendo regeneración, y se agita el problema político “unido en nuestros días al problema social, que es ante todo un problema religioso”; cuando más oscuro se ve el horizonte y más intrincado el camino, conduciéndonos por todas las partes al abismo como irremediable y desastroso fin; cuando hasta las mismas conquistas de la civilización semejan convertirse en elementos perturbadores para sumir a
la humanidad en las tinieblas de caótico desconcierto; en este momento supremo en que todo se pone en tela de juicio y de todo se duda, hasta de la existencia de Dios y de nuestro yo inmortal, aparece providencialmente el Espiritismo hecho de todos los tiempos, con el doble carácter de ciencia de observación y de doctrina filosófica, sentando las bases de la religión del porvenir que ha de resolver todos los problemas hoy planteados.
Abriga esta seguridad el Espiritismo proclamando: La Existencia de Dios. Infinidad de mundos habitados. Preexistencia y persistencia eterna del Espíritu.
Demostración experimental de la supervivencia del alma humana por la comunicación medianímica con los espíritus. Infinidad de fases en la vida infinita de cada ser.
Recompensas y penas como consecuencia natural de los actos. Progreso infinito. Comunión universal de los seres. Solidaridad. Sí, ciertamente; con estos principios, el Espiritismo viene en el momento preciso ha abrir la era nueva de una transformación social y religiosa. Pero a diferencia de las
tradiciones religiosas que han mantenido a los pueblos en la servidumbre del pensamiento, el Espiritismo no admite más que las demostraciones por los hechos estudiados en sus causas y en sus efectos, y rechaza todo supernaturalismo: Sometiendo sus principios al crisol de la razón, no impone ninguna especie de creencia, y por lo tanto no teme la discusión; llama a los librepensadores imparciales y a los amantes de toda idea grande y generosa susceptible de transformar el actual estado social demostrando por medio de una creencia positiva, la imperiosa necesidad para todos indistintivamente, de someterse a la ley de Solidaridad, que encierra los grandes principios de libertad, de igualdad y fraternidad.
La base de toda filosofía y de todo saber, resumida en la célebre inscripción del templo de Delfos, “conócete a ti mismo” es un problema resuelto con la contestación que el Espiritismo da a los tres eternos interrogantes: ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? y la existencia de inmortalidad del yo espiritual, que las escuelas espiritualistas no han podido probar de una manera incontestable, por medio del razonamiento, merced a los fenómenos espiritistas es una verdad que puede ser ya positivamente demostrada, sin contestación posible, por los investigadores concienzudos.
Así el Espiritismo no dice: “cree” sino “estudia” y en esto fía su fuerza atractiva, y a eso debe sus inmensos progresos.
Ninguna escuela filosófica, ninguna doctrina religiosa alcanzó en tan poco tiempo el desarrollo y extraordinario crecimiento que ha tenido el Espiritismo.
Éste ha entrado en una fase de investigación científica con los trabajos de William Crookes, el célebre químico inglés de Sollner, y de Paúl Gibier el eminente médico Francés a quienes precedieron en la afirmación de la realidad de los fenómenos espiritistas distinguidos sabios; naturalistas como Alfredo Russell Wallace, físico y químico como Varley, y otros eminentes profesores; y astrónomos como Flammarión, genios como Víctor Hugo, y una pleyáde de grandes literatos contemporáneos.
Con tan ilustre compañía, bien pueden soportar los espiritistas el calificativo de locos, que también se lo dieron sus contemporáneos a los más notables descubridores y a los grandes bienhechores de la humanidad.
De modo que, en el curso de los progresos del Espiritismo, los principios que proclama concluirán por ser aceptados como la expresión de la realidad porque la influencia de la Verdad, la Belleza y la Bondad de las cuales cada uno tenemos un destello por la esencia de donde hemos salido, tiende a evolucionar hacia la armonía que es el bien, objeto esencial de nuestra doctrina, la cual se impone a la razón como una verdadera ciencia, sin que pueda ser destruida por los sofismas de falsos sabios.
A medida que se extiendan las ideas que el Espiritismo da de la existencia de Dios y su justicia, y de las sucesivas existencias del alma, se verá como ha dicho un profundo pensador; que las impaciencias se calman, las ambiciones se entibian, las disidencias de los partidos se borran, los espíritus se reúnen para un fin común, con un mismo pensamiento, y la opinión pública tomará una fisonomía nueva, permitiendo llenar sus aspiraciones justas.
Entonces el ser humano, llevará con paciencia el destino que le toca en la Tierra, persuadido de que, por duro que sea, es una prueba que ha merecido, y que si la sufre con grandeza de ánimo y resignación durante los instantes de la vida planetaria, dará un gran paso adelante en la vida eterna.
Extraído del libro La luz del camino

martes, 26 de abril de 2016

VIDA DE JESÚS DICTADA POR EL MISMO CAPITULO XVI 3ª PARTE

Jesús definía el amor como el gran motor de la religión universal, y enseñaba la igualdad de los espíritus, la comunidad de sus intereses delante de Dios, el desarrollo y el empleo de las facultades pensantes. Combatía por lo tanto los poderes fundados sobre el desprecio de las leyes de Dios y la inmovilidad del espíritu decretada por estos poderes. Las religiones basadas sobre la divinidad de Jesús, así como todas las doctrinas ajenas a esas religiones, llevan consigo defectuosas apreciaciones sobre la justicia divina. Para que una religión sea en definitiva la fuente de la felicidad humana, es necesario que ella resulte de la razón misma, esencia de Dios. Hagámonos nuevamente fuertes con la enunciación del elemento constitutivo de la razón divina y de la razón humana en su pureza. La razón divina es la preponderancia del amor en la obra de la creación. La razón humana, firmemente establecida, es la emulación del amor de las criaturas entre ellas, para responder al amor que el Creador desparrama sobre la creación. La justicia divina es una consecuencia del amor divino; los efectos de esta justicia demuestran el infalible raciocinio deducido de un poderoso trabajo de concepción infinita. Que los mundos conformados para determinadas categorías de espíritus, reciban otros más desmaterializados para ayudarles en su progreso; que las moradas humanas escondan, de tiempo en tiempo, luminosas inteligencias; que las pruebas carnales representen una cadena continua de intermitencias de reposo y de espantosas catástrofes, ¡qué importa, desde el momento que es la justicia de Dios la que resuelve y es el amor el que dicta su justicia! ¡Qué importa desde el momento que los Mesías, expresan el amor de Dios hacia todas las inferioridades y que los sufrimientos humanos representan actos de reparación hacia la justicia de Dios!. Jesús, ya lo dije, fustigaba los poderes, establecidos por el esfacelo de las conciencias y por el abuso de la fuerza y encontraba en sí el más ardiente patriotismo del alma para abatir todos los despotismos y para compadecer todas las miserias de la humanidad. Mas los enemigos de Jesús afirmaban que él había atacado el dogma de la unidad de Dios, al decirse hijo de Dios y que había debilitado la fe religiosa favoreciendo la revuelta. Aquí, hermanos míos, vamos a reasumir las principales enseñanzas de Jesús, mas no volveremos sobre el carácter de hijo de Dios, tan mal interpretado en todo tiempo y que ya he explicado suficientemente. Cuando Jesús dejó Jerusalén por primera vez y fue a países lejanos, adquirió la certidumbre de que las religiones no dividían a esos pueblos, por cuanto el amor de las artes y de las riquezas llevaba la preferencia con respecto a cualquier otra aplicación del espíritu. Cuando Jesús abandonó Jerusalén, por primera vez se vio libre y feliz en medio de los pueblos libres y llenos de fantasía. Él empezó proporcionando abundantes consuelos y manifestando su carácter llano y expansivo. De su doctrina puso a la vista tan sólo lo que era necesario para establecer el amor como base del equilibrio humano; pero no determinó el amor como una obligación del completo sacrificio, desde que sabía muy bien que para hombres debilitados por los goces mundanos, debía hacer concordar la habitual expansión de sus espíritus con las primeras exigencias de la razón de éstos. Jesús hacía necesario el amor por la necesidad que tenían los hombres de sostenerse los unos a los otros. ¿Acaso el amor no protegía los intereses del pobre, así como defendía al rico en contra de los insensatos deseos de igualdad material?. Jesús defendía la esperanza como un remedio para todos los males. Dirigía las miradas del espíritu hacia la felicidad del porvenir, con palabras de misericordia y de aliento. Él hacía de la muerte una luminosa transformación. Por espacio de dos años, Jesús evitó las críticas del mundo frívolo y la desconfianza de la gente seria. De buen grado se escuchaba al dulce profeta que prometía la abundancia a los que proporcionaran alivio a los pobres, que concedía el perdón de Dios a los que  perdonaran a sus enemigos, que anunciaba la paz y la felicidad a todos los hombres de buena voluntad, en nombre de Dios, Padre de ellos. Le seguían en los lugares públicos y en la plataforma de los edificios, al atrayente revelador de los destinos humanos, que explicaba la igualdad primitiva y la beatífica inmortalidad. Las jóvenes le llevaban a sus hijos y él los bendecía, los enfermos lo mandaban buscar y él se acercaba a ellos, los pobres lo tomaban como apoyo y los ricos se detenían para escucharlo predicar la fraternidad y el desinterés. Se le ofrecía siempre generosa hospitalidad al dispensador de la gracia de Dios, y tanto en las familias como en medio de las masas, Jesús se convertía en el padre, el amigo, el consejero y la alegría de los paganos, a quienes jamás habló del castigo y de la cólera divina. Él guardó el recuerdo consolador de ese tiempo en medio de la agitación y de la tristeza que, más tarde, le oprimieron. Mas Jesús no podría llamar la atención del espíritu humano, sobre las personas que lo rodearon en ese tiempo, y ello porque el espíritu humano no tendría ningún fruto que recoger del conocimiento de las intimidades de Jesús, cuando esas intimidades no se encuentran ligadas con acontecimientos conocidos o que merezcan serlo. Conoció a Juan, por primera vez, a la edad de treinta años y a la de treinta y tres y algunos meses murió. Juan disipó las irresoluciones de Jesús respecto a su misión como hijo de Dios y él prometió a Juan que se atendría a algunas prácticas externas, si sobrevivía al apóstol, lo cual mereció del apóstol las siguientes palabras: Yo soy el precursor, tú eres el Mesías. Te esperaba para continuar la obra y hacerla inmortal. Bendigamos a Dios que nos ha reunido y fundemos el porvenir con el precio de las tribulaciones y de las torturas de la muerte. Las tribulaciones, las torturas, la muerte, serán nuestros títulos para la gloria inmensa, para el poderío eterno. Juan murió asesinado por los que él había señalado con desprecio ante el pueblo, un año después de su entrevista con Jesús. Éste quiso entonces tomar la dirección de los discípulos de Juan y juntarlos con los suyos, pero habría tenido que vencer la obstinación de espíritus sin sagacidad y sin grandeza moral, por lo cual se vio obligado a renunciar a ello. Jesús lo había dicho; sus discípulos de Galilea, tan sólo más tarde lo comprendieron, y su conformación verdadera en la fe, no tuvo lugar sino después de la muerte del que abandonaron casi todos en el camino del dolor. Mantenidos en la gratitud por el respeto que profesaban hacia la memoria de su maestro, los discípulos de Juan me siguieron a distancia y me dieron pruebas de afecto. Dos años consecutivos me trasladé a orillas del Jordán, para observar el ayuno y darles la acostumbrada solemnidad a las prácticas de Juan. En las dos veces fui acompañado por los discípulos de Juan, cuyo número no había disminuido. Eran quince y el más anciano presidía las funciones de la doctrina, con el recogimiento a que lo había acostumbrado su preceptor de prudencia y saber. Estos hombres sobrios y severos daban a la virtud las lúgubres apariencias de venganzas celestes; depositarios de la voluntad de Juan, tenían que sufrir por las contradicciones que resultaban entre ellos y nosotros. Ellos querían la exterioridad de la contrición, el rigor de la forma, la evidencia del culto, nosotros la humildad en la penitencia, la plegaria de corazón, la libertad de los ejercicios religiosos, la abstención completa de pompa en los sacrificios y de métodos en la enseñanza. De nuestros hábitos, de nuestra existencia, alegre en relación con la de ellos, los discípulos de Juan no sacaban conclusiones tristes para el porvenir y siguieron  llamando siempre Mesías a quien su maestro había designado con ese mismo nombre. Lo repito, los discípulos de Juan se mostraron muy superiores a los discípulos de Jesús. Dejando de lado el fanatismo que alejaba al pecador de la esperanza en Dios y la exageración criticable de las prácticas, ellos poseían todas las cualidades del espíritu que determinan la inviolabilidad de la conciencia. Los discípulos de Juan no me acompañaron durante los días nefastos que precedieron a mi suplicio, por cuanto se encontraban entonces dispersos y errantes. Un decreto lanzado en contra de ellos, mientras me encontraba en Betania, los había expulsado de la Judea. La persecución religiosa fue siempre en aumento desde esa época, ésta anunciaba la ruina de Jerusalén y la decadencia del pueblo hebreo. Mis instrucciones, desde la separación de Juan hasta mi partida para Cafarnaúm, demuestran mi conocimiento en la ciencia divina, puesto que me dirigía a hombres capaces de comprenderme. Estos hombres, desgraciadamente, eran tímidos aliados o déspotas depravados, y los primeros no me podían sostener sino con la ayuda del pueblo. Apoyarme en el pueblo hubiera sido, tengo de ello la convicción hoy, crearme seguridades durante el tiempo necesario para la fundación de mi gloria humana como Mesías y revelador de la ley universal.
Hasta el próximo capitulo de esta divina y hermosa vida de Jesús.

viernes, 8 de abril de 2016

VIDA DE JESÚS DICTADA POR EL MISMO CAPITULO XVI 2ª PARTE

Jesús debía a preceptores ilustres sus primeros estudios serios y había madurado sus medios de perfeccionamiento con profundas meditaciones. Jesús debía a inspiraciones secretas, honradas por demostraciones palpables, la revelación de su misión divina, y se arrodillaba sobre el límite de la Patria Celeste para escuchar las órdenes de Dios; con el pensamiento volaba por encima de los siglos de ignorancia, para facilitar a los siglos siguientes la luz y la felicidad. El espíritu llegado al desarrollo moral e intelectual permanece fiel a las convicciones adquiridas por él mismo, hasta que la ciencia de Dios le dé la inmutabilidad de la fuerza y el empuje del fanatismo para sacrificar el presente al porvenir, para preparar el porvenir al precio de las más amargas desilusiones humanas. El espíritu desarrollado en un mundo carnal, designa un Mesías y este Mesías no puede huir de la persecución sino desertando de la causa a cuyo sostén se ha dedicado. Despreciando la muerte
corporal, el espíritu adelantado en el sendero de la perfectibilidad, flaquea aun ante los asaltos que le llevan los seres inferiores, y su confianza engañada, su amor mal correspondido le pesan como remordimientos.
Permanezcamos, hermanos míos, en la creencia absoluta de las fuerzas individuales, desarrolladas con el ejercicio de la voluntad. Permanezcamos en la afirmación de la Justicia de Dios, ya sea que ella se establezca con pruebas o con beneficios pero afirmemos sobre todo, con fuerza, la libertad dada al hombre tanto cuando él lucha en contra de las presiones desorganizadoras del alma, como cuando
él tenga que combatir principalmente en contra de las manifestaciones tumultuosas de la ignorancia y del odio. El espíritu adelantado se desliga de las dependencias humanas y se alimenta de las fuerzas de Dios, a medida que son mejor comprendidas la nada de la materia y la extensión de las posesiones espirituales.
Justicia de Dios, gloria a ti, tú eres explicable y todo lo explicas. Justicia de Dios, honor a los que te dedican su coraje y su resignación; ellos marchan por la vía afortunada del ensanchamiento de la dignidad del espíritu.
Jesús, hermanos míos, tenía conciencia de sus actos y de la fuerza de su sincera naturaleza cuando acusaba a los sacerdotes y a los fariseos. Respetuoso con el culto divino, pero contrariado al mismo tiempo, por la avidez y arrogancia de los ministros de ese culto, por la hipocresía oficial de una secta religiosa con gran poder, Jesús buscó en el mismo origen del culto y en la inexacta ponderación de los deberes humanos, las verdaderas causas de la disolución moral y de las vergüenzas intelectuales que él iba notando. En esta investigación Jesús se vio ayudado por los trabajos anteriores a los suyos, y por alianzas nuevas o renovadas en la vasta asociación de los espíritus y de los mundos. Jesús se prohibió en un principio el escrutar los misterios de la religión mosaica, después se dejó arrastrar por opiniones que respondían a su sentido moral. Enseguida circunstancias cada vez más favorables a su misión, le abrieron paso entre los escombros que caían y las piedras brutas del porvenir.
Jesús comprendió que era necesario conservar algunos vestigios del pasado para no encontrar   obstáculos a su tarea de constructor. A menudo le faltaba la paciencia y decía:
No se pueden hacer ropas nuevas con ropas viejas. Jesús adoraba a su Padre en espíritu y en verdad, y cuando el pueblo ignorante le pedía explicaciones, contestaba.
Dios no tiene sino desprecio para los ofrecimientos y para las prácticas exteriores, cuando no las acompañan la virtud y la fuerza dimanada de la ciencia.
Dios prohíbe el orar tan sólo con los labios, y los que entran en una sinagoga con el corazón lleno de odio y con las manos sucias por la rapiña y la sangre, merecen el castigo de Dios.
Permaneced humildes y pacientes bajo el peso de la vida mortal. Amaos los unos a los otros, libertad a vuestra alma de los lazos vergonzosos, vuestros espíritus de las ambiciones injustas, y habréis servido a Dios y Dios os bendecirá en este mundo y en el mundo que para vosotros sucederá a éste.
Dios quiere vuestros corazones por templo; adorad a Dios en el templo que ha elegido. Las funciones del culto ponen en evidencia, la mayoría de veces, la ineptitud, la vanidad y la hipocresía. La adoración interna lleva siempre al espíritu por el sendero de la sencillez, de la dulzura, y de la sabiduría. Vosotros podéis orar juntos, pero no hagáis pompa con vuestras oraciones y no mezcléis las pompas mundanas con las cosas de Dios.
Hermanos míos, Jesús explicaba a Dios con la elevada inteligencia que de Dios le venía, pero bien sabía que no podía preservarse de los odios y venganzas de los que él acusaba por su orgullo y picardía, de los que eran comprendidos en sus demostraciones.
Jesús definía el amor como el gran motor de la religión universal, y enseñaba la igualdad de los espíritus, la comunidad de sus intereses delante de Dios, el desarrollo y el empleo de las facultades pensantes. Combatía por lo tanto los poderes fundados sobre el desprecio de las leyes de Dios y la inmovilidad del espíritu decretada por estos poderes.
Hasta el próximo capitulo tan fascinante y hermoso.