viernes, 9 de noviembre de 2012

EL VALLE DE LOS SUICIDAS 1ª PARTE


Precisamente en el mes de enero del año de gracia de 1.891, fuera yo sorprendido con
mi prisión en la región del Mundo Invisible cuyo desolador panorama estaba compuesto por
valles profundos, en los que las sombras presidían: gargantas sinuosas y cavernas
siniestras, en el interior de las cuales aullaban, cual bando de demonios enfurecidos,
Espíritus que fueran hombres, enloquecidos por la intensidad y el espanto, verdaderamente
inconcebibles, de los sufrimientos que los martirizaban.
En ese paraje aflictivo la vista torturada del forzado no distinguiría siquiera la dulce
imagen de un bosquecillo que testificase sus horas de desesperación; tampoco paisajes
confortadores, que pudiesen distraerlo de la contemplación cansadora de esas gargantas
donde no penetraba otra forma de vida que no fuere la traducida por el supremo horror!
¡El suelo, cubierto de materias ennegrecidas y fétidas, recordando el hollín, era
inmundo, pastoso, resbaladizo, repugnante! El aire pesadísimo, asfixiante, helado,
oscurecido por volcanes amenazadores como si eternas tempestades rugiesen en torno; y,
al respirarlo, los Espíritus allí encarcelados se sofocaban como si materias pulverizadas,
nocivas mas que la ceniza y la cal, les invadiesen las vías respiratorias, martirizándolos con
un suplicio inconcebible al cerebro humano habituado a las gloriosas claridades del Sol -
dádiva celeste que diariamente bendice la Tierra – y las corrientes vivificadoras de los
vientos sanos que tonifican la organización física de sus habitantes.
No había entonces allí, como no habrá jamas, ni paz, ni consuelo, ni esperanza: todo
en su ámbito marcado por la desgracia era miseria, asombro, desesperación y horror. Se
diría la caverna tétrica de lo Incomprensible, indescriptible realmente, rigurosamente, hasta
para un Espíritu que sufriese la penalidad de habitarla.
El valle de los leprosos, lugar repulsivo de la antigua Jerusalén de tantas emocionantes
tradiciones, y que en el orbe terráqueo evoca el último grado de la abyección y del
sufrimiento humano, seria un consolador lugar de reposo comparado al lugar que intento
describir. ¡Por lo menos, allí existiría solidaridad entre los leprosos!. ¡Los de sexo diferente
llegaban hasta a amarse! ¡Se adoptaban buenas amistades, hermanándose en el seno del
dolor para suavizarlo! ¡Creaban su sociedad, se divertían, se hacían favores, dormían y
soñaban que eran felices!
¡Mas en el presidio del que os deseo dar a conocer nada de eso era posible, porque las
lágrimas que allí se lloraban eran por demás ardientes para permitirse otras atenciones que
no fuesen las derivadas da su misma intensidad!
¡En el valle de los leprosos existía la magnitud compensatoria del Sol para retemplar
los corazones! ¡Existía el aire fresco de las madrugadas con su rocío regenerador! ¡Podría el
reo allí detenido contemplar una faja del cielo azul!... ¡Seguir, con la mirada enternecida,
bandos de golondrinas o de palomas que pasaban revoloteando!... ¡El soñaría, ¿quien
sabe? lleno de amargura, al poético clarear del plenilunio, enamorándose del suave
centelleo de las estrellas que, allá en lo Inalcanzable, saludaban a su desdicha, dándole
consuelo en el aislamiento al que lo forzaban las férreas leyes de la época!... ¡Y, después, la
Primavera fecunda volvía, rejuvenecía las plantas para embalsamar con sus perfumes
acariciantes las corrientes de aire que la brisa diariamente tonificaba con otros tantos
bálsamos generosos que traían en su seno amoroso!... ¡Y todo eso era como dádiva
celestial para reconciliarle con Dios, dándole tregua en la desgracia!
Más en la caverna donde padecí el martirio que me sorprendió mas allá de la tumba,
nada de eso había!. Aquí, era el dolor que nada consuela, la desgracia que ningún favor
ameniza, la tragedia que ninguna idea tranquilizadora viene a rociar de esperanza! ¡No hay
cielo, no hay luz, no hay sol, no hay perfumes, no hay tregua! ¡Lo que hay es el llanto
convulsivo e inconsolable de los condenados que nunca se armonizan! ¡El terrorífico "chirriar
de dientes" de la advertencia prudente y sabia del sabio Maestro de Nazaret. La blasfemia
premeditada del réprobo al acusarse a cada nuevo ataque de la mente flagelada por los
recuerdos penosos! ¡La locura inalterable de consciencias contundidas por el latigazo infame
de los remordimientos! ¡Lo que sí hay es la rabia envenenada de aquel que ya no puede
llorar, porque quedó exhausto bajo el exceso de las lágrimas! ¡Lo que hay es la decepción,
la sorpresa aterradora de aquel que se siente vivo a despecho de haberse arrojado en la
muerte! ¡Es la rebelión, la maldición, el insulto, el ulular de corazones que la repercusión
monstruosa de la expiación transformó en fieras! ¡Lo que hay es la consciencia conflagrada,
el alma ofendida por la imprudencia de las acciones cometidas, la mente revolucionada, las
facultades espirituales envueltas en la tiniebla oriunda de si misma! ¡Lo que hay es el
"chirriar de dientes en las tinieblas exteriores de un presidio creado por el crimen, dedicado
al martirio y consagrado a la corrección! ¡es el infierno, en la mas hedionda y dramática
exposición, porque, además, existen escenas repulsivas de animalidad, prácticas abyectas
de los mas sórdidos instintos, las cuales yo dudaría de revelar a mis hermanos, los hombres
¡Quien allí queda temporalmente, como yo quedé, son grandes personajes del crimen!
¡Es la escoria del mundo espiritual - falanges de suicidas que fluyen periódicamente a sus
canales llevados por el torbellino de las desgracias en que se enredaran, al despojarse de
las fuerzas vitales que se encuentran, generalmente intactas, revistiendo sus envoltorios
físico-espirituales, por las secuencias sacrílegas del suicidio, y provenientes,
preferentemente, de Portugal, de España, del Brasil y colonias portuguesas del África,
infelices carentes del auxilio fortificante de la oración; aquellos, imprudentes e
inconsecuentes, que, hartos de la vida que no quisieron comprender, se aventuraron a lo
Desconocido, en busca del Olvido, en los despeñaderos de la Muerte!
El Mas Allá de la tumba está lejos de ser la abstracción que en la Tierra se supone, o
las regiones paradisíacas fáciles de conquistar con algunas pocas fórmulas inexpresivas. El
es, antes que nada, simplemente la Vida Real, es lo que encontramos al entrar en sus
regiones ¡es Vida!. Vida intensa desarrollándose en modalidades infinitas de expresión,
sabiamente dividida en continentes y falanges como la Tierra lo está en naciones y razas;
teniendo organizaciones sociales y educativas modelo, que servirán de padrón para el
progreso de la Humanidad. Es en lo Invisible, mas que en mundos planetarios, que las
criaturas humanas cogen inspiraciones para los progresos que lentamente aplican en el
orbe. No se como serán los trabajos correccionales para suicidas en los demás núcleos o
colonias espirituales destinadas a los mismos fines y que se desarrollarán bajo cielos
portugueses, españoles y otros. Apenas sé que formé parte de la siniestra falange detenida;
por causas naturales y lógicas, en ese paraje horrendo cuyo recuerdo aun hoy me repugna
la sensibilidad. Es bien posible que haya quien se ponga a discutir mordazmente la
veracidad de lo que se expone en estas páginas. Dirán que la fantasía mórbida de un
inconsciente exhausto de asimilar a Dante habrá producido por cuenta propia la exposición
aquí ventilada, olvidando que, al contrario, el vate florentino es el que conocería lo que el
presente siglo siente dificultad en aceptar...
¡No os invitaré a creer. La creencia no es asunto que se imponga, simplemente, y sí al
razonamiento, al examen, a la investigación. Si saben razonar y pueden investigar - que lo
hagan, y llegaran a conclusiones lógicas que los pondrán en la pista de verdades asaz
interesantes para toda la especie humana! A lo que os invito, lo que ardientemente deseo y
para lo que tengo todo el interés en combatir, es de que renuncien a conocer esa realidad a
través de los canales tenebrosos a que me expuse, al suicidarme, por no entender la
advertencia de que la muerte no es mas que la verdadera forma de existir!.
¡De otro modo, ¿qué pretendería el lector que exista en las camadas invisibles que
contornan los mundos o planetas, sino la matriz de todo cuanto en ellos se refleja?!...
¡En ningún lugar se encontraría la abstracción, o la nada, puesto que semejantes
vocablos son inexpresivos en el Universo creado y regido por una Inteligencia Omnipotente!.
Negar lo que se desconoce, por no estar a la altura de comprender lo que se niega, es una
insania incompatible con los días actuales. El siglo convida al hombre a la investigación y al
libre examen, porque la Ciencia en sus múltiples manifestaciones viene probando la
inexactitud de lo imposible dentro de su cada vez más dilatado radio de acción. Y las
pruebas de la realidad de los continentes extra terrenales se encuentran en los arcanos de
las ciencias psíquicas transcendentales, a las que el hombre ha dado muy relativa
importancia hasta hoy.
¿Que conoce el hombre, además, de su proprio planeta donde ha renacido desde hace
milenios, para criteriosamente rechazar lo que el futuro ha de popularizar bajo los auspicios
del Psiquismo?... ¿Su país, su capital, su aldea, su choza o, cuando está mas excedido de
ambiciones, algunas naciones vecinas cuyas costumbres se nivelen a las que le son
usuales?...
¡Por todas partes, a su alrededor, existen mundos reales, llenos de vida abundante e
intensa: y si él lo ignora será porque se complace en la ceguera, perdiendo el tiempo en
futilidades y pasiones que son de su cuño. No investigó jamas las profundidades oceánicas
– y no podrá realmente hacerlo, por ahora. No obstante, de existir debajo de las aguas
verdes y agitadas no solo un mundo perfectamente organizado, y si un universo que
asombraría por su grandiosidad e ideal perfección!. ¡En el mismo aire que respira, en el
suelo donde pisa encontraría el hombre otros núcleos organizados de vida, obedeciendo al
impulso inteligente y sabio de leyes magnánimas fundamentadas en el Pensamiento Divino,
que las acciona para el progreso, en la conquista de lo más perfecto! ¡Bastaría que se
muniese de aparatos precisos, para averiguar la veracidad de esas colectividades
desconocidas que, por ser invisible unas, y otras apenas sospechadas, no por eso dejan de
ser concretas, armoniosas, verdaderas!. ¡Siendo así, prepárese también, desarrollando los
dones psíquicos que heredó de su divino origen... Impulse pensamiento, voluntad, acción,
corazón, a través de las vías sublimes de la Espiritualidad superior, y alcanzará las esferas
astrales que circundan la Tierra!
! Yo era, pues, presidiario de ese antro ominoso del horror !
No vivía, sin embargo, allí solo. Me acompañaba una colectividad, una falange extensa
de delincuentes, como yo.
Entonces aun me sentía ciego. Por lo menos, me sugestionaba que lo era, y, como tal,
me mantenía, no obstante mi ceguera se definiese, en verdad, por la inferioridad moral de un
Espíritu distanciado de la Luz. Sin embargo, aun ciego, no me pasaría desapercibido lo que
se presentase malo, feo, siniestro, inmoral, obsceno, pues conservaban mis ojos bastante
visión para ver toda esa escoria - agravándose así mi desdicha.
Dotado de gran sensibilidad, para mayor mal la tenia ahora como superexcitada, lo que
me llevaba a experimentar también los sufrimientos de los otros mártires mis iguales,
fenómeno ese ocasionado por las corrientes mentales que se vertían sobre toda la falange y
oriundas de ella misma, que así realizaba una impresionante afinidad de clases, lo que es lo
mismo que aseverar que sufríamos también las sugestiones de los sufrimientos unos de
otros, a mas de las insidias a que nos sometían nuestros mismos sufrimientos. (l)
¡A veces, conflictos brutales se realizaban por los callejones lodosos donde se
alineaban las cavernas que nos servían de domicilio. Invariablemente irritados, por motivos
insignificantes nos tirábamos unos contra otros en luchas corporales violentas, en las cuales,
tal como sucede en las bajas camadas sociales terrenas, llevaría siempre la mejor parte
aquel que mayor destreza y truculencia presentase. Frecuentemente fui allí insultado,
ridiculizado en mis sentimientos mas caros y delicados con chistes y sarcasmos que me
revelaban hasta el alma; apedreado y zurrado hasta que, excitado por una fobia idéntica, yo
me arrojaba a represalias salvajes, rivalizando con los agresores y con ellos recreándome en
el barro del mismo antro espiritual!
¡El hambre, la sed, el frío gélido, la fatiga, el insomnio; exigencias físicas martirizantes,
fáciles de que el lector prevea; la naturaleza como que aguzada en todos sus deseos y
apetitos, como si todavía trajésemos el envoltorio carnal; la promiscuidad, muy vejatoria, con
Espíritus que fueran hombres y de los que animaran cuerpos femeninos; tempestades
constantes, grandes inundaciones, el barro, la fetidez, las sombras perennes, la
desesperación de no vernos libres de tantos martirios sobrepuestos, el supremo
desconsuelo físico y moral – aquí está el panorama por así decir "material" que enmarcaban
nuestros aun más punzantes padecimientos morales!
¡Ni soñar con lo Bello, darse a devaneos balsamizantes o a recuerdos beneficiosos era
concedido a aquel que por ventura poseyese capacidad para hacerlo. ¡En aquel ambiente
super lleno de males el pensamiento yacía encarcelado en las fraguas que lo rodeaban, sólo
pudiendo emitir vibraciones que se afinasen al tono de la propia perfidia local!... ¡Y,
envueltos en tan enloquecedores fuegos, no había nadie que pudiese alcanzar un instante
de serenidad y de reflexión para recordarse de Dios y clamar por Su paternal misericordia!.
¡No se podía orar porque la oración es un bien, es un bálsamo, es una tregua, es una
esperanza! ¡y a los desgraciados que se tiraban en los torrentes del suicidio les seria
imposible alcanzar tan alta merced!
¡No sabíamos cuando era día o cuando era de noche, porque sombras perennes
rodeaban las horas que vivíamos. Perdimos la noción del tiempo. ¡Apenas una postrante
sensación de distancia y longevidad de lo que representase el pasado quedara para azotar
nuestras interrogaciones, figurándose-nos que estábamos desde hacia siglos ungidos a tan
ríspido calvario! ¡De allí no esperábamos salir, aunque fuese tal deseo una de las cáusticas
obsesiones que nos alucinaban, pues el Desanimo generador de la desesperanza que nos
suscitara el gesto de suicidas nos afirmaba que tal estado de cosas seria eterno!.
¡El contraje del tiempo, para aquellos que se sumergieron en ese abismo, se
estacionara en el momento exacto en que hicieran caer para siempre su propia armadura de
carne!. ¡Desde ahí solo existían - terror, confusión, engañosas inducciones, suposiciones
insidiosas! Igualmente ignorábamos dónde nos encontrábamos, que significado tendría
nuestra espantosa situación. ¡Tentábamos, afligidos, huir de ella, sin percibir que era
patrimonio de nuestra propia mente conflagrada, de nuestras vibraciones entrechocadas pormi Después de la muerte, antes que el Espíritu se oriente gravitando hacia el verdadero
"hogar espiritual" que le cabe, será siempre necesario el estadio en una “antecámara”, en
una región cuya densidad y aflictivas configuraciones locales corresponderán a los estados
vibratorios y mentales del recién-desencarnado. Ahí se detendrá hasta que sea naturalmente
"desanimalizado", o sea, que se desprenda de los fluidos y fuerzas vitales de que están
impregnados todos los cuerpos materiales. Por ahí se verá que a estada será temporal en
ese umbral del Mas Allá, aunque generalmente penosa. De acuerdo al carácter, las acciones
practicadas, el género de vida, el género de muerte que tuvo la entidad desencarnada - tales
serán el tiempo y la penuria en ese lugar. Existen unos que ahí apenas se demoran algunas
horas. Otros llevarán meses, años consecutivos, volviendo a la reencarnación sin alcanzar la
Espiritualidad. Y tratándose de suicidas el caso asume proporciones especiales, por
dolorosas y complejas. Estos se demorarán ahí, generalmente, el tiempo que todavía les
restaba para concluir el compromiso de la existencia que prematuramente cortaran.
Trayendo grandes cargas de fuerzas vitales animalizadas, a mas del bagaje de las pasiones
criminales y una desorganización mental, nerviosa y vibratoria completas, es fácil entrever
cual será la situación de esos infelices para los que existe un solo bálsamo: - la oración de
las almas caritativas.
Si, por muy largo, ese estadio exceda de las medidas normales al caso - la reencarnación inmediata será la terapéutica indicada, aunque acerba y dolorosa, lo que será preferible a pasar muchos años en tan desgraciada situación, completándose así, entonces, el tiempo que faltaba para terminar la existencia cortada.  ¡Tratábamos entonces de huir del lugar maldito para volver a nuestros hogares; y lo hacíamos precipitadamente, en insanas correrías de locos furiosos! ¡Prisionero maldito, sin
consuelo, sin paz, sin descanso en ningún lugar... mientras que corrientes irresistibles, como
imanes poderosos, nos atraían de vuelta al tugurio sombrío, arrastrándonos confusamente a
un tenebroso torbellino de nubes sofocantes y perturbadoras!
¡Otras veces, tanteando en las sombras, allá íbamos, entre gargantas, callejones, sin
lograr indicios de salida... Cavernas, siempre cavernas – todas numeradas ; o anchos
espacios pantanosos como lagos lodosos rodeados de murallas abruptas, que nos parecían
levantadas en piedra y hierro, como se fuéramos sepultados vivos en la profundas
tenebrosidad de algún volcán! ¡Era un laberinto donde nos perdíamos sin poder jamas
alcanzar el fin! A veces sucedía que no sabíamos retornar al punto de partida, o sea, a las
cavernas que nos servían de domicilio, lo que forzaba la permanencia al relente hasta que
encontrásemos alguna cueva deshabitada para abrigarnos. Nuestra más común impresión
era de que nos encontrábamos encarcelados en el subsuelo, en un presidio cavado en la
Tierra, quien sabe si en las entrañas de una cordillera de la cual formara parte también algún
volcán extinto, como lo parecían atestar aquellos inconmensurables pozos de limo con
paredes agujereadas recordando minerales pesados?!
¡Aterrados, entrábamos entonces a bramar en coro, furiosamente como bandos de
chacales furiosos, para que nos retirasen de allí, restituyéndonos la libertad!. Las más
violentas manifestaciones de terror seguían entonces; y todo cuanto el lector pueda
imaginar, dentro de la confusión de escenas patéticas inventadas por la fobia del Horror,
quedará mucho menor que la expresión real vivida por nosotros en esas horas creadas por
nuestros mismos pensamientos distanciados de la Luz y del Amor de Dios. !
¡Como si fantásticos espejos persiguiesen obsesivamente nuestras facultades, allá se
reproducía la visión macabra: - el cuerpo descomponiéndose bajo el ataque de los vibriones
hambrientos; lidia detestable de la podredumbre siguiendo su curso natural de destrucción
orgánica, llevando en tropel nuestras carnes, nuestras vísceras, nuestra sangre pervertida
por la podredumbre, nuestro cuerpo en fin, que desaparecía para siempre en el banquete
asqueroso de millones de vermes voraces, nuestro cuerpo, que era carcomido lentamente,
ante nuestra vista estupefacta! ... que moría, era bien cierto, mientras nosotros, sus dueños,
nuestro Ego sensible, pensante, inteligente, que usara de él apenas como un vestido
transitorio, continuaba vivo, sensible, pensante, inteligente, embotado y pávido, desafiando
la posibilidad de también morir!. ¡Es - la tétrica magia que ultrapasaba todo el poder que
tuviésemos de reflexionar y comprender! - el castigo inevitable, puniendo al renegado que
osó insultar a la Naturaleza destruyendo prematuramente lo que sólo ella podía decidir y
realizar: - ¡Vivos, nosotros, en espíritu, ante el cuerpo putrefacto, sentíamos la corrupción
alcanzarnos!... ¡Nos dolía en nuestra configuración astral las picadas monstruosas de los
vermes!. Nos enfurecía hasta la demencia la martirizante repercusión que llevaba a nuestro
periespíritu, todavía animalizado y lleno de abundantes fuerzas vitales, a reflexionar lo que
pasaba con su antiguo envoltorio limoso - tal el eco de un rumor reproduciéndose de
quebrada en quebrada de la montaña, a lo largo de todo el valle...
Nuestra cobardía, entonces, la misma que nos brutalizara induciéndonos al suicidio,
nos forzaba a retroceder.
Retrocedíamos.
Mas el suicidio es una red envolvente en que la víctima - el suicida - sólo se debate
para confundirse cada vez mas, enredarse, complicarse. Se sobreponía a la confusión.
Ahora, ante la persistencia de la autosugestión maléfica recordaba las leyendas
supersticiosas, oídas en la infancia y guardadas por largo tiempo en las camadas de la
integral. ¡Nos juzgábamos nada menos que ante el tribunal de los infiernos!... ¡Sí!. ¡Vivíamos
en la plenitud de la región de las sombras!... Y Espíritus de ínfima clase de lo Invisible -
obsesores que pululan por todas las camadas inferiores, tanto de la Tierra como del Mas
Allá; los mismos que habían alimentado en nuestras mentes las sugestiones para el suicidio,
divirtiéndose con nuestras angustias, se prevalecían de la situación anormal en la cual
cayéramos, a fin de convencernos de que eran jueces que nos deberían juzgar y castigar,
presentándose a nuestras facultades conturbadas por el sufrimiento como seres fantásticos,
fantasmas impresionantes y trágicos. Inventaban escenas satánicas, con las que nos
torturaban. ¡Nos sometían a vejámenes indescriptibles! ¡Nos obligaban a torpezas y
licenciosidades, obligándonos a transigir con sus infames obscenidades!. ¡Doncellas que se
habían suicidado, disculpándose con motivos de amor, olvidadas de que el verdadero amor
es paciente, virtuoso y obediente a Dios; olvidándo, en su egoísmo pasional del que dieran
pruebas, el amor sacrosanto de una madre que quedara inconsolable; sin respetar las canas
venerables de un padre - los que jamas olvidarían el golpe en sus corazones heridos por la
hija ingrata que prefirió la muerte a continuar en el tabernáculo del hogar paterno -, eran
ahora insultadas en su corazón y en su pudor por esas entidades animalizadas y viles, que
las hacían creer que debían ser obligadas a esclavizarse por ser ellos los dueños del imperio
de tinieblas que escogieran en detrimento del hogar que abandonaran!. En verdad, que esas
entidades no pasaban de Espíritus que también fueran hombres, mas que vivieron en el
crimen: - sensuales, alcohólicos, libertinos, intrigantes, hipócritas, perjuros, traidores,
seductores, asesinos perversos, calumniadores, sátiros – en fin, esa falange maléfica que
causa desdicha a la Sociedad terrena, que muchas veces tienen funerales pomposos y
exequias solemnes, mas que en la existencia espiritual se resumen en la canalla repugnante
que mencionamos... hasta que reencarnaciones expiatorias, miserables y rastreantes,
vengan a impulsarlas a nuevas tentativas de progreso.
¡A tan deplorables secuencias sucedían otras no menos dramáticas y escaldantes: -
actos incorrectos practicados por nosotros durante la encarnación, nuestros errores,
nuestras caídas pecaminosas, aun nuestros crímenes, se corporeizaban ante nuestras
consciencias como otras visiones acusadoras, intransigentes en la condenación perenne a
que nos sometían. ¡Las víctimas de nuestro egoísmo reaparecían ahora, en reminiscencias
vergonzosas y contumaces, yendo y viniendo a nuestro lado en confusión pertinaz,
infundiendo a nuestra ya tan abatida organización espiritual el más angustioso desequilibrio
nervioso forjado por el remordimiento!.
Sobreponiéndose, sin embargo, a tan lamentable acervo de iniquidades, encima de
tanta vergüenza y de tan rudas humillaciones estaba, vigilante y compasiva, la paternal
misericordia del Dios Altísimo, del Padre justo y bueno que "no quiere la muerte del pecador,
y si que el viva y se arrepienta".
En las peripecias que el suicida entra a sufrir después del desperdicio que
prematuramente lo llevó al túmulo, el Valle Siniestro apenas representa un estadio temporal,
siendo él dirigido allá por un movimiento de impulsión natural, con el cual se afina, hasta que
se deshagan las pesadas cadenas que lo prenden al cuerpo físico-terrenal, destruido antes
de la ocasión prevista por la ley natural. Será preciso que se desagreguen de él las
poderosas camadas de fluidos vitales que revestían su organización física, adaptadas por
afinidades especiales de la Gran Madre Naturaleza a la organización astral, o sea, al
periespíritu, las cuales en el se aglomeran en reservas suficientes para el compromiso de la
existencia completa; que se envilecen, por fin, las mismas afinidades, labor que en la
individualidad de un suicida será acompañada de las más aflictivas dificultades, de lentitud
impresionante, para, sólo entonces, obtener una posibilidad vibratoria que le faculte alivio y
progreso (2). De otro modo, sea tal la índole de su carácter, tales
(2) Las impresiones y sensaciones penosas, oriundas del cuerpo carnal, que
acompañan al Espíritu aun materializado, llamaremos repercusiones magnéticas, en virtud
perispiritu. Se trata de un fenómeno idéntico al que hace a un hombre que tuvo el brazo o la
pierna amputados sentir picazón en la palma de la mano que ya no existe, o en la planta del
pié, igualmente inexistente. Conocemos en cierto hospital a un pobre operario que tuvo
ambas piernas amputadas sintiéndolas tan vivamente consigo, así como los pies, que,
olvidando de que ya no los tenia, trató de levantarse, llevando, inmediatamente, una
estruendosa caída hiriendose. Esos fenómenos son fáciles de observar.
las imperfecciones y grado de responsabilidad general - tal será el perjuicio de la
situación, tal la intensidad de los padecimientos por experimentar, pues, en estos casos, no
serán apenas las consecuencias decepcionantes del suicidio las que le afligirán el alma, mas
también el pago por los actos pecaminosos anteriormente cometidos.
Periódicamente, una singular caravana visitaba ese antro de sombras.
Era como la inspección de alguna asociación caritativa, una asistencia protectora de
alguna institución humanitaria, cuyos abnegados fines no se podrían poner en duda.
Venia a buscar a aquellos entre nosotros cuyos fluidos vitales, aplacados por la
desintegración completa de la materia, permitiese su remoción a las camadas de lo Invisible
intermedio, o de transición.
Suponíamos que, la caravana, se compusiese de un grupo de hombres. Mas en
realidad eran Espíritus que extendían la fraternidad al extremo de materializarse lo suficiente
para hacerse percibir plenamente a nuestra precaria visión e infundirnos confianza en el
socorro que nos daban.
Vestidos de blanco, se presentaban caminando por las calles barrosas del Valle, en
columna de a uno rigurosamente disciplinada, mientras, mirándolos atentamente
distinguiríamos, a la altura del pecho de todos una pequeña cruz azul-celeste, lo que parecía
ser un emblema, un distintivo.
Señoras formaban parte de esa caravana. Precedía, la columna, un pequeño pelotón
de lanceros, como exploradores de caminos, mientras que otros milicianos de la misma
arma rodeaban a los visitadores, como tejiendo un cordón de aislamiento, lo que mostraba
que estos estaban muy bien guardados contra cualquier hostilidad que pudiese venir del
exterior. Con la diestra el oficial comandante erguía una blanquisima banderola, en la cual se
leía, en caracteres también azul-celeste, esta extraordinaria leyenda, que tenia el don de
infundir invencible y singular temor:
Documento extraído del libro Memorias de un suicida

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