jueves, 10 de mayo de 2012

UTILIDAD PROVIDENCIAL DE LA FORTUNA


 Si la riqueza fuese un obstáculo absoluto para la salvación
de los que la poseen, como pudiera inferirse de ciertas palabras de
Jesús interpretadas según la letra y no según el espíritu, Dios, que
la da, habría puesto en las manos de algunos un instrumento de
perdición sin recursos, idea que repugna a la razón. La riqueza es,
sin duda, una prueba muy difícil, más peligrosa que la miseria por
sus consecuencias, por las tentaciones que da y la fascinación que
ejerce; es el supremo excitante del orgullo, del egoísmo y de la
vida sensual; es el lazo más poderoso que une al hombre a la Tierra
y desvía sus pensamientos del cielo; produce tal vértigo, que se ve
muchas veces que el que pasa de la miseria a la fortuna olvida muy
pronto su primera posición, a los que la compartían y a los que le
han ayudado, y se vuelve insensible, egoísta y vano. Pero de que
haga el camino difícil, no se sigue que lo haga imposible, y que no
pueda convertirse en un medio de salvación en las manos de aquel
que sepa servirse de ella, así como ciertos venenos pueden
restablecer la salud, si se emplean a propósito y con discernimiento.
Cuando Jesús dijo al joven que le interrogó sobre los medios
de ganar la vida eterna: “Despójate de todos tus bienes y sígueme”,
no entendía establecer como principio absoluto que cada uno deba
deshacerse de lo que posee, y que la salvación sólo se alcanza a
este precio, sino mostrar que el apego a los bienes terrestres es un
obstáculo para la salvación. En efecto, este joven se creía en paz
porque había observado ciertos mandamientos, y sin embargo,
retrocede ante la idea de abandonar sus bienes; su deseo de obtener
la vida eterna no iba hasta ese sacrificio.
La proposición que le hizo Jesús era una prueba decisiva para
descubrir el fondo de su pensamiento; podía, sin duda, ser un perfecto
hombre honesto según el mundo, no hacer mal a nadie, no maldecir
a su prójimo, no ser vano ni orgulloso, honrar a su padre y a su
madre; pero no tenía la verdadera caridad, porque su virtud no iba
hasta la abnegación. Esto es lo que Jesús quiso demostrar; era una
aplicación del principio: Fuera de la caridad no hay salvación.
La consecuencia de estas palabras tomadas en su acepción
rigurosa, sería la abolición de la fortuna como nociva a la felicidad
futura y como origen de una multitud de males en la Tierra; sería,
además, la condenación del trabajo que puede obtenerla;
consecuencia absurda que conduciría al hombre a la vida salvaje,
y que por eso mismo, estaría en contradicción con la ley del
progreso, que es una ley de Dios.
Si la riqueza es el origen de muchos males, si excita tantas
malas pasiones y si provoca también tantos crímenes, no debe
culparse a la cosa, sino al hombre que abusa de ella, como abusa
de todos los dones de Dios; con el abuso hace pernicioso lo que
podría serle más útil; es la consecuencia del estado de inferioridad
del mundo terrestre. Si la riqueza no debiese producir sino el mal,
Dios no la habría puesto en la Tierra; corresponde al hombre extraer
de ella el bien. Si no es un instrumento directo del progreso moral,
es, sin contradicción, un poderoso elemento de progreso intelectual.
En efecto, el hombre tiene por misión trabajar para el
perfeccionamiento material del globo; debe desbravarlo, sanearlo y
disponerlo para que un día reciba toda la población que corresponde
a su extensión; para alimentar a esa población que crece sin cesar, es
preciso aumentar la producción; si la producción de una región es
insuficiente, es necesario ir a buscarla más lejos. Por eso mismo, las
relaciones de pueblo a pueblo se hacen necesarias, y para hacerlas
más fáciles es menester destruir los obstáculos materiales que las
separan y hacer las comunicaciones más rápidas. Para esos trabajos
que son obra de los siglos, el hombre a tenido que sacar los materiales
hasta de las entrañas de la tierra; buscó en la Ciencia los medios de
ejecutarlos con más seguridad y con más rapidez; pero para realizarlo
le fueron necesarios recursos. La necesidad le hizo crear la riqueza,
como le hizo descubrir la ciencia. La actividad indispensable para
estos mismos trabajos, aumenta y desarrolla su inteligencia; esa
inteligencia que él concentra primero en la satisfacción de las
necesidades materiales, le ayudará más tarde a comprender las

grandes verdades morales. Siendo la riqueza el primer medio de
ejecución, sin ella no habría grandes trabajos, no habría actividad,
no habría estímulo, ni pesquisas. Con razón, pues, está considerada
como un elemento del progreso.

capitulo XVI Item 7. Evangelio Según el Espiritismo.

1 comentario:

pENSAMENTO & eSPIRITUALIDADE dijo...

Excelente tema publicado aquí, que por supuesto es para iluminar a todos cuanto al verdadero empleo que debe darse a los bienes, que sólo son concedidos como usufructos por parte de Dios a aquel que debe hacer fructificar en bien. Como bien se explica este texto: la fortuna no impide el progreso espirutal de nadie, el error está en quiene lo usa mal. Felicitaciones por el tema de este post actual. Un gran abrazo a todos mis hermanos ne Cristi Jesús!!